27 Septiembre 2010 Seguir en 
En uno de los diálogos entre Santiago Bal y Alberto Martín, el primero le explica que en la revista de hoy no hay que saber bailar ni cantar, sino que hay que saber vender. Toda una definición que sirve para comprender el mismo show de "Fantástica", ya que con excepción de una escena, el resto de los cuadros (un poco menos de 20) son difícilmente rescatables.
Por supuesto, no faltan las voluptuosas chicas con cuerpos esculturales trabajosamente ganados, como Mónica Farro, Paola Miranda, Daniela Cardone, Gabriela Figueroa y Andrea Ghidone, un regocijo para la platea masculina, ciertamente. Las mujeres son generosas a la hora de mostrar y de exhibir sus atributos. Pero el resto es una serie de sketches trillados con chistes repetidos hasta el hartazgo, con escenas de alto voltaje y un lenguaje procaz que no pueden ser reproducibles ni descriptos. Pero dos cosas son seguras: hay una inversión de alta producción (sobre todo en vestuario, con mucha pluma, lentejuelas y concheros), y el público lo disfruta. Ante cada aparición de alguien conocido, los aplausos se hacen escuchar en la platea y en los palcos, y el espectáculo termina con una larga ovación con los espectadores de pie, y las risas y hasta carcajadas festejan hasta el peor de los chistes. "La verdad es que no sé cómo pagan $150 para ver a este tipo diciendo p....", afirma Matías Alé en uno de los cuadros que directamente son para el olvido.
Aún así, el Teatro Alberdi se llenó cuatro veces este fin de semana para celebrar a Carmen Barbieri, principalmente, en lo que pretende ser "una revista como aquella que vimos alguna vez en la Argentina", según anuncia Bal al inicio. Una revista particular, porque más brilla por sus peleas mediáticas y su relación con la televisión. Si hasta una mujer del palco le gritó a Carmen que le pida a Marcelo Tinelli que le dé un beso a Coqui...
En La Boca
En la única escena rescatable, después de la proyección de un video ambientado en La Boca, la atención vuelve al escenario. Allí están Martín (un verdadero caballero) y Barbieri (toda una dama con historial de arrabalera). Él hace de obrero portuario y ella de una madama. Él llega abatido por cierta cotidianeidad que lo aplasta. Ella, mujer de vida, capta al instante sus necesidades. "Vení, tocá acá", le propone tirada en la cama. Entre ellos logran crear un intenso momento, aislado totalmente del resto del espectáculo.
Por supuesto, no faltan las voluptuosas chicas con cuerpos esculturales trabajosamente ganados, como Mónica Farro, Paola Miranda, Daniela Cardone, Gabriela Figueroa y Andrea Ghidone, un regocijo para la platea masculina, ciertamente. Las mujeres son generosas a la hora de mostrar y de exhibir sus atributos. Pero el resto es una serie de sketches trillados con chistes repetidos hasta el hartazgo, con escenas de alto voltaje y un lenguaje procaz que no pueden ser reproducibles ni descriptos. Pero dos cosas son seguras: hay una inversión de alta producción (sobre todo en vestuario, con mucha pluma, lentejuelas y concheros), y el público lo disfruta. Ante cada aparición de alguien conocido, los aplausos se hacen escuchar en la platea y en los palcos, y el espectáculo termina con una larga ovación con los espectadores de pie, y las risas y hasta carcajadas festejan hasta el peor de los chistes. "La verdad es que no sé cómo pagan $150 para ver a este tipo diciendo p....", afirma Matías Alé en uno de los cuadros que directamente son para el olvido.
Aún así, el Teatro Alberdi se llenó cuatro veces este fin de semana para celebrar a Carmen Barbieri, principalmente, en lo que pretende ser "una revista como aquella que vimos alguna vez en la Argentina", según anuncia Bal al inicio. Una revista particular, porque más brilla por sus peleas mediáticas y su relación con la televisión. Si hasta una mujer del palco le gritó a Carmen que le pida a Marcelo Tinelli que le dé un beso a Coqui...
En La Boca
En la única escena rescatable, después de la proyección de un video ambientado en La Boca, la atención vuelve al escenario. Allí están Martín (un verdadero caballero) y Barbieri (toda una dama con historial de arrabalera). Él hace de obrero portuario y ella de una madama. Él llega abatido por cierta cotidianeidad que lo aplasta. Ella, mujer de vida, capta al instante sus necesidades. "Vení, tocá acá", le propone tirada en la cama. Entre ellos logran crear un intenso momento, aislado totalmente del resto del espectáculo.







