19 Octubre 2010 Seguir en 
BRASILIA.- Los dos candidatos a la Presidencia de Brasil, la oficialista Dilma Rousseff y el opositor José Serra, entraron en la recta final de sus campaña sin haber conseguido el apoyo del Partido Verde, tercero en la primera vuelta, y bajo un fuego cruzado de acusaciones de corrupción.
La ex candidata ambientalista Marina Silva anunció el domingo que el Partido Verde no apoyará ni a Rousseff ni a Serra, dejando libres a los casi 20 millones de brasileños que la votaron en la primera vuelta, y que pueden ser decisivos en este balotaje.
Rousseff y Serra mostraron sus nuevas armas para conquistar los votos en un debate televisado. Salieron de los temas polémicos, como el aborto y Dios, y entraron en el de la corrupción con ataques "selectivos". Rousseff afirma que Serra privatizará las empresas públicas y el opositor intenta mostrar que ella no tiene el peso de Lula.
Un desgastante fuego cruzado de denuncias de corrupción -contra el gobierno Lula, del que Rousseff fue la ministra jefa de Gabinete hasta marzo, y contra la gobernación de San Pablo que Serra dirigía- ocupó la atención de la prensa y de las campañas.
La protegida de Lula comenzó a perder votos tras las denuncias de tráfico de influencias, pero está recuperando terreno luego de negar que impulsará la despenalización del aborto y no apoyará el matrimonio homosexual. (AFP)
La ex candidata ambientalista Marina Silva anunció el domingo que el Partido Verde no apoyará ni a Rousseff ni a Serra, dejando libres a los casi 20 millones de brasileños que la votaron en la primera vuelta, y que pueden ser decisivos en este balotaje.
Rousseff y Serra mostraron sus nuevas armas para conquistar los votos en un debate televisado. Salieron de los temas polémicos, como el aborto y Dios, y entraron en el de la corrupción con ataques "selectivos". Rousseff afirma que Serra privatizará las empresas públicas y el opositor intenta mostrar que ella no tiene el peso de Lula.
Un desgastante fuego cruzado de denuncias de corrupción -contra el gobierno Lula, del que Rousseff fue la ministra jefa de Gabinete hasta marzo, y contra la gobernación de San Pablo que Serra dirigía- ocupó la atención de la prensa y de las campañas.
La protegida de Lula comenzó a perder votos tras las denuncias de tráfico de influencias, pero está recuperando terreno luego de negar que impulsará la despenalización del aborto y no apoyará el matrimonio homosexual. (AFP)


