24 Junio 2010 Seguir en 
Un joven agredido a la salida de un boliche. La sede de la comisaría apedreada. Dos hombres detenidos. Estas son las únicas certezas de los hechos que ocurrieron el domingo a la madrugada en Ranchillos. La versión de la Policía y la de los vecinos implicados en los incidentes son contradictorias.
Las actuaciones iniciadas por el oficial principal Carlos Suárez, a cargo interinamente de la comisaría, afirman que en la dependencia policial alertaron de que un joven estaba siendo agredido en la puerta del local bailable "La Julia". Cuando el personal policial se hizo presente en el lugar, observaron a una patota que golpeaba salvajemente a Julio Acosta, de 21 años.
Según se detalla en el parte policial, los agresores intentaron impedir que auxiliaran a Acosta. De hecho, habrían intentado evitar que la ambulancia se retirara del lugar. Al entablar una discusión con los agresores, los policías se vieron obligados a replegarse en la comisaría, ubicada a dos cuadras de "La Julia". Unas 15 personas persiguieron al personal policial y arrojaron piedras contra el viejo edificio. Todas las ventanas y la entrada de la comisaría quedaron destruidas por el ataque.
Sin embargo, la víctima de la agresión declaró ayer en Tribunales y dijo que se encontraba parado en la puerta del boliche cuando L.B. (menor de edad) se acercó y, luego de amenazarlo, lo golpeó con una botella en la cabeza. Acosta contó a LA GACETA que cayó al piso y se desvaneció. "Me desperté en el hospital. Tenía cortes en distintas partes del cuerpo", relató.
Aparentemente, L.B. utilizó vidrios de la botella para continuar hiriendo a Acosta. El joven fue trasladado al hospital de Ranchillos, desde donde fue derivado al hospital Padilla. "Perdió mucha sangre. El médico nos dijo que se salvó de milagro", comentó Roque Acosta, padre de Julio.
El joven dijo ante la fiscala María de las Mercedes Carrizo (a cargo de la investigación) que fue agredido solamente por L.B. (quien estería prófugo) y desvinculó a otras personas del ataque.
Por su parte, Silvia Gallardo comentó que su esposo, Ramón Albarracín, fue implicado en la causa, a pesar de que esa noche se encontraba durmiendo en su domicilio. "Pensaba que lo acusaban del ataque a la comisaría, pero lo acusan de tentativa de homicidio", dijo la mujer. Según Gallardo, Albarracín se presentó ayer a la mañana a Tribunales, luego de enterarse que la Policía lo buscaba, y quedó detenido. Igual suerte corrió Juan Carlos Medina. Ambos se desvincularon del ataque a Acosta. Además, Medina dijo que se encontraba en otro local bailable, ubicado frente a la comisaría, cuando fue agredido por el oficial Suárez. "Se acercó con dos policías y, luego de decirle que le tenía bronca (sic), le dio un culatazo en la nuca", comentó María Suárez, pariente de Medina. Al observar la agresión, los amigos que estaban en la puerta del boliche comenzaron a agredir a los policías, quienes se recluyeron en la comisaría. Allí comenzó la lluvia de piedras contra la dependencia. Anoche, unas 70 personas protestaron frente a la comisaría para pedir el desplazamiento de Suárez. "El ataque a mi hijo no tuvo nada que ver con lo que pasó frente a la comisaría", dijo Roque Acosta.
Las actuaciones iniciadas por el oficial principal Carlos Suárez, a cargo interinamente de la comisaría, afirman que en la dependencia policial alertaron de que un joven estaba siendo agredido en la puerta del local bailable "La Julia". Cuando el personal policial se hizo presente en el lugar, observaron a una patota que golpeaba salvajemente a Julio Acosta, de 21 años.
Según se detalla en el parte policial, los agresores intentaron impedir que auxiliaran a Acosta. De hecho, habrían intentado evitar que la ambulancia se retirara del lugar. Al entablar una discusión con los agresores, los policías se vieron obligados a replegarse en la comisaría, ubicada a dos cuadras de "La Julia". Unas 15 personas persiguieron al personal policial y arrojaron piedras contra el viejo edificio. Todas las ventanas y la entrada de la comisaría quedaron destruidas por el ataque.
Sin embargo, la víctima de la agresión declaró ayer en Tribunales y dijo que se encontraba parado en la puerta del boliche cuando L.B. (menor de edad) se acercó y, luego de amenazarlo, lo golpeó con una botella en la cabeza. Acosta contó a LA GACETA que cayó al piso y se desvaneció. "Me desperté en el hospital. Tenía cortes en distintas partes del cuerpo", relató.
Aparentemente, L.B. utilizó vidrios de la botella para continuar hiriendo a Acosta. El joven fue trasladado al hospital de Ranchillos, desde donde fue derivado al hospital Padilla. "Perdió mucha sangre. El médico nos dijo que se salvó de milagro", comentó Roque Acosta, padre de Julio.
El joven dijo ante la fiscala María de las Mercedes Carrizo (a cargo de la investigación) que fue agredido solamente por L.B. (quien estería prófugo) y desvinculó a otras personas del ataque.
Por su parte, Silvia Gallardo comentó que su esposo, Ramón Albarracín, fue implicado en la causa, a pesar de que esa noche se encontraba durmiendo en su domicilio. "Pensaba que lo acusaban del ataque a la comisaría, pero lo acusan de tentativa de homicidio", dijo la mujer. Según Gallardo, Albarracín se presentó ayer a la mañana a Tribunales, luego de enterarse que la Policía lo buscaba, y quedó detenido. Igual suerte corrió Juan Carlos Medina. Ambos se desvincularon del ataque a Acosta. Además, Medina dijo que se encontraba en otro local bailable, ubicado frente a la comisaría, cuando fue agredido por el oficial Suárez. "Se acercó con dos policías y, luego de decirle que le tenía bronca (sic), le dio un culatazo en la nuca", comentó María Suárez, pariente de Medina. Al observar la agresión, los amigos que estaban en la puerta del boliche comenzaron a agredir a los policías, quienes se recluyeron en la comisaría. Allí comenzó la lluvia de piedras contra la dependencia. Anoche, unas 70 personas protestaron frente a la comisaría para pedir el desplazamiento de Suárez. "El ataque a mi hijo no tuvo nada que ver con lo que pasó frente a la comisaría", dijo Roque Acosta.







