11 Abril 2003 Seguir en 
BAGDAD.- Grupos de saqueadores penetraron el jueves en las casas de miembros del círculo íntimo de Saddam Hussein, en Bagdad, para llevarse de todo, desde lámparas hasta cables eléctricos, pero desdeñaron las obras coleccionadas por el propio Hussein. Los saqueadores, muchos de ellos armados, merodeaban por las calles de la capital desvalijando oficinas y las casas del temido primo de Hussein, el general Ali Hassan al-Majid, conocido por muchos como "Alí El químico", y la del hombre de confianza del derrocado presidente iraquí, Izzat Ibrahim.
Todavía es un misterio el paradero de Hussein y sus colaboradores, que posiblemente buscaron refugio antes de que las tropas invasoras norteamericanas tomaran Bagdad el miércoles.
Los saqueadores aparecieron con tractores y camiones, e incluso ómnibus, en una villa que pertenecía a Tarek Aziz, viceprimer ministro. Se llevaron todo, incluso los libros de la biblioteca del ex funcionario. En la casa del medio hermano de Saddam, Watban Ibrahim al-Hassan, un hombre se llevó una puerta decorada con incrustaciones de oro.
También fue desvalijada la mansión del hijo mayor de Saddam, Uday. Allí quedó sólo una parrilla de hierro para asar carne. La residencia de la hija predilecta del líder iraquí, Hala, corrió la misma suerte. Muchos de los saqueadores eran de la ciudad Saddam, un suburbio de Bagdad donde viven unos dos millones de musulmanes chiítas pobres. Cuando se le preguntó por qué robaba en la casa de Aziz, un hombre señaló en silencio su boca abierta, para indicar que tenía hambre y necesitaba comprar comida.
A pesar de la osadía, muchos saqueadores preguntaban con ansiedad si todavía existía alguna amenaza de Hussein y sus aliados. "¿Saddam está vivo o muerto? Ese tipo tiene siete vidas", dijo uno de ellos. "Todavía tenemos miedo. No creeré que ha muerto hasta que vea su cadáver", dijo.
En otra parte de Bagdad, saqueadores prendieron fuego al Ministerio de Comercio. Las llamas salían por las ventanas del primer piso del edificio cercano a la rivera este del río Tigris. Otro edificio cercano al Ministerio del Interior, donde había oficinas relacionadas con las tarjetas de identidad, también ardía mientras la gente se llevaba computadoras y muebles.Asimismo, fueron desvalijados varios edificios diplomáticos, incluida la embajada de Alemania, el centro cultural francés y la residencia del embajador finlandés.
La situación rozaba la anarquía en Basora, en el sur, agravada por la ausencia de cualquier tipo de autoridad y la aparente impasibilidad de las tropas británicas. En Kirkuk, en el norte, el caos y el júbilo se confundían en las calles tras la llegada de las fuerzas kurdas y norteamericanas. Los residentes saqueaban comercios y se llevaban heladeras, alfombras, y en algunos casos hasta utilizaban camiones. (Reuter-Télam-SNI)
Todavía es un misterio el paradero de Hussein y sus colaboradores, que posiblemente buscaron refugio antes de que las tropas invasoras norteamericanas tomaran Bagdad el miércoles.
Los saqueadores aparecieron con tractores y camiones, e incluso ómnibus, en una villa que pertenecía a Tarek Aziz, viceprimer ministro. Se llevaron todo, incluso los libros de la biblioteca del ex funcionario. En la casa del medio hermano de Saddam, Watban Ibrahim al-Hassan, un hombre se llevó una puerta decorada con incrustaciones de oro.
También fue desvalijada la mansión del hijo mayor de Saddam, Uday. Allí quedó sólo una parrilla de hierro para asar carne. La residencia de la hija predilecta del líder iraquí, Hala, corrió la misma suerte. Muchos de los saqueadores eran de la ciudad Saddam, un suburbio de Bagdad donde viven unos dos millones de musulmanes chiítas pobres. Cuando se le preguntó por qué robaba en la casa de Aziz, un hombre señaló en silencio su boca abierta, para indicar que tenía hambre y necesitaba comprar comida.
A pesar de la osadía, muchos saqueadores preguntaban con ansiedad si todavía existía alguna amenaza de Hussein y sus aliados. "¿Saddam está vivo o muerto? Ese tipo tiene siete vidas", dijo uno de ellos. "Todavía tenemos miedo. No creeré que ha muerto hasta que vea su cadáver", dijo.
En otra parte de Bagdad, saqueadores prendieron fuego al Ministerio de Comercio. Las llamas salían por las ventanas del primer piso del edificio cercano a la rivera este del río Tigris. Otro edificio cercano al Ministerio del Interior, donde había oficinas relacionadas con las tarjetas de identidad, también ardía mientras la gente se llevaba computadoras y muebles.Asimismo, fueron desvalijados varios edificios diplomáticos, incluida la embajada de Alemania, el centro cultural francés y la residencia del embajador finlandés.
La situación rozaba la anarquía en Basora, en el sur, agravada por la ausencia de cualquier tipo de autoridad y la aparente impasibilidad de las tropas británicas. En Kirkuk, en el norte, el caos y el júbilo se confundían en las calles tras la llegada de las fuerzas kurdas y norteamericanas. Los residentes saqueaban comercios y se llevaban heladeras, alfombras, y en algunos casos hasta utilizaban camiones. (Reuter-Télam-SNI)







