El tablero kirchnerista

El relevo de Duhalde por parte del santacruceño gravitará en la suerte de los candidatos a gobernador.

25 Mayo 2003
Por Carlos Abrehu

Se vota en Tucumán, pero en Buenos Aires se decide la viabilidad de las provincias. Es la negación del federalismo instituido por la tradición constitucional argentina desde 1853, pero ese hecho reproduce fielmente el manejo centralizado de las políticas económicas en épocas de crisis.
La eliminación de los Bonos de Cancelación de Deuda (Bocade) es uno de los reclamos del Fondo Monetario Internacional (FMI), que se consumará en dos etapas. La primera se agotó con la presidencia de Eduardo Duhalde. Este, en uno de los últimos actos de su administración, firmó el decreto de incorporación de Tucumán al plan de rescate de monedas.
La segunda fase del programa se desplegará bajo el mandato de Néstor Kirchner. Con este, Julio Miranda aseguró ayer la financiación clave de $ 25 millones para atender la operatoria FET a 35 días, en una charla que tuvo lugar en la Casa de Santa Cruz.
El retiro de los Bocade es una operación política de ordenamiento financiero con proyección electoral que debe ejecutarse sin turbulencias porque los barquinazos sacudirán a Miranda, pero afectarán en mayor medida al candidato oficialista José Alperovich. Su chance se resentirá en proporciones imprevisibles si trastabilla la operatoria.
Así se explica, entonces, que el senador que dejó la UCR, siga empeñosamente cada paso que se da en esas tramitaciones por lo más alto del poder.
La aproximación al nuevo gobierno se prepara febrilmente para garantizar la gobernabilidad futura. Los planes de obras públicas impulsan los contactos con Julio de Vido, el jefe del novísimo Ministerio de Planificación Federal, Infraestructura y Servicios, mientras se conservan los nexos con el duhaldismo. El presidente saliente es alguien poderoso en el peronismo.
La misión que explora en el mundo kirchnerista, espera cosechar réditos de la temprana toma de posición de Miranda en favor del ex gobernador patagónico, cuando este aún no se había afianzado en el mapa político. El santacruceño necesita buscar contrapesos en la liga de gobernadores del peronismo.

La danza de los destinos
La llegada de Kirchner a la Casa Rosada desató un sinnúmero de suposiciones acerca de quiénes integrarían las listas de candidatos a congresistas nacionales por el PJ.
Se descuenta que Julio Miranda será el que encabece la nómina oficialista para el Senado, pero ante las indecisiones bien puede intentar abrirse camino el vicegobernador Sisto Terán.
La elección del 29 de junio develará el piso político desde el cual Miranda podría proyectarse para octubre de 2003.
Malvina Seguí cree que no peligra su reelección en la segunda plaza senatorial. Ella se ufana de mantener buenas relaciones con la influyente Cristina Fernández de Kirchner, su par en el Senado, tras haber superado algunos períodos de turbulencia política y distanciamientos.
Sus íntimos no ocultaban la satisfacción que les produjo ver que una revista de actualidad política nacional ubicaba a la tucumana entre los "amores de Cristina". La promoción de la diputada kirchnerista Stella Maris Córdoba al Senado sería "sólo una versión de tinte local", pregonan en esos círculos políticos.
El ex ministro Antonio Guerrero es otro de los nombres que circulan entre los postulantes a encabezar la nómina de diputados nacionales. La cercanía con el sucesor de Duhalde desde el verano pasado le abriría el atajo para plasmar en realidad la vuelta a la Cámara. Favor político se paga de la misma manera.
Subyace en estos razonamientos la convicción de que el nuevo jefe de Estado debe disponer de bloques leales en el Congreso, para no depender excesivamente de las presiones del duhaldismo.
Los rumores están revelando que está cada vez más cerca la lucha por los espacios de diputados y senadores.

El impacto del cambio
La sorpresa se apoderó de algunos hombres del oficialismo cuando se anoticiaron de que el ex fiscal Esteban Jerez había penetrado en barrios periféricos de la capital que el PJ considera como propios. En ellos pidió que se castigue con el voto a los candidatos del mirandismo por su responsabilidad en los manejos de los planes sociales que causaron la muerte de 21 chicos, al menos.
Los políticos descontentos rezongaban porque ven a Alperovich demasiado pegado a la tarea de cogobierno en Buenos Aires.
En realidad, el candidato a gobernador por Unión de Tucumán salió maltrecho de la crisis en que se sumergió, al haberse enzarzado en la disputa de los partidos asociados por las candidaturas en los diferentes niveles.
Probablemente entendió que si persistía en su actitud principista de no liderar a la coalición multipartidaria iba a imitar el ejemplo de Carlos "Chacho" Alvarez.
Tal vez tuvo en cuenta que el ex vicepresidente, en los primeros tiempos, cosechó cálidas adhesiones por haberse alejado del combate político, pero después cayó enormemente en la estimación social.
La ingenuidad y la inexperiencia llevaron al ex fiscal a plantear una disyuntiva entre el radical Rubén Chebaia y el peronista Julio Díaz Lozano.
Al final, Jerez concilió con la realidad y despegó de los enredos participando de actos diversos en esta ciudad con Chebaia y gente de sublemas de distintos partidos, y en el interior.
Osvaldo Cirnigliaro descartó todo arreglo con otras fracciones del peronismo porque aspira a erigirse en referencia de ese partido frente a un hipotético gobernador de origen radical.
Alperovich y Jerez están en la mira del candidato por el Frente Anticorrupción. Espera rebanarles a ambos porciones de sufragios.
Fuerza Republicana se atrinchera en la marca Bussi. Desde esa posición pretende erigirse en la alternativa al mirandismo. Los bussistas enfrentan inesperadamente acusaciones judiciales en contra de su máximo jefe, antes de la oficialización de las candidaturas para el 29 de junio. En manos de la Justicia está la resolución del destino del ex gobernador. Los antecedentes de su exclusión por la Cámara de Diputados, por inhabilidad moral, repercuten en Tucumán.
Más allá de los proyectos que se desarrollan en las distintas parcelas del quehacer político, es innegable que la oleada kirchnerista puede gravitar en el desenlace del proceso electoral. El nuevo presidente procurará hacerse de aliados en los diferentes distritos que renuevan mandatarios. La neutralización de esa ola preocupa a quienes no son oficialistas.

Tamaño texto
Comentarios