Música para escuchar a Borges

De la mano de Alicia Terzián, el Grupo Encuentros desgranó un espectáculo bello y singular en el San Martín. La fórmula: poemas, composiciones clásicas y contemporáneas, una inteligente puesta en escena y arreglos exquisitos.

POESIA, CANTO Y MELODIAS. Encuentros montó un show de gran calidad.
POESIA, CANTO Y MELODIAS. Encuentros montó un show de gran calidad.
Por Alicia Liliana Fernández 13 Septiembre 2010
El Grupo Encuentros puso la música. Jorge Luis Borges, los poemas. La alta calidad de la propuesta del sábado a la noche en el Teatro San Martín honró el 50º Septiembre Musical con la visita de la señora de la música contemporánea argentina y latinoamericana, Alicia Terzián, esta vez dirigiendo "Borges y la música de Buenos Aires".
El escenario aún vacío, música atonal, voces, aullidos de lobos y la primera estrofa de "Uno", de Mores, cantada fuera de escena por la mezzosoprano  Marta Blanco, pusieron misterio y marcaron la impronta de la propuesta. Acto seguido, Miguel Habud, como Borges en escena, taza de café en mano enguantada y libro en la otra, ocupó un escritorio a la izquierda del proscenio. El ingreso de  los músicos develó el desarrollo del espectáculo: a la lectura de pequeños-enormes poemas ricos en contenido emocional o filosófico le seguiría una pieza musical, 14 en total.
"Moriré en Buenos Aires", de Piazzolla, sucedió al primer texto. Ese inicio tanguero determinó que dos músicos dejaran sus instrumentos para tomar las cartas y emprender una partida de truco en una mesita de bar, a la derecha del proscenio, mientras un tercero les servía ginebra. Se había leído "El truco" y Sergio Polizzi hacía doler el violín en "Llorón", de Juan José Castro. Con la lectura de "Ajedrez", "Haiku" y "Paradiso XXXI" el aire de tango devino contemporáneo. A cada instrumento le correspondió su respectivo maestro: al piano, Claudio Espector; a la flauta, Fabio Mazzitelli; y al clarinete, Eduardo Ihidoype.
Una especie de sátira musical vino con "Tango Lunar", de la compositora finlandesa Jukka Tienssuu. Y la cúspide de la velada, con "Les yeux fértiles", de Terzián. Entonces el clima musical se tornó bellamente revulsivo, con pasajes cantados y recitados, y con un final que retornaba a la calma. La tibia reacción del público ante esta obra reveló el desconcierto de cierta falta de costumbre del oído para la música contemporánea, y con ello el eterno requerimiento de políticas culturales que promuevan su difusión y su conocimiento.
Más conocido, Ginastera proveyó "Pampeana Opus 21", en acertado arreglo para piano y chelo expresivo de Carlos Nozzi. Después, el "Jacinto Chiclana" de Piazzolla, y un Mores grave en "Uno" traerían naturalmente de vuelta al Río de la Plata, para instalarse en el "Verano porteño" que tanto nos hizo querer Astor. El cálido arreglo despertó el lógico y demorado ¡bravo!
La enérgica "Llamada de tambores", de Daniel Binelli, puso la onomatopeya del tambor en la voz de la mezzo. "Si yo tuviera un corazón", de Terzián, indujo el final, infundiendo de nuevo el misterio y la confusión de voces habladas y sonidos ejecutados por el pianista, que dejó lado las teclas e hizo percusión agachado, bajo la tapa del instrumento.


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