El teatro es la voz de los palestinos de Gaza

Artistas locales representan a dirigentes y a la gente en una obra que lleva mucho público.

LOCURA. El zapatero (derecha), habla de su dolor a uno de sus vecinos. REUTER
LOCURA. El zapatero (derecha), habla de su dolor a uno de sus vecinos. REUTER
23 Marzo 2010
GAZA.- Mientras el conflicto de Cercano Oriente se desarrolla por la vía diplomática trazada hace años, sin resultado a la vista, los palestinos de la Franja de Gaza, aislados y casi abandonados a su suerte buscan la manera de vivir lo mejor posible el día a día en medio de las disputas internas y de la presión militar israelí.

Por temor a la represalia, los palestinos de la Franja de Gaza se abstienen de criticar al movimiento islámico Hamas que controla el enclave costero. A menos que lo hagan por medio del arte, como sucede en Gaza, donde un grupo de actores está representando con éxito una obra que da cabida a las frustraciones de los palestinos con sus dirigentes. "El Cordón" se estrenó este mes en Gaza con audiencias de más de 1.000 personas. Es una critica a todas las partes implicadas en las amargas y a veces sangrientas divisiones que han entorpecido la búsqueda de un Estado palestino independiente. Pero en el empobrecido territorio bloqueado por Israel, la desesperación de muchos se enfoca en Hamas, que tiene el monopolio de la política desde que en 2007 expulsó a las fuerzas leales al presidente Mahmoud Abbas.

Juego de colores

La obra, que dirige Hazen Abu Hamid, da también a los espectadores la posibilidad de abuchear a Al Fatah, el partido de Abbas que dominó la vida palestina durante décadas, así como a otras formaciones que comparten la responsabilidad por la caótica y con frecuencia corrupta gestión de su vida diaria. "¡Los hemos escuchado. Los conocemos y los hemos probado y estamos hartos de ustedes!", grita un personaje a un grupo de supuestos políticos sobre el escenario. Los partidos a los que pertenecen están indicados por el color de los cordones que atan sus carpetas llenas de papeles y que llegan hasta detrás del escenario, simbolizando que sus líderes están unidos a pagadores extranjeros. El color verde es para Hamas, que apoya Irán; el amarillo para Al Fatah, apoyado por Occidente; el rojo para izquierdistas como el Frente Popular para la Liberación de Palestina (PFLP), y el negro es de la Jihad Islámica. Cada burla es recibida con risas y aplausos por el público, que se ve reflejado en las escenas de desesperación en un escenario que muestra un campo de refugiados, con las paredes cubiertas de pintadas de las facciones rivales. "En vez de un gobierno, tenemos dos, y en vez de un sistema de televisión, tenemos dos", se lamenta en otra escena un humilde zapatero.

El mensajero

La trama cuenta cómo un profesor, enloquecido por el dolor después de que unos matones asesinaron a su padre, primero escandaliza a sus vecinos con sus cantos enfurecidos contra el sistema, pero poco a poco la gente se va dando cuenta de las verdades que dice. "Dos ministros de Economía, y la economía está en ruinas", se queja. "Dos ministros de Educación y tenemos una generación sin disciplina. Dos ministros del Interior y no tenemos seguridad", agrega.

Las autoridades de Hamas aprobaron la obra, pero según los artistas quizá no conocían su contenido. Muchos espectadores confesaron estar a punto de llorar en medio de tanta risa, a medida que la sátira va dejando paso al dolor y la ansiedad de una población cansada de promesas vacías. Pero lo que queda al final es la alegría cuando la gente se une al profesor para echar a los líderes del escenario, cortando y tirando al suelo los coloridos cordones. (Reuters)

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