05 Septiembre 2010 Seguir en 
"Los hijos abandonan un día la infancia, pero los padres nunca dejan la paternidad", sostiene Teresa Evangelina Núñez de Canto.
La psicóloga, que se especializa en la atención de niños y adolescentes, afirma que "diariamente en la vida nos enfrentamos a situaciones difíciles que implican pérdidas materiales y espirituales; unas con más repercusiones emocionales que otras. No obstante, en esta etapa de la vida, el adolescente se encuentra en un período de transición entre la niñez y la vida adulta; por una parte, tiene una conciencia mayor de lo que está sucediendo, más sentido de la realidad que un niño, y por otra parte, en la mayoría de los casos no tiene una madurez emocional, es decir, no sabe cómo reaccionar ni actuar, no sabe cómo se espera que enfrente el duelo".
"Mi viejo se murió en mis brazos después de una fuerte discusión conmigo. Yo sabía que era cardíaco y lo hice renegar", cuenta Marcelo, de 14 años.
"La muerte es algo muy repentino para el adolescente, que no está preparado para vislumbrarla a corto plazo y mucho menos cerca de su entorno", agregó Núñez de Canto. "Cuando sufre una pérdida de esta magnitud -agregó la especialista- entra en su interior en una reflexión profunda sobre la vida, la muerte y adopta actitudes hostiles".
La psicóloga, que se especializa en la atención de niños y adolescentes, afirma que "diariamente en la vida nos enfrentamos a situaciones difíciles que implican pérdidas materiales y espirituales; unas con más repercusiones emocionales que otras. No obstante, en esta etapa de la vida, el adolescente se encuentra en un período de transición entre la niñez y la vida adulta; por una parte, tiene una conciencia mayor de lo que está sucediendo, más sentido de la realidad que un niño, y por otra parte, en la mayoría de los casos no tiene una madurez emocional, es decir, no sabe cómo reaccionar ni actuar, no sabe cómo se espera que enfrente el duelo".
"Mi viejo se murió en mis brazos después de una fuerte discusión conmigo. Yo sabía que era cardíaco y lo hice renegar", cuenta Marcelo, de 14 años.
"La muerte es algo muy repentino para el adolescente, que no está preparado para vislumbrarla a corto plazo y mucho menos cerca de su entorno", agregó Núñez de Canto. "Cuando sufre una pérdida de esta magnitud -agregó la especialista- entra en su interior en una reflexión profunda sobre la vida, la muerte y adopta actitudes hostiles".








