Horas de recomposición

El crecimiento de López Murphy, el único aspirante al poder sin pasado competitivo en la política.

22 Abril 2003
BUENOS AIRES.- Es condición de las grandes crisis políticas dar lugar a hechos y circunstancias sin precedentes y, como no podía ser de otra manera, la que hace un lustro comenzó a incubarse y ahora enfrenta la definición de las urnas, está aportando otro fenómeno del que no había memoria desde 1946. Se trata del vertiginoso crecimiento de Ricardo López Murphy, evidenciado no sólo por las encuestas, sino y más palpablemente, por los rivales que hasta hace un par de semanas lo despreciaban como adversario de riesgo. El fenómeno ya está dado, y más allá de que pueda o no consumarse en el cuarto oscuro, el análisis impone reflexionar sobre las causas que lo provocan, teniendo en cuenta que es el único aspirante al poder sin pasado competitivo en la política. López Murphy no es un hombre con formación liberal, por más que sus ideas económicas puedan parecerlo, habiéndose formado en un partido esencialmente democrático, el radical, por el que también pasaron sus mayores. En todo caso, no se parece a esos liberales a la criolla con anclajes en el autoritarismo y que hicieron del liberalismo nacional un sistema de doble vía. Su secreto proselitista ha sido montar una campaña con el notorio modelo de José Ortega y Gasset, cuando exhortaba a los argentinos para que fueran a las cosas y no a los tramposos celajes del horizonte pampeano.

Los aparatos
A poco que se observe el discurso electoral del candidato del Movimiento Federal Recrear se advierte rápidamente que esa preocupación por las cosas lo aleja de un mensaje "anti" para optar por otro "pro"; es claro lo que propone y lo que rechaza, y entre sus propuestas no son pocas las coincidentes con otros candidatos que prefieren optar por la descalificación antes que por debatir. Es muy probable que en los días inmediatos, hasta el cierre de las campañas, esos estilos de captar adhesiones no se modifiquen, en cuyo caso, el fenómeno puede seguir favoreciendo al candidato sin pasado o, por lo menos, sin los pesados compromisos de sus competidores. Pero todavía hará falta demostrar que una carrera electoral tan breve e improvisada estará en condiciones de enfrentar con éxito el gran aparato partidario de sus rivales más conspicuos, incluido el del propio Gobierno.

Antecedente
El único antecedente de esa situación es el de 1946, cuando Juan Domingo Perón debió enfrentar a las antiguas estructuras partidarias, pero para ello pudo servirse de una paciente urdimbre oficial que le permitió disponer de una poderosa red de compromisos el día de las urnas. Es probable, sin embargo, que no hubiera bastado ese aparato electoral sin el basamento ideológico que significó el nacimiento del peronismo y produjo una fuerte renovación en la política nacional. En tal sentido, el antecedente de 1946 sólo es relativo, si bien la prueba del domingo en los comicios permite suponer que, con éxito o sin él del candidato emergente, se producirá una recomposición política trascendente. (De nuestra Sucursal)

Tamaño texto
Comentarios