24 Noviembre 2010 Seguir en 
Por Emilio J. Cardenas - ex embajador de la Argentina en la ONU
Esta vez el escenario de la violencia fue la pequeña isla de Yeonpyeong. Pero el incidente pudo bien haber ocurrido en cualquier parte de la disputada frontera que separa a las dos Coreas. La artillería de la impredecible Corea del Norte, sin aviso previo, disparó una docena de obuses contra la población de la isla que está compuesta por una pequeña base de infantes de marina y un puñado de pescadores. Dos soldados surcoreanos murieron y otros quince resultaron heridos, así como tres civiles también, alcanzados todos por los impactos.
Centenares de isleños cuyas casas quedaron en llamas abandonaron sus residencias, aterrados por lo sucedido y buscaron refugio en el continente.
Este es el segundo incidente de esta gravedad en la zona. En marzo pasado allí se hundió, con un disparo de torpedo por el que Corea del Norte negó responsabilidad, el buque militar "Cheonan", de la Armada de Corea del Sur. En este episodio de violencia, cuarenta y seis marineros surcoreanos perdieron la vida. Ante lo sucedido se encendieron naturalmente todas las alarmas en Corea del Sur. Pero los cazas, en alerta, no llegaron a despegar. El Presidente Lee Myung-bak convocó a su gabinete de seguridad en una sala subterránea bajo la residencia presidencial (la Casa Azul) para analizar la situación. Y ordenó responder al fuego de artillería norcoreano con fuego proporcional. Se cruzaron así ciento setenta y cinco disparos. Corea del Norte, tratando de justificar su ataque, acusó a Corea del Sur de haber comenzado el incidente, por haber realizado disparos previos en la zona.
Lo sucedido conmovió rápidamente al mundo, conciente de la peligrosidad de Corea del Norte. Tanto China, como Japón, Rusia, Gran Bretaña y los Estados Unidos hicieron inmediatos llamados a la cordura. Después de todo, el "estado ermitaño" (como se suele llamar a la aislada Corea del Norte) acaba de mostrar (no por casualidad) a un científico norteamericano (Siegfried S. Hecker, de la Universidad de Stanford, que, invitado, visitaba al país) una nueva y ultra-moderna planta de procesamiento -por centrifugado- de uranio, con fines obviamente militares. Además está comenzando un gigantesco ejercicio militar anual, en Corea del Sur, con un despliegue de 70.000 hombres, denominado: "Salvaguardando la Nación", que había sido anunciado con toda anticipación.
Hay, no obstante, quienes tienen una interpretación diferente. Creen que el ataque es una señal de la frustración norcoreana. Porque la comunidad internacional la ignora. Una suerte de presión deliberada ante la necesidad que el país vecino y la comunidad internacional ayuden a paliar el hambre de la población del norte que estaría -una vez más- en situación crítica. Un llamado de atención, entonces. A la manera de los niños. O de los enfermos mentales.
Peligrosísimo, aunque no haya continuado una vez que fuera perpetrado puntualmente. De pronto la península de Corea se llenó de una frágil imprevisibilidad y esto es intranquilizante. Y así lo reflejaron instantáneamente hasta los distintos mercados.
Esta vez el escenario de la violencia fue la pequeña isla de Yeonpyeong. Pero el incidente pudo bien haber ocurrido en cualquier parte de la disputada frontera que separa a las dos Coreas. La artillería de la impredecible Corea del Norte, sin aviso previo, disparó una docena de obuses contra la población de la isla que está compuesta por una pequeña base de infantes de marina y un puñado de pescadores. Dos soldados surcoreanos murieron y otros quince resultaron heridos, así como tres civiles también, alcanzados todos por los impactos.
Centenares de isleños cuyas casas quedaron en llamas abandonaron sus residencias, aterrados por lo sucedido y buscaron refugio en el continente.
Este es el segundo incidente de esta gravedad en la zona. En marzo pasado allí se hundió, con un disparo de torpedo por el que Corea del Norte negó responsabilidad, el buque militar "Cheonan", de la Armada de Corea del Sur. En este episodio de violencia, cuarenta y seis marineros surcoreanos perdieron la vida. Ante lo sucedido se encendieron naturalmente todas las alarmas en Corea del Sur. Pero los cazas, en alerta, no llegaron a despegar. El Presidente Lee Myung-bak convocó a su gabinete de seguridad en una sala subterránea bajo la residencia presidencial (la Casa Azul) para analizar la situación. Y ordenó responder al fuego de artillería norcoreano con fuego proporcional. Se cruzaron así ciento setenta y cinco disparos. Corea del Norte, tratando de justificar su ataque, acusó a Corea del Sur de haber comenzado el incidente, por haber realizado disparos previos en la zona.
Lo sucedido conmovió rápidamente al mundo, conciente de la peligrosidad de Corea del Norte. Tanto China, como Japón, Rusia, Gran Bretaña y los Estados Unidos hicieron inmediatos llamados a la cordura. Después de todo, el "estado ermitaño" (como se suele llamar a la aislada Corea del Norte) acaba de mostrar (no por casualidad) a un científico norteamericano (Siegfried S. Hecker, de la Universidad de Stanford, que, invitado, visitaba al país) una nueva y ultra-moderna planta de procesamiento -por centrifugado- de uranio, con fines obviamente militares. Además está comenzando un gigantesco ejercicio militar anual, en Corea del Sur, con un despliegue de 70.000 hombres, denominado: "Salvaguardando la Nación", que había sido anunciado con toda anticipación.
Hay, no obstante, quienes tienen una interpretación diferente. Creen que el ataque es una señal de la frustración norcoreana. Porque la comunidad internacional la ignora. Una suerte de presión deliberada ante la necesidad que el país vecino y la comunidad internacional ayuden a paliar el hambre de la población del norte que estaría -una vez más- en situación crítica. Un llamado de atención, entonces. A la manera de los niños. O de los enfermos mentales.
Peligrosísimo, aunque no haya continuado una vez que fuera perpetrado puntualmente. De pronto la península de Corea se llenó de una frágil imprevisibilidad y esto es intranquilizante. Y así lo reflejaron instantáneamente hasta los distintos mercados.






