El ajuste comenzará con el cierre de sucursales

Tras la crisis del sector, las entidades quedaron con una elevada capacidad ociosa y un pesado costo administrativo que se deben reestructurar.

28 Abril 2002
Los hechos vuelven a mostrar la enorme desorientación del Gobierno. Son precisamente las indefiniciones y la poca seriedad de la dirigencia política los factores que agravan un contexto de generalizado descreimiento.
Sin bien la crisis afecta a todos los sectores de la economía, en el sector bancario los efectos se amplifican puesto que la base de su funcionamiento es la confianza. Durante los últimos meses la atención pública se orientó especialmente hacia la situación bancaria, por tratarse del vehículo que, en situaciones normales canaliza los flujos de ahorro hacia las actividades económicas y atiende la administración de los medios de pago. Es justamente en estos aspectos de la economía donde se han puesto de manifiesto con mayor vehemencia las consecuencias nocivas que provocó la "quiebra de la juridicidad". Es en este ámbito donde la insolvencia del Estado desata más temores y que terminó en la restricción a los depósitos.
El Estado, que debe recrear confianza y un clima propicio para la recuperación económica, desconoce el derecho de propiedad y destruye así el principio de credibilidad, esencial para el desarrollo. Después de lo que se hizo con los depósitos ningún anuncio aislado resulta suficiente para quebrar un proceso de agudo deterioro.
Para devolver la confianza no basta exponer una desiderata, sino que hace falta un programa consistente y creible que tienda a quebrar la inercia depresiva y que, entre otras, incluya políticas explícitas relacionadas con el sistema financiero, porque sin bancos no habrá reactivación.
Pero con titubeos, idas y vueltas, con dichos sin sentido, con falta de dirección clara y convincente, actuando por detrás de los acontecimientos, es imposible recrear confianza. Todo esto paraliza e induce temblores en el mercado cambiario, sumando un factor de incertidumbre adicional que impide, entre otras cosas, recomponer la credibilidad en los contratos. Hay que tener en cuenta que el factor incertidumbre explica, en gran parte, el origen del retroceso económico argentino.

Descreimiento
Cuando la economía es altamente inestable y no hay reglas de juego claras, aumenta el descreimiento y no alcanzan los buenos propósitos para estimular decisiones económicas de largo plazo. La esencia del negocio bancario exige un sustento sostenible en el tiempo, confianza.
El hecho de que en los últimos años los bancos hayan financiado significativamente al Estado constituye una deformación de la actividad bancaria que no responde a su naturaleza. Financiar un Estado que no muestra signos de eficiencia, cuyos gastos se desbordan sin criterio económico, es actuar con miopía y desvirtuar la finalidad del sector financiero. La inversión productiva, única solución a los problemas, no sólo evalúa el rendimiento del proyecto si no que además considera el riesgo del propio negocio, el entorno socioeconómico y político en el que deberá desarrollarse. Es decir que el horizonte de incertidumbre que deba afrontar tiene gran importancia. En condiciones económicas altamente inestables no hay lugar para la inversión debido a la elevada incertidumbre. Así, actúa como un impuesto regulador de la inversión, si ésta se expande o se contrae es porque la incertidumbre ha bajado o ha subido.
Con la pérdida de ahorristas, de recursos y del principal cliente, el Estado, las estructuras bancarias quedaron con elevada capacidad ociosa y un pesado costo administrativo. Lo concreto es que ahora el sistema financiero, por primera vez en muchos años, tiene la necesidad de generar su propia caja operativa para funcionar. De ahí que esté crujiendo la estructura bancaria y que haya empezado un proceso de readecuación, y en este sentido las alternativas no son muchas, el ajuste vendrá por la reducción de personal y el cierre de sucursales.

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