BUENOS AIRES.- En medio de los impresionantes testimonio de solidaridad que miles de porteños siguen dejando frente a las graves inundaciones de Santa Fe y sus consecuencias humanas, los dos competidores del ballottaje están exhibiendo comportamientos muy diferentes para multiplicar las adhesiones. Carlos Menem, más apegado al tradicional estilo, trata de pactar con rivales de la primera vuelta, creyendo que basta dar una orden, como si fuera un botón mágico, para sumar el hipotético caudal cautivo del ocasional aliado. Néstor Kirchner, con mayor discreción, deja esa faena a su segunda línea de colaboradores, confiado en que la gran independencia demostrada por el electorado puede premiar su desprecio por aquel estilo de canje. Por otra parte, al ex presidente se lo observa ahora acuciado por la urgencia y como sorprendido por los efectos negativos que produjo la aparición de viejos colaboradores en la noche del escrutinio. El apurado eclipse de los más resistidos es un dato altamente revelador que debió ser previsto con alguna velocidad de reflejos, tardíamente recurridos. Ese contraste entre ambos estilos, puede permitirle al candidato oficialista sobrellevar el peso negativo de negarse al debate propuesto por su rival.
Los inversores
Otra referencia sobre la recomposición del resultado de la primera vuelta que comienzan a evidenciar las encuestas, es la recuperación accionaría de la Bolsa de Buenos Aires, tras la extraordinaria caída de la primera rueda tras las urnas. La causa, se dijo entonces, fue la escasa ventaja de Menem y el desplazamiento de Ricardo López Murphy. El martes, ese fenómeno comenzó a revertirse y ahora ha quedado reducido, según los especialistas, a un tiempo de prudencia que puede fertilizar con el discurso moderado de Kirchner y la acogida benevolente que ha tenido en el Fondo Monetario y el Departamento de Estado de EE.UU. el desenlace electoral. Con ese contexto de realidades, el aspirante oficialista aguarda un panorama más preciso de las encuestas solicitadas por el presidente Duhalde, para componer el gabinete de su eventual gobierno.
El tercer sector, es decir, el sorprendido por la indiferencia del electorado frente a sus propuestas de abstención o rechazo de todos los candidatos, mediante un discurso adusto y desmadrado del marco institucional, aun persistirá en su empeño, advirtiendo que no tiene regreso. El 1° de Mayo pudo advertirse así, pese al fenómeno dispersivo de sus dirigencias. Otra franja de la intransigencia, -aunque no marginada democráticamente- como la Central de Trabajadores Argentinos que lidera Víctor Di Gennaro, se ve obligada a eludir la convocatoria orgánica para resolver su opción en la segunda vuelta, redondeando así el frágil panorama que sigue presentando en nuestro país la izquierda más contestataria. (De nuestra Sucursal)







