Milan Kundera, autor de "La insoportable levedad del ser", decía que la vida era "eso" que ocurría mientras uno estaba en otra parte. El sarcasmo tiene un paralelismo en Tucumán. Esta provincia es el resultado del desgobierno que la devastaba mientras su dirigencia estaba en otro lado. Haciendo lo que no debían.
Ahora, cuando la campaña ha tomado ritmo, los nuevos dirigentes y los viejos políticos han salido a recorrer la provincia, con una especie de tardía conciencia de que el mundo no se acaba en el pavimento. Por estos días, un tucumano mayor de edad, antes que un ciudadano es un voto. En este Estado, un hombre puede perder todos sus derechos, pero jamás se verá aliviado de un deber. Y de las incursiones al otro lado del asfalto, la dirigencia ha vuelto escandalizada de sólo contemplar lo que conforma, desde hace años, el día a día de sus comprovincianos.
Los republicanos se enteraron de que en el barrio Puerto Argentino hay punteros que les cobran a sus vecinos $ 1 por el bolsón que el oficialismo mandó a regalar. Ya ni la dádiva es lo que era antes. Los novatos y los experimentados dirigentes del Frente Unión por Tucumán se enteraron, caminando por los barrios El Sifón, El Chivero y La Bombilla, de que la tristemente famosa Barbarita, está nuevamente desnutrida, hoy de segundo grado, mientras su hermano debió ser internado en el Hospital de Niños, y que ellos son sólo los más conocidos de miles de niños acunados por el hambre. Los peronistas que salieron por primera vez, y los que volvieron después de cuatro años, maldijeron haberse encontrado por todo el interior con criaturas que duermen en el piso. Si tener colchón es un lujo, el colectivo del progreso paraba en la otra cuadra.
Obtusos deseos
Para estos tucumanos, los "otros" (los verdaderos si se considera que el 70% de la población no gana para pagar la canasta familiar), la sentencia de Kundera se lee invirtiendo los factores. La vida, para ellos, es eso que está en otra parte mientras ellos se quedan allí. Irremediablemente allí.
Las respuestas políticas a esta realidad son tanto o más pasmosas. En FR, la segunda plana estuvo ocupada en decidir en qué municipios y en qué comunas iba a inmiscuirse para influir en la interna peronista.
En el jerecismo, la primera línea sólo se dedicó a hacer el más obtuso de los reclamos, como fue el de ir a una interna abierta, con menos de una semana para prepararla. La Justicia, tan cuestionada desde este sector, les hizo el favor de decirles que no. Si Rubén Chebaia, el único postulante a intendente de la capital inscripto, hubiera ido a las urnas con Julio Díaz Lozano, el verdadero rival a vencer para ambos, aun cuando se trata de una elección primaria, hubiera sido el Frente Fundacional.
Cualquiera de estos legisladores hubiera tenido como verdadera meta no sólo sacar más votos que su oponente interno, sino que el frente obtuviera más sufragios que el oficialismo provincial. De lo contrario, hubiera sido una victoria a lo Pirro. Con Antonio Bussi aguardando el 29 de junio, ganar una interna sacando en la capital menos votos que el PJ hubiera sido nacer políticamente muerto.
Por supuesto, en el Gobierno, las reacciones frente al desolador presente estuvieron tan divorciadas de la realidad como de costumbre. Y provinieron nada menos que desde el sector que debía dar soluciones. Con el decreto 2.420/420, del 15 de noviembre del año pasado, ya había hecho 327 designaciones en la Secretaría de Desarrollo Humano. Parece que no bastó, así que el 18 de marzo pasado, con el decreto 565/420, esa misma área, que tiene 11 asesores con categoría 29, hizo 189 designaciones más. Frente a esto, referir a los gastos de campaña que el oficialismo realizó, sólo en las internas que pasaron, rayaría lo morboso.
Pasó otro 25 de mayo y Tucumán demostró que está más cerca de 1810 que del ideario de la Revolución.







