"Todo lo que le sucede al músico, se transmite al público". La afirmación pertenece al director Miguel Angel Gilardi, quien se presentará hoy a las 22, en el teatro Alberdi, junto a la Orquesta Sinfónica de la UNT y a la pianista tucumana Susana Awad, como solista.
El programa elegido incluye el primer concierto para piano y orquesta op. 15 de Johannes Brahms. Según el director, la obra tiene una historia curiosa: iniciada como una sonata para dos pianos, su primer movimiento refleja una enorme crisis espiritual que atravesaba el compositor, quien escribió la partitura a los 20 años. Siguieron dudas, incertidumbres, el intento fallido de transformar la obra en una sinfonía y, al final, la decisión de escribir un concierto para piano, tarea que le llevó aproximadamente cinco años.
"Es una obra muy difícil y extensa, con un lenguaje abstracto pero realmente bellísimo", aseguró Gilardi. En el primer movimiento es donde más se dejan entrever los problemas emocionales del autor por las distintas dinámicas orquestales y por la alternancia en el instrumento solista. La obra culmina con el Adagio, que es una de las emotivas descripciones logradas por Brahms y, en el final, se encuentra uno de los típicos Rondos a la húngara.
Otra postura
El programa se completa con la Obertura de "La flauta mágica", de Wolfgang Amadeus Mozart; la primera suite de Peer Gynt, de Edvard Grieg y "Finlandia" de Jan Sibelius. "La idea era completar el programa con obras cortas que rompan la complejidad de Brahms, pero sin perder la coherencia y sin que canse demasiado al público", argumentó Gilardi.
Es que, en épocas de crisis como esta, tanto el público como los músicos se ven afectados por la realidad. Y la clave está en poder volar con la música. "A la hora de salir al escenario lo que me sirve es conectarme profundamente con la música. De esa manera, puedo transmitir lo mejor de la pieza", dijo Awad.
El programa elegido incluye el primer concierto para piano y orquesta op. 15 de Johannes Brahms. Según el director, la obra tiene una historia curiosa: iniciada como una sonata para dos pianos, su primer movimiento refleja una enorme crisis espiritual que atravesaba el compositor, quien escribió la partitura a los 20 años. Siguieron dudas, incertidumbres, el intento fallido de transformar la obra en una sinfonía y, al final, la decisión de escribir un concierto para piano, tarea que le llevó aproximadamente cinco años.
"Es una obra muy difícil y extensa, con un lenguaje abstracto pero realmente bellísimo", aseguró Gilardi. En el primer movimiento es donde más se dejan entrever los problemas emocionales del autor por las distintas dinámicas orquestales y por la alternancia en el instrumento solista. La obra culmina con el Adagio, que es una de las emotivas descripciones logradas por Brahms y, en el final, se encuentra uno de los típicos Rondos a la húngara.
Otra postura
El programa se completa con la Obertura de "La flauta mágica", de Wolfgang Amadeus Mozart; la primera suite de Peer Gynt, de Edvard Grieg y "Finlandia" de Jan Sibelius. "La idea era completar el programa con obras cortas que rompan la complejidad de Brahms, pero sin perder la coherencia y sin que canse demasiado al público", argumentó Gilardi.
Es que, en épocas de crisis como esta, tanto el público como los músicos se ven afectados por la realidad. Y la clave está en poder volar con la música. "A la hora de salir al escenario lo que me sirve es conectarme profundamente con la música. De esa manera, puedo transmitir lo mejor de la pieza", dijo Awad.







