10 Mayo 2003 Seguir en 
BOGOTA.- Una vasta zona del suroeste de Colombia fue sacudida por una ola de ataques dinamiteros, sólo horas después de que una multitud que pedía paz despidió los restos del gobernador de Antioquia, una víctima más de la violencia interna que azota al país desde hace cuatro décadas. La oleada de violencia se registra en momentos en que los colombianos se dividen entre los que respaldan la política de mano dura con la guerrilla, impuesta por el presidente Alvaro Uribe, y los que piden al gobierno que establezca un diálogo de paz con los grupos insurgentes. Uribe cuenta con el respaldo de las Fuerzas Armadas para continuar con su política.
El ataque más grave de la oleada dinamitera, que dejó sin energía eléctrica a 300.000 personas, se produjo en Cali, capital del Valle de Causa, donde murieron tres personas al detallar una bomba en una planta de tratamiento de agua.
Oscuridad total
La Policía se abstuvo de señalar a los presuntos responsables del ataque, que también destruyó el cuarto de máquinas del complejo. Otros explosivos detonaron en sedes policiales de la región, pero sin causas víctimas. Por otra parte, un vocero militar del Valle del Cauca denunció que las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) dinamitaron una subestación eléctrica y dejaron sin servicio al 80% de los habitantes del puerto de Buenaventura, el principal sobre el Pacífico. La torre conectaba la zona central de Valle del Cauca con ese puerto colombiano. El apagón se extenderá por varios días, dijeron técnicos.
En otro incidente, presuntos rebeldes de las FARC atacaron ayer una ambulancia que se desplazaba entre los municipios de San Carlos y San Rafael (noroeste), e hirieron al chofer del vehículo. El conductor trataba de huir de una emboscada en la carretera, donde rebeldes disfrazados de policías le habían dado la orden de detenerse. Las ambulancias son uno de los tantos objetivos de los subversivos, pese a que este servicio está protegido por el Derecho Internacional Humanitario (DIH). (Reuter/DPA/Télam)
El ataque más grave de la oleada dinamitera, que dejó sin energía eléctrica a 300.000 personas, se produjo en Cali, capital del Valle de Causa, donde murieron tres personas al detallar una bomba en una planta de tratamiento de agua.
Oscuridad total
La Policía se abstuvo de señalar a los presuntos responsables del ataque, que también destruyó el cuarto de máquinas del complejo. Otros explosivos detonaron en sedes policiales de la región, pero sin causas víctimas. Por otra parte, un vocero militar del Valle del Cauca denunció que las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) dinamitaron una subestación eléctrica y dejaron sin servicio al 80% de los habitantes del puerto de Buenaventura, el principal sobre el Pacífico. La torre conectaba la zona central de Valle del Cauca con ese puerto colombiano. El apagón se extenderá por varios días, dijeron técnicos.
En otro incidente, presuntos rebeldes de las FARC atacaron ayer una ambulancia que se desplazaba entre los municipios de San Carlos y San Rafael (noroeste), e hirieron al chofer del vehículo. El conductor trataba de huir de una emboscada en la carretera, donde rebeldes disfrazados de policías le habían dado la orden de detenerse. Las ambulancias son uno de los tantos objetivos de los subversivos, pese a que este servicio está protegido por el Derecho Internacional Humanitario (DIH). (Reuter/DPA/Télam)







