16 Abril 2003 Seguir en 
Manuel Ibarra murió luego de siete días de penosa agonía, dejando a sus cinco pequeños hijos desamparados. El joven recibió un balazo en el cuello en el barrio Ejército Argentino, el domingo 6 de abril. Hasta ahora no hay detenidos.
Alrededor de las 23, Ibarra estaba en Fortunata García y Coronel Zelaya con su hermana gloria Ibarra y con su amigo Manuel Zurita, cuando un anciano les pidió ayuda para llegar hasta la casa de un tal "Chato", que tendría un taller mecánico en la zona.
Caminaron una cuadra, hasta que se encontraron con dos jóvenes que serían hijos del "Chato". "Empezaron a golpear al viejito, lo tiraron al piso y mi hijo les dijo que no molesten. Entonces se la agarraron con él, pero se fueron enseguida", contó Antonio Ibarra, padre de la víctima.
Luego regresaron los sospechosos en un auto, acompañados por otros tres muchachos, y dispararon directamente contra Ibarra con un revólver calibre 32, según relataron los hermanos y amigos de la víctima, que murió el domingo a la noche en el hospital Padilla.
"La Policía no hizo nada; debe tener arreglos con esta gente que compra y vende autos dudosos", se quejó Luis Ibarra, hermano de la víctima. Ayer tomó las actuaciones la sección Seguridad Personal de Investigaciones, y según se supo los oficiales trabajan sobre pistas firmes y anoche se iban a realizar allanamientos y posiblemente detenciones.
Ibarra vivía a la vuelta de la casa de su padre, en el pasaje Lima, con su esposa Patricia Herrera y sus cinco hijos, de entre 2 meses y 9 años. Trabajaba como yesero y en obras con sus hermanos mayores, y cuando tenía tiempo trataba de ir arreglando la vieja camioneta Chevrolet que se había comprado. Cuatro días antes de ser baleado -dijo Luis- fue al taller del "Chato" y compró un amortiguador. "No eran amigos, pero los conocía porque son del barrio. Pero esos changos viven tomando", dijo.
Alrededor de las 23, Ibarra estaba en Fortunata García y Coronel Zelaya con su hermana gloria Ibarra y con su amigo Manuel Zurita, cuando un anciano les pidió ayuda para llegar hasta la casa de un tal "Chato", que tendría un taller mecánico en la zona.
Caminaron una cuadra, hasta que se encontraron con dos jóvenes que serían hijos del "Chato". "Empezaron a golpear al viejito, lo tiraron al piso y mi hijo les dijo que no molesten. Entonces se la agarraron con él, pero se fueron enseguida", contó Antonio Ibarra, padre de la víctima.
Luego regresaron los sospechosos en un auto, acompañados por otros tres muchachos, y dispararon directamente contra Ibarra con un revólver calibre 32, según relataron los hermanos y amigos de la víctima, que murió el domingo a la noche en el hospital Padilla.
"La Policía no hizo nada; debe tener arreglos con esta gente que compra y vende autos dudosos", se quejó Luis Ibarra, hermano de la víctima. Ayer tomó las actuaciones la sección Seguridad Personal de Investigaciones, y según se supo los oficiales trabajan sobre pistas firmes y anoche se iban a realizar allanamientos y posiblemente detenciones.
Ibarra vivía a la vuelta de la casa de su padre, en el pasaje Lima, con su esposa Patricia Herrera y sus cinco hijos, de entre 2 meses y 9 años. Trabajaba como yesero y en obras con sus hermanos mayores, y cuando tenía tiempo trataba de ir arreglando la vieja camioneta Chevrolet que se había comprado. Cuatro días antes de ser baleado -dijo Luis- fue al taller del "Chato" y compró un amortiguador. "No eran amigos, pero los conocía porque son del barrio. Pero esos changos viven tomando", dijo.
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