09 Marzo 2010 Seguir en 
Extensa y aburrida, la ceremonia de entrega de los Oscar sólo cautivó por la contienda entre Katryn Bigelow y James Cameron, y por la expectativa generada en torno a la candidatura de "El secreto de sus ojos". Los chistes prefabricados de los conductores Alec Baldwin y Steve Martin, aunque con excepciones, no produjeron el efecto esperado por los organizadores.
Mucho menos en los países de habla hispana, donde las dudosas traducciones hicieron menos atractivos los comentarios. Algo similar, aunque más rígido aún, sucedió con quienes presentaron las candidaturas y entregaron los premios.
Fue una ceremonia densa, poco interesante. Aunque la producción escenográfica y la edición de las presentaciones fueron impactantes, esos logros se diluyeron rápidamente frente figuras sumamente acartonadas en el escenario. En la anterior edición de la fiesta de la industria, con un Hugh Jackman brillante, se había logrado mucha más agilidad y fue bastante más corta. Pero ahora los organizadores parecen haber perdido la noción de vértigo y alegría que marcan los tiempos en la televisión.
Mucho menos en los países de habla hispana, donde las dudosas traducciones hicieron menos atractivos los comentarios. Algo similar, aunque más rígido aún, sucedió con quienes presentaron las candidaturas y entregaron los premios.
Fue una ceremonia densa, poco interesante. Aunque la producción escenográfica y la edición de las presentaciones fueron impactantes, esos logros se diluyeron rápidamente frente figuras sumamente acartonadas en el escenario. En la anterior edición de la fiesta de la industria, con un Hugh Jackman brillante, se había logrado mucha más agilidad y fue bastante más corta. Pero ahora los organizadores parecen haber perdido la noción de vértigo y alegría que marcan los tiempos en la televisión.










