No es llenar un agujero

Por Alfredo Ygel - Psicoanalista - Fac. Psicología de la UNT.

05 Septiembre 2010
"Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío", dice el cantautor haciendo metáfora del dolor que se produce ante la pérdida de un ser querido. Ese agujero que se produce en la trama más íntima del ser impone un trabajo al psiquismo. Duelo es el nombre de este trabajo que remite etimológicamente a dolor y desafío. Constituye la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción como la patria, la libertad, etcétera.

El duelo es fundamentalmente dolor psíquico frente a una pérdida que puede ser la muerte, pero también una separación de pareja, el alejamiento de un amigo, la pérdida de un trabajo, etcétera. Debemos diferenciar el trabajo del duelo de la melancolía. En esta última hay pérdida de interés por el mundo exterior, abatimiento persistente, indiferencia hacia el trabajo y el amor, además de autorreproches y autodenigración. Hay pérdida de un objeto interno y una necesidad de castigo El duelo, aunque comparta alguna de estas características con grandes desviaciones de la conducta, no constituye un estado patológico; es una reacción normal ante una pérdida y opera en el sentido de producir con el correr del tiempo la necesaria separación del sujeto con el objeto que se perdió. Tiempo y palabras van liberando huella por huella el apego a lo perdido.

En el duelo se registra la siguiente secuencia. Primero un examen de realidad que demuestra que el objeto amado ya no está. Luego aparece la aceptación dolorosa de la pérdida después de un período de no aceptación. Si no se produce esta aceptación, se transforma en un duelo no tramitado. Por último, el sujeto debe quitar las cargas que tenía depositadas en el objeto. Esto se realiza con gran gasto de tiempo y energía, en tanto el objeto perdido aún continúa en la vida psíquica del sujeto. La culminación del duelo se produce cuando el sujeto declara perdido el objeto y aparecen otros objetos como sustitutos. Sin embargo, debemos aclarar que, en tanto el objeto perdido es singular y único, no se trata de la sustitución de lo perdido, sino de un cambio de posición del sujeto frente al objeto perdido. Si, como continúa el cantautor, al vacío "no lo puede llenar la llegada de otro amigo", entonces no se trata de llenar el agujero que dejó lo perdido a través de algún sustituto, sino que se produzca la recuperación del sujeto en tanto acceda nuevamente a una posición de deseo en la vida. Se trata así de bordear ese vacío; de bordar con palabras, una y otra vez, los recuerdos y vivencias compartidas con el objeto amado, quedando el sujeto liberado y con sus energías amorosas disponibles para la vida.

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