10 Marzo 2010 Seguir en 
SANTIAGO DE CHILE.- Sebastián Piñera soñaba con alcanzar hacia fines de su mandato de gobierno un producto por habitante cercano a los U$S20.000. Lo tenía todo. Ahorros fiscales por U$S20.000 millones, inflación controlada, una reactivación fuerte en progreso y vínculos privilegiados con los principales grupos económicos del país, entre los cuales está el mismo.
Sin embargo, el terremoto y el posterior tsunami que asolaron Chile hace 10 días cambiaron dramáticamente el escenario. Los próximos tres años su prioridad probablemente será la reconstrucción. Los primeros días, Piñera incluso se resistió a la evidencia. "Mi gobierno cumple sus compromisos", declaró y rechazó que readecuaría su programa. Pero sucumbió ante la enormidad del daño causado por la naturaleza, que suma pérdidas de U$S4.800 millones sólo en hospitales y obras públicas. Aún nadie sabe cuál será el costo de reparar además colegios y viviendas. Se habla de dos millones de damnificados. La crisis, aún en su fase de emergencia sanitaria y alimentaria, lo obligó también a pedirle a Bachelet que le permita mantener parte de su equipo de gobierno en las regiones después de que asuma.
"Vienen tiempos mejores", dijo Piñera. La prioridad será acordar una nueva ley de presupuesto para este año, que permita enfocar todos los gastos a la tarea de reconstrucción y reactivación económica. Nadie está en contra por ahora. Luego Piñera deberá evaluar si el equipo de ministros que nombró antes del terremoto es el más idóneo para las nuevas tareas. Sus asesores son esencialmente personas sin experiencia política, gerentes y consultores de los principales grupos económicos. Los hombres que Piñera suponía necesitaba para mejorar la productividad del país. Ahora, claro está, todo ha cambiado.
Sin embargo, el terremoto y el posterior tsunami que asolaron Chile hace 10 días cambiaron dramáticamente el escenario. Los próximos tres años su prioridad probablemente será la reconstrucción. Los primeros días, Piñera incluso se resistió a la evidencia. "Mi gobierno cumple sus compromisos", declaró y rechazó que readecuaría su programa. Pero sucumbió ante la enormidad del daño causado por la naturaleza, que suma pérdidas de U$S4.800 millones sólo en hospitales y obras públicas. Aún nadie sabe cuál será el costo de reparar además colegios y viviendas. Se habla de dos millones de damnificados. La crisis, aún en su fase de emergencia sanitaria y alimentaria, lo obligó también a pedirle a Bachelet que le permita mantener parte de su equipo de gobierno en las regiones después de que asuma.
"Vienen tiempos mejores", dijo Piñera. La prioridad será acordar una nueva ley de presupuesto para este año, que permita enfocar todos los gastos a la tarea de reconstrucción y reactivación económica. Nadie está en contra por ahora. Luego Piñera deberá evaluar si el equipo de ministros que nombró antes del terremoto es el más idóneo para las nuevas tareas. Sus asesores son esencialmente personas sin experiencia política, gerentes y consultores de los principales grupos económicos. Los hombres que Piñera suponía necesitaba para mejorar la productividad del país. Ahora, claro está, todo ha cambiado.
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