05 Septiembre 2010 Seguir en 
Las lágrimas la ahogan de angustia. Y la ausencia se refleja en su mirada de desconsuelo. La soledad es como un agujero negro inmenso en su interior. María quiere contar su pérdida, aunque prefiere mantener el anonimato. Entiende que su dolor es compartido por muchas familias que perdieron a un ser amado y contándolo -dice-, ella puede ayudar. Y de paso, ayudarse a entender su propio duelo.
"Hace seis meses que murió mi esposo. Aunque los doctores me anticiparon que no iba a vivir más de un año, cuando le detectaron un cáncer de pulmón, al mes y medio dejó de respirar. Estaba en nuestro cuarto, en nuestra cama. Me acompañaban la enfermera y mi hija, de sólo cuatro años", contó.
Irene, por su lado, sufrió la pérdida de una hija. Seca sus mejillas con las manos y con una tristeza inmensa recuerda los primeros momentos de incertidumbre. "Mi esposo no estaba en casa y sólo atiné a correr hacia el hospital. Allí, en la guardia, me explicaron que ya no había nada que hacer. Y me indicaron los pasos a seguir. Sé que fue un poco irracional llevarla ya muerta, pero quise hacer todo por ella hasta el final. Recuerdo vagamente que después, mis padres se llevaron a Mauro, mi otro hijo, a su casa y yo regresé por el vestidito con el que la iban a...", narró la joven madre, de 29 años, tras el deceso de su pequeña de tres años, por una infección.
Dolor devastador
Miguel cuenta el impacto que provoca la muerte repentina de sun setr querido. Su madre falleció de un infarto. "Me aferré al ataúd todo el tiempo. Luego, se ofició la misa y la sepultamos en la tumba familiar". Mirta, como muchas esposas que pierden a sus maridos, reconoció que el día que Dios se lo llevó no dejaba de preguntarse: "¿por qué tengo yo que sufrir este dolor?", dijo. Y aunque la acompañaba su familia se sentía muy sola. "Nada humano te ayuda. Es un dolor tan devastador, que te pulveriza", dijo.
Cómo entender
"Abrazar el sufrimiento para dejar de sufrir. Es lo que hacen quienes han experimentado el indescriptible dolor de perder un ser querido. Y entender el proceso del duelo ayuda a revalorizar la hermosa experiencia de seguir viviendo", dijo a LA GACETA, el psicoterapeuta Denis Ríos Ovando. "Sobrevivir a la muerte de un ser querido -agrega- es algo que muchos creen que están preparados, pero cuando ocurre se desestabilizan. Una pérdida de esa naturaleza provoca un verdadero terremoto emocional en quienes sobreviven".
"Sin embargo, nuestra cultura poco a poco comienza a entender y aceptar lo que este doloroso proceso implica", afirma Cecilia, que se recupera del fallecimiento de su madre. "Por esto, muchas veces, frente a una situación de pérdida, los familiares y amigos cercanos quieren ayudar, pero no saben cómo. Frases como tienes que salir adelante por tus hijos o sé valiente y ya no llores, definitivamente no ayudan", agregó la joven mujer.
"Acompañar, abrazar y escuchar es la mejor medicina", aconsejan los cónyuges que pasaron por este dolor. Muchos hoy se juntan para compartir sus experiencias en grupos de apoyo o en organizaciones similares a la de Emotivos Anónimos.
"Una pena es el conjunto de emociones que sentimos al perder una persona, cosa o evento importante en nuestras vidas", dicen los especialistas. "El duelo, en cambio, es el proceso por el cual lidiamos con esos sentimientos y emociones después de la pérdida", afirma el terapeuta Nicolás Tempone.
"Lo importante es entender que un proceso de estas características es individual; ninguno es igual a otro y el duelo que vive un papá es diferente al de una mamá, los hijos y los abuelos", opina Esther, luego de perder un hijo en un accidente.
"En términos generales, un duelo normal puede durar entre seis meses y tres años. Cuando se sobrepasa este lapso, se habla de un problema patológico y se recomienda acudir a una terapia con un profesional", explicó la psiquiatra Alicia Jalil.
"Hace seis meses que murió mi esposo. Aunque los doctores me anticiparon que no iba a vivir más de un año, cuando le detectaron un cáncer de pulmón, al mes y medio dejó de respirar. Estaba en nuestro cuarto, en nuestra cama. Me acompañaban la enfermera y mi hija, de sólo cuatro años", contó.
Irene, por su lado, sufrió la pérdida de una hija. Seca sus mejillas con las manos y con una tristeza inmensa recuerda los primeros momentos de incertidumbre. "Mi esposo no estaba en casa y sólo atiné a correr hacia el hospital. Allí, en la guardia, me explicaron que ya no había nada que hacer. Y me indicaron los pasos a seguir. Sé que fue un poco irracional llevarla ya muerta, pero quise hacer todo por ella hasta el final. Recuerdo vagamente que después, mis padres se llevaron a Mauro, mi otro hijo, a su casa y yo regresé por el vestidito con el que la iban a...", narró la joven madre, de 29 años, tras el deceso de su pequeña de tres años, por una infección.
Dolor devastador
Miguel cuenta el impacto que provoca la muerte repentina de sun setr querido. Su madre falleció de un infarto. "Me aferré al ataúd todo el tiempo. Luego, se ofició la misa y la sepultamos en la tumba familiar". Mirta, como muchas esposas que pierden a sus maridos, reconoció que el día que Dios se lo llevó no dejaba de preguntarse: "¿por qué tengo yo que sufrir este dolor?", dijo. Y aunque la acompañaba su familia se sentía muy sola. "Nada humano te ayuda. Es un dolor tan devastador, que te pulveriza", dijo.
Cómo entender
"Abrazar el sufrimiento para dejar de sufrir. Es lo que hacen quienes han experimentado el indescriptible dolor de perder un ser querido. Y entender el proceso del duelo ayuda a revalorizar la hermosa experiencia de seguir viviendo", dijo a LA GACETA, el psicoterapeuta Denis Ríos Ovando. "Sobrevivir a la muerte de un ser querido -agrega- es algo que muchos creen que están preparados, pero cuando ocurre se desestabilizan. Una pérdida de esa naturaleza provoca un verdadero terremoto emocional en quienes sobreviven".
"Sin embargo, nuestra cultura poco a poco comienza a entender y aceptar lo que este doloroso proceso implica", afirma Cecilia, que se recupera del fallecimiento de su madre. "Por esto, muchas veces, frente a una situación de pérdida, los familiares y amigos cercanos quieren ayudar, pero no saben cómo. Frases como tienes que salir adelante por tus hijos o sé valiente y ya no llores, definitivamente no ayudan", agregó la joven mujer.
"Acompañar, abrazar y escuchar es la mejor medicina", aconsejan los cónyuges que pasaron por este dolor. Muchos hoy se juntan para compartir sus experiencias en grupos de apoyo o en organizaciones similares a la de Emotivos Anónimos.
"Una pena es el conjunto de emociones que sentimos al perder una persona, cosa o evento importante en nuestras vidas", dicen los especialistas. "El duelo, en cambio, es el proceso por el cual lidiamos con esos sentimientos y emociones después de la pérdida", afirma el terapeuta Nicolás Tempone.
"Lo importante es entender que un proceso de estas características es individual; ninguno es igual a otro y el duelo que vive un papá es diferente al de una mamá, los hijos y los abuelos", opina Esther, luego de perder un hijo en un accidente.
"En términos generales, un duelo normal puede durar entre seis meses y tres años. Cuando se sobrepasa este lapso, se habla de un problema patológico y se recomienda acudir a una terapia con un profesional", explicó la psiquiatra Alicia Jalil.








