09 Mayo 2003 Seguir en 
LA PAZ.- La Conferencia Episcopal de Bolivia advirtió que graves peligros de disgregación social, desorden, violencia, vacío de poder y autoritarismo acechan a la democracia del país. En un documento, la Iglesia sostiene que sigue latente la amenaza de que se repitan jornadas de violencia como las que hace tres meses pasaron a su convulsionada historia política con el nombre de "febrero negro".
Lo que pasó entonces "no fue un hecho aislado, sino un eslabón más de una cadena de manifestaciones de la profunda crisis que afecta al país", dice el documento resultante de la asamblea anual de los obispos, celebrada en Cochabamba. Protestas sociales contra un proyectado impuesto a los salarios derivaron el 12 y 13 de febrero en un motín policial, choques armados entre los insubordinados y tropas del ejército, además de una ola de violentos saqueos e incendios, con un saldo de 29 muertos y 189 heridos.
El documento eclesiástico, uno de los más duros desde que Bolivia recuperó la democracia hace 21 años, sostiene que tras los cruentos sucesos de febrero ha quedado una sensación de desorden, inseguridad, anarquía, orfandad y vacío de poder.
La supuesta conspiración
El llamado "febrero negro" se constituyó en el más grave tropiezo para el gobierno del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, un empresario liberal a quien líderes opositores le exigen la renuncia. El gobierno denunció que las violentas jornadas de febrero configuraron un fallido golpe de Estado y un presunto plan para asesinar a Sánchez de Lozada.
Ayer, las principales fuerzas de la oposición en el Congreso pidieron la interpelación de tres ministros, por considerar insuficientes los informes con los que fundamentaron la denuncia de una supuesta conspiración contra el gobierno. (Reuter/DPA)
Lo que pasó entonces "no fue un hecho aislado, sino un eslabón más de una cadena de manifestaciones de la profunda crisis que afecta al país", dice el documento resultante de la asamblea anual de los obispos, celebrada en Cochabamba. Protestas sociales contra un proyectado impuesto a los salarios derivaron el 12 y 13 de febrero en un motín policial, choques armados entre los insubordinados y tropas del ejército, además de una ola de violentos saqueos e incendios, con un saldo de 29 muertos y 189 heridos.
El documento eclesiástico, uno de los más duros desde que Bolivia recuperó la democracia hace 21 años, sostiene que tras los cruentos sucesos de febrero ha quedado una sensación de desorden, inseguridad, anarquía, orfandad y vacío de poder.
La supuesta conspiración
El llamado "febrero negro" se constituyó en el más grave tropiezo para el gobierno del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, un empresario liberal a quien líderes opositores le exigen la renuncia. El gobierno denunció que las violentas jornadas de febrero configuraron un fallido golpe de Estado y un presunto plan para asesinar a Sánchez de Lozada.
Ayer, las principales fuerzas de la oposición en el Congreso pidieron la interpelación de tres ministros, por considerar insuficientes los informes con los que fundamentaron la denuncia de una supuesta conspiración contra el gobierno. (Reuter/DPA)







