Un freak que convierte en extraño lo que parece tan común y cotidiano

"La conjura de los necios" interroga, y cuestiona, las demandas y comportamientos de la sociedad burguesa. Una puesta con aciertos

SU LUGAR EN EL MUNDO. El personaje (Federico Terzi) se niega a salir de su habitación y a adaptarse socialmente.
SU LUGAR EN EL MUNDO. El personaje (Federico Terzi) se niega a salir de su habitación y a adaptarse socialmente.
Por Jorge Figueroa 16 Agosto 2010
"La conjura de los necios" es una interesante obra que en 1962 escribió John Kenndey Toole, y su puesta en la sala Ross se apoya en el trabajo de Federico Terzi. Ignatius J. Really, el protagonista del texto, es un verdadero freak, que vive ajeno a las demandas sociales; habita su propio mundo, donde se propone construir una gran obra absurda, cuyos fragmentos distribuye en papeles que reparte en su cuarto, el único lugar donde se siente a gusto. Este auténtico perdedor en la sociedad burguesa vive con su madre aunque tiene más de 30 años, y se ve obligado a buscar trabajo para convertirse en esa cosa llamada "ser alguien de provecho" y para pagar una deuda que contrajo su madre. Sus actitudes interrogan profundamente las costumbres y el orden social, a los que no puede adaptarse de ningún modo. El relato es atractivo, bien que la versión del director Gustavo Delgado haya dejado mucho "material" del libro en el camino. Las preguntas y afirmaciones de Ignatius son, si bien se ve, cuestionadoras de la misma sociedad burguesa, al punto que, en uno de sus delirios (?) defiende la monarquía. Sus ocurrencias y sus modales provocan risas, pero nadie sale de la sala sin interrogarse, en verdad, por qué es necesario trabajar, por ejemplo. Ignatius hace extraño lo que nos es común. En la puesta la historia se cuenta en vivo, pero también por medio de imágenes proyectadas, que le dan una bajada local cuando transcurren por la neurálgica esquina de Mendoza y Muñecas. Hay recursos escénicos bien utilizados, como el diálogo a la distancia de la lectura de la correspondencia entre Ignatius y Myrna, logrados por la iluminación. Pero sin dudas el plato fuerte del espectáculo es la actuación de Terzi, a cuenta del psique du rol (acierto para anotar en el haber del director), la composición del personaje y su presencia escénica. Una presencia que aparece temerosa en los trabajos de Edith Montoya y Tamara Lorena Minas Benayas.

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