24 Mayo 2003 Seguir en 
ARGELIA.- Al menos 1.600 personas murieron y otras 7.207 resultaron heridas por el terremoto registrado el miércoles en Argel. Cientos de personas están desaparecidas. En su mayoría, las víctimas son habitantes de miles de casas edificadas en los últimos años, que se vinieron abajo porque estaban mal construídas. Los edificios se construyeron en los alrededores de Argel con un presupuesto de centenares de millones de dinares, que valen 0,08 dólares y se vinieron abajo como castillos de naipes tras el terremoto, lo que reveló la corrupción y la falta de apego a las normas de construcción en zonas sísmicas.
Las construcciones se hicieron frente al mar y pretendían convertirse en puntos turísticos, cuando el frenesí de la construcción se apoderó de los habitantes e hizo que se multiplicaran viviendas impregnadas de mal gusto que causaron un terrible caos urbanístico. "Este negocio hizo nacer una nueva clase de empresarios sin medios y sin conocimientos, cuya única preocupación era estafar a los nuevos ricos que hicieron fortuna con el contrabando", explicó el ingeniero Salim Audia. Albañiles sin entrenamiento y materiales muy precarios se confabularon para que estos comerciantes "se beneficiaran de la anarquía de la salvaje liberalización del comercio exterior", sostuvo. Por fortuna, muchas de estas viviendas no estaban todavía habitadas, lo cual limitó las pérdidas humanas.
La mayoría de las casas nuevas se levantó en zonas donde no puede construirse nada. Además, la concentración de viviendas era tal, que incluso los vehículos tienen problemas para pasar; esto complicó la labor de los equipos de rescate. Todo esto es consecuencia de una corrupción enorme: los terrenos fueron atribuidos con nombres falsos a empresarios que los revendían a precios muy elevados a personas que, tal vez, ni siquiera tenían licencia para construir. La magnitud del sismo alcanzó 6,2 en la escala de Richter. (Télam/SNI)
Las construcciones se hicieron frente al mar y pretendían convertirse en puntos turísticos, cuando el frenesí de la construcción se apoderó de los habitantes e hizo que se multiplicaran viviendas impregnadas de mal gusto que causaron un terrible caos urbanístico. "Este negocio hizo nacer una nueva clase de empresarios sin medios y sin conocimientos, cuya única preocupación era estafar a los nuevos ricos que hicieron fortuna con el contrabando", explicó el ingeniero Salim Audia. Albañiles sin entrenamiento y materiales muy precarios se confabularon para que estos comerciantes "se beneficiaran de la anarquía de la salvaje liberalización del comercio exterior", sostuvo. Por fortuna, muchas de estas viviendas no estaban todavía habitadas, lo cual limitó las pérdidas humanas.
La mayoría de las casas nuevas se levantó en zonas donde no puede construirse nada. Además, la concentración de viviendas era tal, que incluso los vehículos tienen problemas para pasar; esto complicó la labor de los equipos de rescate. Todo esto es consecuencia de una corrupción enorme: los terrenos fueron atribuidos con nombres falsos a empresarios que los revendían a precios muy elevados a personas que, tal vez, ni siquiera tenían licencia para construir. La magnitud del sismo alcanzó 6,2 en la escala de Richter. (Télam/SNI)
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