26 Mayo 2003 Seguir en 
En la tarde de ayer, el doctor Néstor Kirchner ha asumido la presidencia de la República. Si siempre un acto de esta trascendencia está cargado de interrogaciones y expectativas, acaso nunca ellas han tenido el grado de intensidad que portan hoy, dada la crisis que en todos los órdenes envuelve a la Argentina que habitamos. En el mensaje que pronunció después de jurar su cargo, el nuevo jefe de Estado no hizo anuncios conmocionantes, sino que formuló metas sensatas y realistas, que sería difícil dejar de compartir. En ese sentido, irradió hacia la ciudadanía una impresión positiva.Insistió en que un gobierno no se distingue por los discursos de los funcionarios sino por las acciones de sus equipos. Afirmó la necesidad de reconciliar a la sociedad con la política, la economía, las instituciones y los gobiernos. No puede entenderse a la política como la mera obtención de resultados electorales, ni al gobierno como la mera administración de las decisiones de grupos de poder.
En lo económico, proclamó la necesidad de cuidar el equilibrio fiscal y el gasto público controlado y eficiente, así como una recaudación sustancialmente mejorada. Rechazó de plano los recursos tanto del endeudamiento para cubrir gastos como de la emisión monetaria, creadora de inflación. Expresó que optará por un avance cuidadoso y progresivo, que instale las condiciones para producir más y para distribuir mejor lo que se produce.
Afirmó que negociará con racionalidad la deuda externa, que buscará la reducción de montos e intereses y la ampliación de los plazos y de los vencimientos de los bonos argentinos. La Nación pagará sus obligaciones, porque creciendo su economía crecerá su capacidad de pago, pero no lo hará a costa de la degradación social. Una relación seria y madura con Estados Unidos y con las naciones de la Unión Europea es su propósito.
Reclamó para el Estado un rol de agente activo en la dinamización de la economía, a través de la terminación de las obras inconclusas, la generación de empleo genuino y la inversión en trabajos públicos; lo que -subrayó- no constituye en absoluto un gasto improductivo, como lo demostró Estados Unidos al capear de ese modo la crisis del 30. Anunció que gestionará una nueva ley de coparticipación federal para las provincias.
En materia de educación, se declaró preocupado por la calidad de la enseñanza y por los dudosos resultados de la federalización educativa. Anticipó que el Estado nacional recuperará su rol de garante de la igualdad educativa en todo el país. En la problemática de la salud, dijo que el Estado ha de asumir un rol articulador de la salud pública, y que sumará esfuerzos de subsectores públicos y privados para hacer accesible a todos las prestaciones médicas y a los medicamentos.
Combatir la impunidad en el delito y afirmar el monopolio de la fuerza por parte del Estado fue otro de los propósitos anunciados. Lo hará en el estricto marco de la ley, pero advirtió que esa acción no puede descargarse sólo en la Policía, sino que requiere también la participación de la sociedad. En el tramo final del mensaje, sintetizó como ideales el logro de una Argentina unida y una Argentina moral. Un país que sea serio y que, a la vez, se muestre más justo que el actual.
Sin duda, no será sencillo para el Presidente cristalizar todos los propósitos que ha enunciado. Pero, repetimos, dejó en la ciudadanía la sensación de que afronta su ardua tarea con objetivos equilibrados y sin promesas cargadas de utopía y, por lo tanto, proclives fatalmente al fracaso. Las palabras del doctor Kirchner sonaron como pautas razonables para enmarcar ese cambio que la Argentina necesita. Cabe esperar que su gestión marque una etapa más venturosa, para bien del país y de todos los argentinos.
En lo económico, proclamó la necesidad de cuidar el equilibrio fiscal y el gasto público controlado y eficiente, así como una recaudación sustancialmente mejorada. Rechazó de plano los recursos tanto del endeudamiento para cubrir gastos como de la emisión monetaria, creadora de inflación. Expresó que optará por un avance cuidadoso y progresivo, que instale las condiciones para producir más y para distribuir mejor lo que se produce.
Afirmó que negociará con racionalidad la deuda externa, que buscará la reducción de montos e intereses y la ampliación de los plazos y de los vencimientos de los bonos argentinos. La Nación pagará sus obligaciones, porque creciendo su economía crecerá su capacidad de pago, pero no lo hará a costa de la degradación social. Una relación seria y madura con Estados Unidos y con las naciones de la Unión Europea es su propósito.
Reclamó para el Estado un rol de agente activo en la dinamización de la economía, a través de la terminación de las obras inconclusas, la generación de empleo genuino y la inversión en trabajos públicos; lo que -subrayó- no constituye en absoluto un gasto improductivo, como lo demostró Estados Unidos al capear de ese modo la crisis del 30. Anunció que gestionará una nueva ley de coparticipación federal para las provincias.
En materia de educación, se declaró preocupado por la calidad de la enseñanza y por los dudosos resultados de la federalización educativa. Anticipó que el Estado nacional recuperará su rol de garante de la igualdad educativa en todo el país. En la problemática de la salud, dijo que el Estado ha de asumir un rol articulador de la salud pública, y que sumará esfuerzos de subsectores públicos y privados para hacer accesible a todos las prestaciones médicas y a los medicamentos.
Combatir la impunidad en el delito y afirmar el monopolio de la fuerza por parte del Estado fue otro de los propósitos anunciados. Lo hará en el estricto marco de la ley, pero advirtió que esa acción no puede descargarse sólo en la Policía, sino que requiere también la participación de la sociedad. En el tramo final del mensaje, sintetizó como ideales el logro de una Argentina unida y una Argentina moral. Un país que sea serio y que, a la vez, se muestre más justo que el actual.
Sin duda, no será sencillo para el Presidente cristalizar todos los propósitos que ha enunciado. Pero, repetimos, dejó en la ciudadanía la sensación de que afronta su ardua tarea con objetivos equilibrados y sin promesas cargadas de utopía y, por lo tanto, proclives fatalmente al fracaso. Las palabras del doctor Kirchner sonaron como pautas razonables para enmarcar ese cambio que la Argentina necesita. Cabe esperar que su gestión marque una etapa más venturosa, para bien del país y de todos los argentinos.







