07 Marzo 2010 Seguir en 

La originalidad de John Carlin pasa por el abordaje profundo de una conexión no muy conocida de la política sudafricana con el deporte de ese país. El factor humano devela la forma en que Mandela apostó a que una victoria en la final del campeonato mundial de rugby del año 1995 podría darle a la incipiente democracia de su país una cohesión que no tenía y que le sería imprescindible para subsistir. Su libro desmenuza los detalles de esa operación política, a través de entrevistas a quienes fueron sus protagonistas o factores clave (empezando por el propio Mandela y siguiendo por sus mayores detractores y por los jugadores que llevaron a cabo la hazaña deportiva), y los integra dentro de un relato que ayuda a entender las enormes fragilidades que tiene la construcción de la paz en un terreno minado por el resentimiento y la desconfianza.
Para comprender la trascendencia de esta variante invertida del Mundial de fútbol de 1978 o de las olimpíadas de Berlín en 1936, Carlin se remite a la oscura y nada lejana época del apartheid y a partir de ahí cuenta la fascinante historia de Mandela (la del presidiario que se convirtió en presidente) y la de la improbable unidad sudafricana. Esta remisión es escasa en Invictus, la película basada en el libro y dirigida por Clint Eastwood. Por limitaciones propias del género, el film no logra esquivar algunas simplificaciones (que derivan de la dificultad de exponer las complejidades que enmarcan a la historia central) pero logra reflejar buena parte de la intensa trama del libro que la inspiró.
LA DIRECCION
© LA GACETA
Fragmento del libro
"Ningún otro país había hecho una transición de la tiranía a la democracia mejor ni con más compasión. Reconocí que ya se había escrito mucho sobre los mecanismos internos del "milagro sudafricano". Pero lo que faltaba, en mi opinión, era un libro sobre el factor humano, sobre lo milagroso del milagro. Lo que yo tenía en mente era una historia desinhibidoramente positiva que mostrase los mejores aspectos del animal humano; un libro sobre un país cuya mayoría negra debería haber exigido a gritos la venganza y, sin embargo, siguiendo el ejemplo de Mandela, dio al mundo una lección de inteligencia y de capacidad de perdonar".
Para comprender la trascendencia de esta variante invertida del Mundial de fútbol de 1978 o de las olimpíadas de Berlín en 1936, Carlin se remite a la oscura y nada lejana época del apartheid y a partir de ahí cuenta la fascinante historia de Mandela (la del presidiario que se convirtió en presidente) y la de la improbable unidad sudafricana. Esta remisión es escasa en Invictus, la película basada en el libro y dirigida por Clint Eastwood. Por limitaciones propias del género, el film no logra esquivar algunas simplificaciones (que derivan de la dificultad de exponer las complejidades que enmarcan a la historia central) pero logra reflejar buena parte de la intensa trama del libro que la inspiró.
LA DIRECCION
© LA GACETA
Fragmento del libro
"Ningún otro país había hecho una transición de la tiranía a la democracia mejor ni con más compasión. Reconocí que ya se había escrito mucho sobre los mecanismos internos del "milagro sudafricano". Pero lo que faltaba, en mi opinión, era un libro sobre el factor humano, sobre lo milagroso del milagro. Lo que yo tenía en mente era una historia desinhibidoramente positiva que mostrase los mejores aspectos del animal humano; un libro sobre un país cuya mayoría negra debería haber exigido a gritos la venganza y, sin embargo, siguiendo el ejemplo de Mandela, dio al mundo una lección de inteligencia y de capacidad de perdonar".
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