26 Mayo 2003 Seguir en 
JERUSALEN.- El primer ministro israelí, Ariel Sharon, ganó la aprobación de su gabinete para un plan de paz respaldado por Estados Unidos, que postula la creación de un Estado palestino independiente para 2005. La votación se realizó luego de seis horas de turbulento debate. Sharon ganó la votación por 12-7 (hubo cuatro abstenciones), pese a la oposición de varios ministros de extrema derecha y de miembros de su partido, Likud. Quedó allanado así el camino para una posible cumbre israelí-palestina a la que asistiría el presidente de EE.UU., George W. Bush, quien ha estado presionando a Sharon para que acepte el más ambicioso plan de paz para Medio Oriente de los últimos dos años.
Sin embargo, en un voto separado de 16 a 1, el gabinete rechazó cualquier derecho de los palestinos refugiados a regresar a lo que es ahora el Estado judío. Esta decisión será vista como un obstáculo para el plan de paz. El primer ministro palestino, Mahmud Abbas, y su homólogo israelí comenzarán hoy mismo a discutir la puesta en marcha de la "hoja de ruta", forma en la que ha sido llamado el plan de paz elaborado por el "Cuarteto" (Estados Unidos. Naciones Unidas, Unión Europea y Rusia).
Los territorios
El plan de paz contempla el congelamiento de la expansión de los asentamientos judíos en tierras ocupadas por Israel en la guerra de los Seis Días (1967). "Llegó la hora de dividir este pedazo de tierra entre nosotros y los palestinos", dijo Sharon, pero no especificó la cantidad de territorio que devolverá Israel. "Debemos ser realistas sobre lo que podemos y lo que no podemos seguir manteniendo", dijo Sharon, un viejo defensor de los asentamientos judíos en Cisjordania y en la Franja de Gaza.
El recluido
Los palestinos, que iniciaron un levantamiento hace 32 meses en busca de un Estado independiente, aceptaron desde un principio la "hoja de ruta". El plan también insta a los militantes extremistas a desarmarse y a entregarse a la Autoridad Nacional Palestina (ANP). El presidente de la ANP, Yasser Arafat, instó a los activistas palestinos a dejar de matar a civiles israelíes. "Es cierto que los israelíes matan a civiles palestinos, pero es un error ser como ellos", afirmó. Arafat, recluido en la ciudad cisjordana de Ramallah por decisión de Sharon tras los últimos atentados palestinos, rechazó que vaya a abandonar su cargo. "Moriré como un mártir", dijo. (Reuter)
ANALISIS
Un largo camino
Por C. Fruest y S. Lemel
JERUSALEN.- Un gabinete claramente orientado hacia la derecha, como es el de Ariel Sharon, se convirtió ayer en el primero que acepta formalmente la posibilidad de que los palestinos tengan un Estado propio. Con la aprobación de la "hoja de ruta" quedaron establecidas -al menos sobre el papel- las condiciones para implementar un plan de paz que se propone solucionar el sangriento conflicto de Cercano Oriente en un plazo de tres años. Sin embargo, desde mucho antes de la votación se escuchan voces que alertan sobre una infinidad de trampas en el camino que podrían frustrar la nueva iniciativa que, bajo una tremenda presión de Estados Unidos, han aceptado tanto palestinos como israelíes. El periódico israelí "Yediot Ahronot" habló incluso de un "dictado" de Washington.
La primera prueba para la "hoja de ruta" está cerca. El próximo paso es el reconocimiento mutuo de las partes en conflicto, indispensable para iniciar conversaciones. Para los palestinos, esto significa ratificar el derecho del Estado de Israel a existir, y lo mismo sucede con los israelíes. En este punto pueden aflorar graves diferencias. La derecha israelí exige que el primer ministro palestino, Mahmud Abbas, reconozca también el "carácter judío" del Estado de Israel, lo que implicaría la renuncia al derecho de regreso de millones de refugiados palestinos.Para Abbas, el momento clave está muy cerca. El cronograma lo obliga a luchar contra el terrorismo de los extremistas palestinos. Tras dos años de Intifada (rebelión palestina), el gobierno de Sharon contempla esta opción con mucho escepticismo. Un cese "voluntario" de hostilidades, como el que Abbas quiere alcanzar con la organización Hamas, no es lo que el gobierno israelí imagina como una "decidida lucha contra el terrorismo". La aplicación de la "hoja de ruta" sólo es posible si de ambos lados cesa la violencia.
Márgenes desiguales
Mientras Abbas se halla aún envuelto en una encarnizada lucha intestina de poder con el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Yasser Arafat, su interlocutor en el proceso de paz, Sharon, goza de una posición evidentemente más cómoda. Si sus socios derechistas en el gobierno deciden que las concesiones a los palestinos van demasiado lejos, puede recurrir a la oposición laborista y a la izquierda israelí, que ya prometieron su apoyo en caso de emergencia. Pero nadie sabe realmente si Sharon está plenamente convencido sobre la posibilidad de una solución política al conflicto. Sus movimientos parecen parte de un compleja táctica para soportar la presión estadounidense en favor de un entendimiento. Los observadores dudan tanto de las intenciones de Sharon como de la capacidad efectiva de Abbas para ganar el apoyo de la mayoría palestina para negociar la paz. "El día es aún joven, y el juego apenas comenzó. La pelota de ping-pong irá de aquí para allá por un buen rato, y correrá sangre", advirtió el diario israelí "Maariv". (DPA)
Sin embargo, en un voto separado de 16 a 1, el gabinete rechazó cualquier derecho de los palestinos refugiados a regresar a lo que es ahora el Estado judío. Esta decisión será vista como un obstáculo para el plan de paz. El primer ministro palestino, Mahmud Abbas, y su homólogo israelí comenzarán hoy mismo a discutir la puesta en marcha de la "hoja de ruta", forma en la que ha sido llamado el plan de paz elaborado por el "Cuarteto" (Estados Unidos. Naciones Unidas, Unión Europea y Rusia).
Los territorios
El plan de paz contempla el congelamiento de la expansión de los asentamientos judíos en tierras ocupadas por Israel en la guerra de los Seis Días (1967). "Llegó la hora de dividir este pedazo de tierra entre nosotros y los palestinos", dijo Sharon, pero no especificó la cantidad de territorio que devolverá Israel. "Debemos ser realistas sobre lo que podemos y lo que no podemos seguir manteniendo", dijo Sharon, un viejo defensor de los asentamientos judíos en Cisjordania y en la Franja de Gaza.
El recluido
Los palestinos, que iniciaron un levantamiento hace 32 meses en busca de un Estado independiente, aceptaron desde un principio la "hoja de ruta". El plan también insta a los militantes extremistas a desarmarse y a entregarse a la Autoridad Nacional Palestina (ANP). El presidente de la ANP, Yasser Arafat, instó a los activistas palestinos a dejar de matar a civiles israelíes. "Es cierto que los israelíes matan a civiles palestinos, pero es un error ser como ellos", afirmó. Arafat, recluido en la ciudad cisjordana de Ramallah por decisión de Sharon tras los últimos atentados palestinos, rechazó que vaya a abandonar su cargo. "Moriré como un mártir", dijo. (Reuter)
ANALISIS
Un largo camino
Por C. Fruest y S. Lemel
JERUSALEN.- Un gabinete claramente orientado hacia la derecha, como es el de Ariel Sharon, se convirtió ayer en el primero que acepta formalmente la posibilidad de que los palestinos tengan un Estado propio. Con la aprobación de la "hoja de ruta" quedaron establecidas -al menos sobre el papel- las condiciones para implementar un plan de paz que se propone solucionar el sangriento conflicto de Cercano Oriente en un plazo de tres años. Sin embargo, desde mucho antes de la votación se escuchan voces que alertan sobre una infinidad de trampas en el camino que podrían frustrar la nueva iniciativa que, bajo una tremenda presión de Estados Unidos, han aceptado tanto palestinos como israelíes. El periódico israelí "Yediot Ahronot" habló incluso de un "dictado" de Washington.
La primera prueba para la "hoja de ruta" está cerca. El próximo paso es el reconocimiento mutuo de las partes en conflicto, indispensable para iniciar conversaciones. Para los palestinos, esto significa ratificar el derecho del Estado de Israel a existir, y lo mismo sucede con los israelíes. En este punto pueden aflorar graves diferencias. La derecha israelí exige que el primer ministro palestino, Mahmud Abbas, reconozca también el "carácter judío" del Estado de Israel, lo que implicaría la renuncia al derecho de regreso de millones de refugiados palestinos.Para Abbas, el momento clave está muy cerca. El cronograma lo obliga a luchar contra el terrorismo de los extremistas palestinos. Tras dos años de Intifada (rebelión palestina), el gobierno de Sharon contempla esta opción con mucho escepticismo. Un cese "voluntario" de hostilidades, como el que Abbas quiere alcanzar con la organización Hamas, no es lo que el gobierno israelí imagina como una "decidida lucha contra el terrorismo". La aplicación de la "hoja de ruta" sólo es posible si de ambos lados cesa la violencia.
Márgenes desiguales
Mientras Abbas se halla aún envuelto en una encarnizada lucha intestina de poder con el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Yasser Arafat, su interlocutor en el proceso de paz, Sharon, goza de una posición evidentemente más cómoda. Si sus socios derechistas en el gobierno deciden que las concesiones a los palestinos van demasiado lejos, puede recurrir a la oposición laborista y a la izquierda israelí, que ya prometieron su apoyo en caso de emergencia. Pero nadie sabe realmente si Sharon está plenamente convencido sobre la posibilidad de una solución política al conflicto. Sus movimientos parecen parte de un compleja táctica para soportar la presión estadounidense en favor de un entendimiento. Los observadores dudan tanto de las intenciones de Sharon como de la capacidad efectiva de Abbas para ganar el apoyo de la mayoría palestina para negociar la paz. "El día es aún joven, y el juego apenas comenzó. La pelota de ping-pong irá de aquí para allá por un buen rato, y correrá sangre", advirtió el diario israelí "Maariv". (DPA)







