Tucumán comienza a incendiarse mientras las indefiniciones sobre el rescate de los Bonos de Cancelación de Deudas le estallan en la cara al gobernador Julio Miranda. Pero el daño no lo sufren tanto él, sus ministros y los legisladores oficialistas, sino la ciudadanía. El bálsamo de la desaparición de los papeles pintados va a costar sangre, sudor y lágrimas, porque el rechazo de la cámara de estaciones de servicio a recibir los Bocade anticipa tres semanas de infierno hasta el 25 de mayo, cuando -teóricamente- se completaría el canje... y comenzarían entre dos y tres meses de recesión, por la desaparición del circulante en la provincia.
Frustradas clausuras
Los intentos desesperados de los funcionarios de Miranda por controlar que las cuevas (que ellos contribuyeron a crear) no aumenten el desagio que hacen a los tenedores de bonos al canjearlos por efectivo, y las amenazas de clausura de estaciones de servicio, derivaron en la crisis que estalló anoche. Nadie hacía caso ayer: las "cuevas" clausuradas volvían a abrir diez minutos después de que pasaban los funcionarios y los dueños de las estaciones de servicio preguntaban dónde estaba la lógica de pretender obligarlos a hacer "sólo" un desagio del 10 % cuando en los comercios se hacen descuentos de un 15 % para quien paga con efectivo. La negativa de estos empresarios a aceptar bonos para cargar nafta trae consigo el riesgo de un rechazo generalizado del comercio, con el consecuente perjuicio para el ciudadano común, que se quedará con sus bonos en la mano y se verá obligado, como ocurrió en Córdoba, a hacer agotadoras colas para canjear unos pocos pesos.
Pero no se sabe todavía si ese es el único precio a pagar para que saquen el bono de circulación, ya que la Nación todavía no estableció las condiciones del canje ni de la licitación. El ministro de Economía, José Alberto Cúneo Vergés, fue citado para el lunes a Buenos Aires, pero no tiene fuerza para exigir que el canje se haga con un desagio del 6 % (como decía en los últimos días, para calmar al inquieto empresariado tucumano). Ni siquiera sabe si el desagio trepará a más del 15 %. No está en condiciones de asegurar nada. El miércoles pasado, Cúneo Vergés y el gobernador Julio Miranda fueron desairados por el ministro de Economía nacional, Roberto Lavagna, quien los hizo recibir con el inflexible subsecretario de Relaciones con las Provincias, Alejandro Arlía. Este les ratificó que el canje se hará a valor de mercado, sin especificar nada más. Y no se puede saber cuál es el valor de mercado de un papel que se deprecia día a día.
Aún cuando se logre superar las tres semanas negras que faltan hasta que se complete el teórico rescate de $ 169 millones en Bocade por $ 150 millones en efectivo, quedan los títulos que se entregarán a las personas que no hayan podido canjear sus bonos. La Provincia no sólo pagará con intereses el crédito de $ 150 millones, sino que responderá por la pérdida de valor de los Boden con que se garantiza el crédito.
Ardua apuesta
En lo que hace a manejos políticos, Miranda y los legisladores oficialistas, apretados por la Nación, apuestan a que las cosas se hayan calmado relativamente para el 29 de junio -fecha de las elecciones provinciales- y, pese a la recesión, puedan exhibir como logro una provincia sin papeles pintados. Por ello los legisladores se lavan las manos como Poncio Pilatos y apuestan a que el gobernador Miranda asuma el costo de aceptar las condiciones feroces (y aún poco claras) que impone la Nación. Pero los parlamentarios se olvidan del final del relato bíblico de Poncio Pilatos. Al desentenderse de los problemas, el gobernador de Judea dio lugar a que ajusticiaran a Jesús y se beneficiara a Barrabás, el delincuente.







