29 Abril 2003 Seguir en 
Los argentinos dieron su veredicto. Después de que casi el 80% dejó su verdad en las urnas ha quedado claro que los problemas que enfrenta la sociedad van por carriles totalmente distintos de lo estrictamente electoral. Existe una autonomía política sobre los comicios que está escindida de las necesidades y de las exigencias de la gente.
No importa la gestión realizada. Tampoco es relevante que la ciudadanía reclame trabajo o seguridad. Cuando llega la hora de votar lo único que vale son las estructuras ya armadas y aquellos caudillos que tienen punteros y un territorio que controlan como nadie. Si esa persona tiene buena o mala imagen es secundario; lo que importa es que maneja a miles de personas capaces de votar por quien ella diga. Eso quedó absolutamente claro al evaluar los datos finales de Tucumán, una provincia donde el gobernador Julio Miranda tiene una imagen altamente negativa, donde muchos de sus funcionarios fueron investigados en Tribunales y donde la muerte de niños desnutridos fue una mancha que en cualquier otro país le hubiera costado el cargo a más de uno. En definitiva los fenómenos sociales van por un lado y los bolsones y los operativos electorales, por otro. Son dos paralelas, y como tales, no se juntan.
Un experto ambiguo
Tal vez esa sea la explicación del triunfo peronista en Tucumán. A un experto en esta lides como es Miranda no le fue tan bien. En verdad se podría decir que le fue mal. En todo momento actuó con ambigüedad. Apoyó a Néstor Kirchner pero muchos de sus funcionarios coquetearon con el menemismo. Tanto es así que algunos punteros señalaron su sorpresa porque les habían prometido 88 centavos por voto y luego les dieron sólo 30. Otros se sorprendieron también cuando recibieron dinero en bonos cuando desde Buenos Aires les habían enviado fondos en efectivo. Para la segunda vuelta la ambigüedad no tendrá sentido.
Olijela Rivas, menemista de la primera hora, ha quedado acorralada. Está lejos del calor oficialista de Miranda (algo que no le ocurre al vicegobernador Sisto Terán) y también de cualquier arreglo con la oposición. Si no le va bien a Menem el 18 de mayo, sufrirá por su apuesta a todo o nada.
La buena elección que hizo Ricardo López Murphy (también necesitó de algunos aparatos para apoyar el voto al que convocó libremente) en la capital ha demostrado que este territorio sigue sin ser peronista. Si hubiera funcionado el acuerdo de Pablo Walter con Esteban Jerez sería uno de los pocos casilleros libres que tendrá ese frente. Al no ponerse de acuerdo el ex fiscal con el ex bussista el lugar puede ser para la UCR, que hizo un papelón en estos comicios.
Jerez desembarcó en la política como un emergente que trata de demostrar que los fenómenos sociales pueden atravesar la política. Sin embargo, el tiempo que pasa sin que logre armar una estructura concreta le está demostrando que el amateurismo en política puede costar muy caro. Elisa Carrió no logró una buena elección en Tucumán. Ni el diputado José Vitar ni el dirigente Daniel Rossini pueden sonreír mucho porque en la provincia no alcanzaron la media de votos que obtuvo la diputada en otros distritos.
Es posible que los que votaron a Carrió terminen apoyando a Kirchner. No pasaría lo mismo con los sufragios de López Murphy y de Rodríguez Saá. Seguramente se dividirán. En el caso de los de Recrear hay quienes podrían adherirse a la política económica menemista. Entre los seguidores del ex gobernador de San Luis habrá que ver cómo anda el poder de conquista de Eduardo Duhalde para volcar esos sufragios hacia Kirchner.
Queda poco tiempo y cualquier arma servirá -lamentablemente- para acaparar votos. Las convicciones, las fidelidades, las creencias ideológicas parecen haber quedado para otros comicios, después de esta transición de cuatro años.
No importa la gestión realizada. Tampoco es relevante que la ciudadanía reclame trabajo o seguridad. Cuando llega la hora de votar lo único que vale son las estructuras ya armadas y aquellos caudillos que tienen punteros y un territorio que controlan como nadie. Si esa persona tiene buena o mala imagen es secundario; lo que importa es que maneja a miles de personas capaces de votar por quien ella diga. Eso quedó absolutamente claro al evaluar los datos finales de Tucumán, una provincia donde el gobernador Julio Miranda tiene una imagen altamente negativa, donde muchos de sus funcionarios fueron investigados en Tribunales y donde la muerte de niños desnutridos fue una mancha que en cualquier otro país le hubiera costado el cargo a más de uno. En definitiva los fenómenos sociales van por un lado y los bolsones y los operativos electorales, por otro. Son dos paralelas, y como tales, no se juntan.
Un experto ambiguo
Tal vez esa sea la explicación del triunfo peronista en Tucumán. A un experto en esta lides como es Miranda no le fue tan bien. En verdad se podría decir que le fue mal. En todo momento actuó con ambigüedad. Apoyó a Néstor Kirchner pero muchos de sus funcionarios coquetearon con el menemismo. Tanto es así que algunos punteros señalaron su sorpresa porque les habían prometido 88 centavos por voto y luego les dieron sólo 30. Otros se sorprendieron también cuando recibieron dinero en bonos cuando desde Buenos Aires les habían enviado fondos en efectivo. Para la segunda vuelta la ambigüedad no tendrá sentido.
Olijela Rivas, menemista de la primera hora, ha quedado acorralada. Está lejos del calor oficialista de Miranda (algo que no le ocurre al vicegobernador Sisto Terán) y también de cualquier arreglo con la oposición. Si no le va bien a Menem el 18 de mayo, sufrirá por su apuesta a todo o nada.
La buena elección que hizo Ricardo López Murphy (también necesitó de algunos aparatos para apoyar el voto al que convocó libremente) en la capital ha demostrado que este territorio sigue sin ser peronista. Si hubiera funcionado el acuerdo de Pablo Walter con Esteban Jerez sería uno de los pocos casilleros libres que tendrá ese frente. Al no ponerse de acuerdo el ex fiscal con el ex bussista el lugar puede ser para la UCR, que hizo un papelón en estos comicios.
Jerez desembarcó en la política como un emergente que trata de demostrar que los fenómenos sociales pueden atravesar la política. Sin embargo, el tiempo que pasa sin que logre armar una estructura concreta le está demostrando que el amateurismo en política puede costar muy caro. Elisa Carrió no logró una buena elección en Tucumán. Ni el diputado José Vitar ni el dirigente Daniel Rossini pueden sonreír mucho porque en la provincia no alcanzaron la media de votos que obtuvo la diputada en otros distritos.
Es posible que los que votaron a Carrió terminen apoyando a Kirchner. No pasaría lo mismo con los sufragios de López Murphy y de Rodríguez Saá. Seguramente se dividirán. En el caso de los de Recrear hay quienes podrían adherirse a la política económica menemista. Entre los seguidores del ex gobernador de San Luis habrá que ver cómo anda el poder de conquista de Eduardo Duhalde para volcar esos sufragios hacia Kirchner.
Queda poco tiempo y cualquier arma servirá -lamentablemente- para acaparar votos. Las convicciones, las fidelidades, las creencias ideológicas parecen haber quedado para otros comicios, después de esta transición de cuatro años.







