Un acto cargado de anécdotas

El objetivo de la muestra, según Claudia Epstein. Discurso interrumpido.

INAUGURACION. Un público adulto asistió al Centro Rougés.
INAUGURACION. Un público adulto asistió al Centro Rougés.
09 Julio 2010
"Crónica de una pasión americana", la exposición antológica de Ezequiel Linares, se inauguró ayer por la mañana en el Centro Rougés, y por la noche, en el Museo Timoteo Navarro. En conjunto, la muestra reúne más de 80 obras, distribuidas en ambos espacios.

Por la mañana, la presentación fue un tanto accidentada. El curador general, Alberto Petrina, llegó cuando ya habían comenzado los discursos, y durante la extensa alocución de Jorge Rougés, una de las espectadoras se desvaneció, hecho que interrumpió al presidente de la Fundación Lillo.

La primera que habló fue Claudia Epstein, también curadora, quien afirmó que se pretendió con la exposición "devolverle la memoria a los tucumanos". Rougés, a su turno, contó innumerables anécdotas sobre el artista. Al acto también asistieron el crítico de arte Jorge Taverna Irigoyen y la directora del Museo Sívori, María Isabel de Larrañaga, y numerosos docentes de la Facultad de Artes.

"El único transgresor"


En un texto polémico, escrito en el catálogo por el curador, Alberto Petrina, se describe la situación de Linares en esta ciudad luego de la dictadura. "Linares se encasilló silenciosamente en sus convicciones, siguió pintando y enseñando a pintar, mientras que para un pelotón de jóvenes eunucos, perversamente esterilizados por sus 'maestros', la práctica del arte se convertirá en un simple impulso al alcance de todos y cualquiera. Tendrá más importancia 'pensar' una obra que realizarla. Pero el único y verdadero transgresor de esta historia fue Ezequiel Linares", dijo.

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