10 Marzo 2010 Seguir en 
Pasó varios años de su vida encerrado en el penal de Villa Urquiza. Las paredes humedecidas de la cárcel, el olor del encierro y la enloquecedora rutina son recuerdos que quiere sepultar para siempre. En pocas semanas, junto a su defensor, Manuel Ruiz, deberá afrontar un tribunal. Ya conoce lo que es perder la libertad, y no quiere repetirlo. Aceptó hablar con LA GACETA con la condición de que su identidad no sea revelada.
- ¿Cómo es vivir en la cárcel?
- Te despiertan a las 7, recuentan los presos y ven que esté todo en orden. De ahí en más, si vos querés, podés estar sin hacer nada hasta las dos de la tarde, cuando podés salir al patio. Igual, tampoco hay mucho para entretenerse. Ya ni jugar al fútbol se puede. Los días de visita son los más sagrados para un preso.
- ¿Viste droga en el penal?
- Sí, se mueve mucha. El que entra sano sale peor. Algunos presos cachivaches les piden a sus familiares que les lleven ropa, mercadería y otras cosas. Después, las cambian por pastillas (psicofármacos) o por fasos (cigarrillos de marihuana). Es toda una organización; hay "transas" adentro que trabajan para gente de afuera. Pero ninguno de esos se arriesga; para vender la droga están los "soldaditos". Hay familiares que sí meten droga, pero la mayoría entra por otra parte. Es imposible que en una visita alguien entre con medio kilo de marihuana. A fin de año o en Navidad es cuando más se ve.
- ¿Consumiste alguna vez?
- Sí. Pero yo me controlo. Fumé mucho faso y tomé pastillas, porque es como si se te rompiera el reloj ahí adentro. Una vez me apuñalaron por culpa de eso, y no consumí nunca más. Pero la mayoría no puede salir.
- ¿Cómo es vivir en la cárcel?
- Te despiertan a las 7, recuentan los presos y ven que esté todo en orden. De ahí en más, si vos querés, podés estar sin hacer nada hasta las dos de la tarde, cuando podés salir al patio. Igual, tampoco hay mucho para entretenerse. Ya ni jugar al fútbol se puede. Los días de visita son los más sagrados para un preso.
- ¿Viste droga en el penal?
- Sí, se mueve mucha. El que entra sano sale peor. Algunos presos cachivaches les piden a sus familiares que les lleven ropa, mercadería y otras cosas. Después, las cambian por pastillas (psicofármacos) o por fasos (cigarrillos de marihuana). Es toda una organización; hay "transas" adentro que trabajan para gente de afuera. Pero ninguno de esos se arriesga; para vender la droga están los "soldaditos". Hay familiares que sí meten droga, pero la mayoría entra por otra parte. Es imposible que en una visita alguien entre con medio kilo de marihuana. A fin de año o en Navidad es cuando más se ve.
- ¿Consumiste alguna vez?
- Sí. Pero yo me controlo. Fumé mucho faso y tomé pastillas, porque es como si se te rompiera el reloj ahí adentro. Una vez me apuñalaron por culpa de eso, y no consumí nunca más. Pero la mayoría no puede salir.
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