El telón de la campaña electoral prácticamente se bajó en Tucumán. Los afiches callejeros, la propaganda televisiva y la difusión de los mensajes políticos por los canales de cable serán los nexos de los principales candidatos presidenciales con la gente. La proximidad de estos con los votantes se achicó inmensamente, dentro de agendas reducidas. Además, Tucumán no es de los distritos decisivos en la balanza electoral.
El último de los candidatos presidenciales que llegó a Tucumán fue Ricardo López Murphy. Desembarcó aquí cuando las condiciones políticas habían madurado. El economista liberal que se apartó del radicalismo, encontró el soporte de su candidatura en una alianza de Ciudadanos Independientes y del embrionario partido Recrear. Y la ruptura del senador Pablo Walter con Fuerza Republicana terminó de cerrar el acuerdo. El acercamiento de dirigentes de la UCR le dio oxígeno adicional. De todos modos, las urnas revelarán la profundidad del trasvasamiento de votos de ese origen a la fórmula López Murphy-Ricardo Gómez Diez y, además, si penetró en sectores sociales alejados de su propuesta ideológica.
Por lo pronto, López Murphy está en la cresta de la ola en las encuestas nacionales de opinión. Ese efecto alcanzó a Tucumán, si bien acotado por las particularidades de las políticas locales.
Las tres variantes del peronismo (Carlos Menem, Adolfo Rodríguez Saá y Néstor Kirchner) contienen la expansión del fenómeno, pero entre ellas existe un clima de dura competencia. El oficialismo no pudo llevar agua para su molino porque Eduardo Duhalde canceló su visita a la provincia, ya que debió concentrarse en consolidar el apoyo a Kirchner en Buenos Aires. El impacto electoral del anuncio de las obras de la nueva traza de la ruta 38 se postergó para otra época. Julio Miranda y José Alperovich -su aspirante a sucederlo- están en la primera línea de fuego, por su compromiso público con el duhaldista Kirchner. Ambos serán los receptores de las repercusiones de la prueba electoral del domingo.
Mirando a junio
La dinámica de la política tucumana registró una mayor aceleración en una parcela del mundo antimirandista. La elección de gobernador del 29 de junio y el inminente cierre del plazo para inscribir alianzas explican esas movidas.
Esteban Jerez sintió ayer que volvía a sus orígenes cuando dio por cerradas las tratativas con la representación de la diputada Olijela Rivas. Uno de los negociadores de esta -el ex juez federal Ricardo Maturana- admitía en privado que se alejaban cada vez más las posibilidades de un arreglo con el ex fiscal anticorrupción.
Las "pretensiones desmedidas" de la corriente peronista en materia de candidaturas habría sido una de las fuentes de divergencia. Ahora, Rivas y Antonio Bussi están fuera del escenario elegido por Jerez. En un primer momento, este había descartado una convergencia con el ex gobernador y con la diputada peronista. Argumentó que formaron parte de causas que investigó cuando se desempeñaba en la Fiscalía Anticorrupción.Sin FR y sin una porción del peronismo no alineado con Miranda, Jerez acometerá una empresa política difícil. El Frente Popular (socialistas populares, Polo Social, democristianos y peronistas disidentes), la UCR, Ciudadanos Independientes, Participación Ciudadana y Recrear conformarán inicialmente la coalición que impulsará a Jerez a la gobernación.
Existen dos preocupaciones a ensamblar, que ilustran las diferentes vertientes ideológicas que intentarán coexistir. Por una parte, se plantea la exigencia del equilibrio fiscal para garantizar la gobernabilidad y, por la otra, el reclamo de planes que satisfagan la sensibilidad social. La pericia y la flexibilidad de los potenciales socios afrontarán un severo examen.







