Día de la Prensa Libre

Una libertad que necesita ser defendida jornada a jornada.

03 Mayo 2003
Hoy se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Es una evocación que tiene extremada importancia para todos nosotros. Como se sabe, la fecha se fijó a comienzos de la década pasada, por gestión de la Conferencia General de la Unesco de 1991. Dos años más tarde sería oficialmente reconocida por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Nadie ignora lo que la libertad de prensa significa para una nación civilizada. La necesidad de que esa libertad exista ha sido afirmada desde que los seres tomaron conciencia de todo lo que significaba poder expresar sus opiniones sin tutorías. Ciñéndonos a la Argentina, no es ocioso recordar que, desde los primeros momentos de su vida independiente, en 1810, los próceres fundadores reconocieron expresamente la vigencia de este derecho. Como también que, al producirse en 1853 la organización de la República, se incluyó expresamente en la Constitución el derecho de los habitantes de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa.
Pero nadie puede ignorar tampoco, y así lo hemos subrayado en múltiples oportunidades, que la efectiva vigencia de ello solamente es posible mediante un estado cotidiano de alerta, frente a los intentos de los gobiernos de desnaturalizarlo o de introducirle cortapisas, abiertas o solapadas. Con señalada frecuencia, los fallos judiciales han debido dejar claro el hecho de que la libertad de expresión y de información constituye un elemento básico para la existencia misma de las comunidades democráticas. Y que si esa libertad no se encuentra efectivamente vigente, quedan afectados de forma irremediable todos los demás derechos humanos.
Justamente, en épocas conflictivas y turbulentas como las que vivimos, es cuando se hace más necesaria que nunca, para la ciudadanía, la seguridad de que todas las opiniones pueden publicarse, y que toda la información que se le brinda no reconoce censuras ni está sujeta a presiones por parte de los gobiernos. De más está decir que la amplitud irrestricta de la libertad de información de que goce una sociedad está en directa relación con su grado de madurez democrática. Por algo es que el ocaso de este derecho ha coincidido siempre con la existencia de las tiranías.

Como lo hemos sostenido muchas veces, la sociedad debe tener muy presente que la libertad de prensa no es algo cuya vigencia interesa sólo al periodismo. Por el contrario, está involucrado en ella el interés de la ciudadanía en su conjunto, ya que solamente pudiendo opinar y recibir la información y la opinión ajenas sin limitaciones, cada persona puede formar su propio criterio frente a las múltiples cuestiones de su interés.
En las últimas tres décadas se han suscripto numerosos documentos internacionales dirigidos a garantizar la libertad de información sin restricción alguna, como parte del plexo de derechos humanos. El último -en noviembre del año pasado- fue el denominado "Principios de Lima", que se emitió en el marco del Seminario Internacional "Información para la Democracia", auspiciado por importantes y prestigiosas instituciones de todo el mundo.
Estos principios recalcaron que, dentro de la obligación de los gobiernos de garantizar el libre ejercicio periodístico y la independencia de los medios, está la de asegurar a los periodistas el acceso y la libre difusión de lo que investiguen, y que debe sancionarse a todo funcionario que trate de interferir en ello. También, que ni la Justicia ni ninguna autoridad pueden obligar al hombre de prensa a revelar sus fuentes de información o el contenido de sus apuntes o archivos.
La fecha de hoy torna importante recordar estas especificaciones, que deben ser realidad efectiva, tanto en nuestro país como en todas las naciones del orbe.

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