Si "El Monito" no hubiera bajado la pelota de cabeza y Vega definido como lo hizo, hubiese sido bastante complicado encontrar un argumento para explicar por qué perdió San Martín. Pero no lo hizo, zafó de la condena cuando debió haber sido todo lo contrario. De hecho, el partido fue suyo de principio a fin.
No cabían dudas, el "santo" era merecedor del Edén, de una paz que le es esquiva desde hace seis semanas, de los tres puntos. Pero no pega una. Y eso que generó seis chances claritas para romperle la red al buen arquero Cristian Mazón. El reproche que le cabe a San Martín es no haber embocado un bochazo antes del inoportuno e inesperado 1-0 de Alejandro Meloño, justo cuando el cuarto de hora final era un sinfonía albirroja. Así había sido todo el partido. Así es el fútbol.
Boca Unidos no había pasado la mitad del campo con el balón dominado. Oviedo, por derecha, y Saavedra, por izquierda, eran amos y señores de esos parajes con un ida y vuelta constante. Nadie les sacó la chapa patente. Menos a Casado, al 10, al hombre de la noche, quien movió y repartió la caprichosa como un mago que hace trampa con la baraja. Casado se equivocó muy poco; dividió las aguas a voluntad e incluso ensayó pases geniales a la carrera.
Fernández recibió varias asistencias, pero no supo capitalizarlas. Una vez se enredó en los guantes pegajosos de Mazón y otra, increíblemente, superó la línea de cal cuando buscó mucho ángulo dentro de la zona de gatillo. El joven delantero trabajó a destejo, ese es su mérito.
Vega, en cambio, navegó en soledad durante varios pasajes del cuento. Es más, padeció un par de fueras de juego en momentos clave. La noche de "Trapito" era negra; no encontraba el hueco, tampoco superaba a los centrales y, para colmo, vio de cerca cómo Meloño abrió la cuenta tras un bombazo de González mal amortiguado por Gutiérrez. Así pasó al frente Boca Unidos.
Era de no creer la situación. Por suerte el premio llegó sobre la hora. "Monito" carburó la jugada como un rayo y le regaló la redención a Vega. Y a San Martín el 1-1.
No cabían dudas, el "santo" era merecedor del Edén, de una paz que le es esquiva desde hace seis semanas, de los tres puntos. Pero no pega una. Y eso que generó seis chances claritas para romperle la red al buen arquero Cristian Mazón. El reproche que le cabe a San Martín es no haber embocado un bochazo antes del inoportuno e inesperado 1-0 de Alejandro Meloño, justo cuando el cuarto de hora final era un sinfonía albirroja. Así había sido todo el partido. Así es el fútbol.
Boca Unidos no había pasado la mitad del campo con el balón dominado. Oviedo, por derecha, y Saavedra, por izquierda, eran amos y señores de esos parajes con un ida y vuelta constante. Nadie les sacó la chapa patente. Menos a Casado, al 10, al hombre de la noche, quien movió y repartió la caprichosa como un mago que hace trampa con la baraja. Casado se equivocó muy poco; dividió las aguas a voluntad e incluso ensayó pases geniales a la carrera.
Fernández recibió varias asistencias, pero no supo capitalizarlas. Una vez se enredó en los guantes pegajosos de Mazón y otra, increíblemente, superó la línea de cal cuando buscó mucho ángulo dentro de la zona de gatillo. El joven delantero trabajó a destejo, ese es su mérito.
Vega, en cambio, navegó en soledad durante varios pasajes del cuento. Es más, padeció un par de fueras de juego en momentos clave. La noche de "Trapito" era negra; no encontraba el hueco, tampoco superaba a los centrales y, para colmo, vio de cerca cómo Meloño abrió la cuenta tras un bombazo de González mal amortiguado por Gutiérrez. Así pasó al frente Boca Unidos.
Era de no creer la situación. Por suerte el premio llegó sobre la hora. "Monito" carburó la jugada como un rayo y le regaló la redención a Vega. Y a San Martín el 1-1.
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