El nuevo guardián de San Martín

En su debut en La Ciudadela, el arquero salvó la ropa con una atajada tremenda a Abán.

BUENAS Y MALAS. Lencina había comenzado con dudas, pero terminó siendo fundamental. Fue su segundo partido de titular, el primero en Tucumán.
BUENAS Y MALAS. Lencina había comenzado con dudas, pero terminó siendo fundamental. Fue su segundo partido de titular, el primero en Tucumán.
Dio la sensación de que en los primeros minutos a Pablo Lencina le pesó el debut en casa. No le fue sencillo mantener la calma. Sobre todo por el público, que inyecta una presión lógica con su aliento incondicional. Para colmo, el murmullo de la gente se escucha más fuerte que nunca y a veces las ideas se nublan, la pelota se convierte en un jabón y se escurre con facilidad. Lo mismo sucede con las piernas y las manos, que se vuelven inseguras. Pero toda esa tensión desapareció en 28 minutos. El punto de inflexión fue cuando Lencina le tapó un mano a mano a Gonzalo Abán. Era el empate de Ferro, pero "Pablito" ahogó el grito. A partir de esa jugada, se vio a otro arquero. Ganó en seguridad para resolver cada intento de la visita. Eso sí, los envíos aéreos son una cuenta pendiente.

El despegue
La prueba de fuego para el joven de Santa Ana había sido contra la CAI. Esa tarde se lo había notado mucho más sereno que ayer. Aunque en Comodoro Rivadavia la última pelota le jugó una mala pasada y Piñero Da Silva lo madrugó en tiempo de descuento.
Esta vez el fútbol le dio la revancha a Lencina, que terminó vistiéndose de héroe al atajarle la pelota del partido al propio Abán. "Trabajo para dar siempre lo mejor. Tuve la fortuna de estar bien parado y eso me dio la posibilidad de reaccionar bien frente al disparo de Abán", sostuvo emocionado el arquero, que reconoció no haberse sentido del todo seguro durante el cotejo de ayer. "Tuve algunos inconvenientes. Me apresuré  y eso me llevó a cometer errores. Con el correr de los minutos me tranquilicé", confesó.
"Cuando entré se me puso la piel de gallina. No es fácil debutar en La Ciudadela. Gracias a Dios, después de algunos sofocones las cosas me salieron bien. Pero lo que más contento me pone es que volvimos a ganar", dice con humildad Lencina, un chico que mira el futuro con otros ojos. Los de un guardián.

"En esta ocasión más que nunca me sirvieron los consejos que me da mi amigo Marcos Gutiérrez. El triunfo no se produjo gracias a las individualidades; el equipo hizo el esfuerzo y eso nos permitió asegurarnos los tres puntos".

"Cuando entro a la cancha lo hago pensando en mi familia. Tanto en las buenas como en las malas, mis seres queridos me apoyan incondicionalmente. Lo mismo sucede con el grupo y con los integrantes del cuerpo técnico".

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