07 Mayo 2003 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Los cadáveres de los periodistas argentinos Mario Podestá y Verónica Cabrera, muertos en un accidente automovilístico en Irak, llegaron ayer al aeropuerto de Ezeiza. Luego de una misa en la iglesia del Pilar, en el barrio de La Recoleta, fueron inhumados en distintos cementerios. Junto a Podestá fue sepultada la madre del periodista, quien falleció el lunes por un paro cardíaco.
Ambos reporteros, contratados por el canal América TV, murieron el 14 de abril cuando el vehículo en el que viajaban a alta velocidad rumbo a Bagdad se despistó de la carretera de Ammán y dio varios vuelcos. Podestá (52 años, cuatro hijos) murió en el acto, mientras que Cabrera (31 años y un hijo pequeño) falleció un día después en un hospital del norte iraquí.
Los restos de la periodista fueron inhumados en un cementerio privado, en tanto que los de Podestá y los de su madre, Sara Fernández Basavilbaso, de 81 años, fueron sepultados en el cementerio de La Recoleta.
Entre la multitud que asistió a la ceremonia religiosa se encontraba Gustavo Sierra, el único periodista argentino que siguió toda la guerra desde la capital iraquí y uno de los primeros que informó sobre la tragedia.
Podestá había cubierto varias guerras en su vida profesional y Cabrera iba a debutar en un conflicto bélico como camarógrafa. El veterano corresponsal de guerra quería mostrar los efectos de las armas prohibidas que usaron las fuerzas invasoras contra la población iraquí, comentó la productora del profesional. Las fuerzas anglo-norteamericanas usaron armas prohibidas como las bombas de racimo contra civiles iraquíes. Además, emplearon armas con uranio empobrecido, que acarrean riesgos de cáncer y daños renales. Gran Bretaña anunció que ofrecerá exámenes de orina a los soldados que regresen de Irak, para verificar la presencia de uranio empobrecido en sus organismos.
La invasión dejó como saldo la muerte de 14 periodistas, reporteros gráficos, y camarógrafos de distintos países, inclusive estadounidenses y británicos. (DyN)
Ambos reporteros, contratados por el canal América TV, murieron el 14 de abril cuando el vehículo en el que viajaban a alta velocidad rumbo a Bagdad se despistó de la carretera de Ammán y dio varios vuelcos. Podestá (52 años, cuatro hijos) murió en el acto, mientras que Cabrera (31 años y un hijo pequeño) falleció un día después en un hospital del norte iraquí.
Los restos de la periodista fueron inhumados en un cementerio privado, en tanto que los de Podestá y los de su madre, Sara Fernández Basavilbaso, de 81 años, fueron sepultados en el cementerio de La Recoleta.
Entre la multitud que asistió a la ceremonia religiosa se encontraba Gustavo Sierra, el único periodista argentino que siguió toda la guerra desde la capital iraquí y uno de los primeros que informó sobre la tragedia.
Podestá había cubierto varias guerras en su vida profesional y Cabrera iba a debutar en un conflicto bélico como camarógrafa. El veterano corresponsal de guerra quería mostrar los efectos de las armas prohibidas que usaron las fuerzas invasoras contra la población iraquí, comentó la productora del profesional. Las fuerzas anglo-norteamericanas usaron armas prohibidas como las bombas de racimo contra civiles iraquíes. Además, emplearon armas con uranio empobrecido, que acarrean riesgos de cáncer y daños renales. Gran Bretaña anunció que ofrecerá exámenes de orina a los soldados que regresen de Irak, para verificar la presencia de uranio empobrecido en sus organismos.
La invasión dejó como saldo la muerte de 14 periodistas, reporteros gráficos, y camarógrafos de distintos países, inclusive estadounidenses y británicos. (DyN)







