19 Abril 2003 Seguir en 
A poco más de una semana de las elecciones presidenciales, las numerosas encuestas sobre tendencias del electorado están delineando una realidad política bastante diferente de la imaginada en los tiempos más conflictivos de la crisis. Si bien los sondeos de opinión con alcance nacional siguen consignando muy escasas diferencias en la inédita pluralidad de candidatos a gobernar la República, las recomposiciones que se insinúan en el orden de precedencia de los sondeos están indicando una clara mayoría del pensamiento moderado, a la vez que la progresiva disminución del abstencionismo y del voto de protesta, que en los comicios legislativos de 2001 hicieron temer por la suerte de nuestra democracia representativa.
Esa tendencia influye a su vez sobre la orientación de las campañas de los candidatos, quienes tiempo atrás formulaban algunas propuestas extravagantes o de corte populista, como no pagar la deuda, remover todos los cargos públicos o sembrar árboles del Atlántico a los Andes para acabar con el desempleo, por señalar tan sólo algunas. En tal sentido, el desprestigio de la llamada clase política ha sido tan profundo que el electorado muestra tendencias dominantes de un realismo pragmático inmunizado contra la magia discursiva.
En el contexto de esa preferencia por la moderación y el pragmatismo han podido advertirse otros comportamientos sociales -a los que nos referimos hace una semana en este lugar- que contribuyen a la necesaria recreación de una confianza sin la cual sería imposible que el país recupere su capacidad de progreso. Entre ellos, el corroborado respaldo al sistema financiero por parte del 80% de los ahorristas con depósitos bloqueados y desvalorizados, que han resuelto, en libertad, proseguir en el sistema a pesar de la dura experiencia de inseguridad jurídica.
En el mismo contexto, este largo fin de semana fue precedido en el mercado bursátil por una sostenida revalorización que, según los especialistas, debe atribuirse a la conversión que se observa en los candidatos mejor posicionados. Otro factor citado editorialmente en aquella ocasión, el del escaso interés del ciudadano común por el dólar, ha seguido manteniéndose a pesar de la decisión oficial de apoyar la suba de la divisa. Otro dato ilustrativo del rumbo mayoritario del electorado ha sido la decisión del oficialismo de que su candidato incorpore a su eventual gabinete al actual ministro de Economía, tratando de compensar su pérdida relativa en las recientes encuestas. Contrafigura de esa tendencia al realismo del electorado podrían ser las recientes manifestaciones en algunos lugares del país -especialmente en el área metropolitana-, donde ciertos sectores de piqueteros avanzaron sobre puntos estratégicos, rechazando a todos los candidatos presidenciales mencionados por las encuestas y propugnando la masiva abstención electoral. Sin embargo, esos grupos, residuo menor de las legítimas protestas provocadas en su momento por la crisis, han debido pagar el pesado precio de una marginación del sistema democrático, con el alejamiento de las organizaciones más numerosas.
El saldo inmediato de la predisposición electoral observada, si no del todo optimista por causa de la indefinición puntual de un candidato más probable, es esperanzador, pues suscita una reflexión acerca del comportamiento de la ciudadanía después de las urnas; es decir, sobre la necesidad de mantener un estado alerta y militante para lograr la reforma política, cuyo persistente bloqueo ha sido causa fundamental de la crisis del sistema representativo.
La sociedad democrática no debe limitarse a la lucha por el derecho de propiedad sin advertir que la razón última de su violación es resultado de un régimen representativo en crisis.
Esa tendencia influye a su vez sobre la orientación de las campañas de los candidatos, quienes tiempo atrás formulaban algunas propuestas extravagantes o de corte populista, como no pagar la deuda, remover todos los cargos públicos o sembrar árboles del Atlántico a los Andes para acabar con el desempleo, por señalar tan sólo algunas. En tal sentido, el desprestigio de la llamada clase política ha sido tan profundo que el electorado muestra tendencias dominantes de un realismo pragmático inmunizado contra la magia discursiva.
En el contexto de esa preferencia por la moderación y el pragmatismo han podido advertirse otros comportamientos sociales -a los que nos referimos hace una semana en este lugar- que contribuyen a la necesaria recreación de una confianza sin la cual sería imposible que el país recupere su capacidad de progreso. Entre ellos, el corroborado respaldo al sistema financiero por parte del 80% de los ahorristas con depósitos bloqueados y desvalorizados, que han resuelto, en libertad, proseguir en el sistema a pesar de la dura experiencia de inseguridad jurídica.
En el mismo contexto, este largo fin de semana fue precedido en el mercado bursátil por una sostenida revalorización que, según los especialistas, debe atribuirse a la conversión que se observa en los candidatos mejor posicionados. Otro factor citado editorialmente en aquella ocasión, el del escaso interés del ciudadano común por el dólar, ha seguido manteniéndose a pesar de la decisión oficial de apoyar la suba de la divisa. Otro dato ilustrativo del rumbo mayoritario del electorado ha sido la decisión del oficialismo de que su candidato incorpore a su eventual gabinete al actual ministro de Economía, tratando de compensar su pérdida relativa en las recientes encuestas. Contrafigura de esa tendencia al realismo del electorado podrían ser las recientes manifestaciones en algunos lugares del país -especialmente en el área metropolitana-, donde ciertos sectores de piqueteros avanzaron sobre puntos estratégicos, rechazando a todos los candidatos presidenciales mencionados por las encuestas y propugnando la masiva abstención electoral. Sin embargo, esos grupos, residuo menor de las legítimas protestas provocadas en su momento por la crisis, han debido pagar el pesado precio de una marginación del sistema democrático, con el alejamiento de las organizaciones más numerosas.
El saldo inmediato de la predisposición electoral observada, si no del todo optimista por causa de la indefinición puntual de un candidato más probable, es esperanzador, pues suscita una reflexión acerca del comportamiento de la ciudadanía después de las urnas; es decir, sobre la necesidad de mantener un estado alerta y militante para lograr la reforma política, cuyo persistente bloqueo ha sido causa fundamental de la crisis del sistema representativo.
La sociedad democrática no debe limitarse a la lucha por el derecho de propiedad sin advertir que la razón última de su violación es resultado de un régimen representativo en crisis.







