Dos por cuatro

Las elecciones del domingo al ritmo del tango.

20 Abril 2003
Por Fabio Ariel Ladetto

Los pueblos se mueven al ritmo de su música más popular, afirman los que saben. Desde el andar cadencioso de una mulata sambera del Brasil hasta la postura orgullosa de un parco alemán, miles de pruebas cotidianas se encolumnan esperando turno para ejemplificar esa idea sonora.
Argentina es uno de los países más ricos en sonidos. Poco tienen de común los distintos estilos musicales que se escuchan al transitar su largo territorio. Pero en todo el mundo, su toque de distinción es el tango. Y al compás del dos por cuatro parece moverse también el escenario electoral, a una semana de elegir a los nuevos presidente y vice de la Nación. Sólo se votarán estos dos cargos, y el mandato durará cuatro años. ¿Será una premonición?
Quien dijo que veinte años no es nada se equivocó profundamente. Hace dos décadas, la sola mención de Raúl Alfonsín o de Italo Luder llevaba a la avenida de Mayo a más de un millón de personas, y las lágrimas se multiplicaban entre quienes esperaban votar (muchos por primera vez). Se llenaron las calles exigiendo "elecciones ya" a un régimen en retirada. Hoy, quien no regale la gaseosa o el vino y el sándwich, y pague 10 pesos, no contará con nadie que lo escuche. Volverá a su casa con la frente marchita. O peor: si pierde con su sublema en junio, apenas por la voz se lo podrá reconocer.
En el conventillo político, cada partido encuentra también a algún autor que pensó en él, sea Discépolo, Cadícamo o algún otro genio del papel. Carlos Menem parece tener el mango del abanico del PJ, pero todavía vive con el alma aferrada a un dulce recuerdo, que llora otra vez, y se presenta casi como un fantasma gris de sí mismo.
Decí, por Dios, qué me has dao, que estoy tan cambiao; no sé más quién soy, esboza con cuidado un Néstor Kirchner maquillado como la continuidad de un Eduardo Duhalde con quien nunca compartió demasiadas cosas.
Si grande fue tu amor cuando viniste, más grande fue el dolor cuando te fuiste, le dice Adolfo Rodríguez Saá al poder, al parecer sin haber podido superar nunca el haber estado sólo una semana en la Presidencia.

El dolor de ya no ser
Enfrente, como en un espejo maltrecho, el radicalismo camina fracturado, para llegar con una fórmula sola, fané y descangayada, y se queja en voz baja del portazo de Lilita Carrió, la percanta que lo amuró, con quien compartió un amor del que nadie sabe lo que quedó.
¡Qué desencuentro! ¡Si hasta Dios está lejano!, podría tener que decir la ex radical si las urnas la ubican lejos de la segunda vuelta, como hasta ahora dicen las encuestas. ¿Dónde hay un mango, viejo López Murphy?, preguntarán muchos ansiosos de saber cuál será la fórmula del futuro y seguro ajuste que propone.
Despreocupado y zafado, siempre mirabas de frente, desgranó en unos versos poco conocidos Jorge Luis Borges, que bien le podrían servir a cualquier referente de los extremos políticos que llegan a las elecciones sin más esperanza que repetir un mensaje testimonial, escasos de votos populares por el pesar de amar y no ser amado.
Pero más allá de todas las dudas, incógnitas y hasta recelos, la oportunidad de votar es el acto participativo por excelencia en esta democracia, que debe ser asumido con madurez y a conciencia, sabedores de que lo que cada uno decide tiene una incidencia en lo personal y en lo colectivo. No sea cosa que luego uno se lamente diciendo: ¡Lo que más bronca me da, es haber sido tan gil!

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