Héctor Silva Olivares llegó a Tucumán alertado por la polémica que involucró a la Fundación Salud, que él preside, a partir de las severas objeciones que el Tribunal de Cuentas formuló al convenio por $ 800.000 firmado por el Ministerio de Salud. Excusándose de responder respecto de las cuestiones administrativas rechazadas por el ente de control y de proporcionar datos concretos, como el listado de profesores y de estudiantes, el profesional chileno se presentó ante la prensa en el Centro de Salud, acompañado por un par de odontólogas. Casi al mismo tiempo en el que el gobernador, José Alperovich, respaldaba con firmeza al ministro Pablo Yedlin a unas cuantas cuadras de allí. "Me parece correcto, es el papel que debe tener un organismo como ese", aseveró el titular de Funsal respecto de la investigación en el área de Salud.
En todo momento, Silva Olivares se mostró sereno. Llenó de elogios a la gestión oficial en materia de salud y se preocupó por dejar en claro que la Fundación Salud aún no cobró un sólo centavo del Gobierno por las capacitaciones dictadas en 2008 y en 2009, tanto en preparación del personal auxiliar como de los dentistas del Siprosa.
-¿Cuántas personas se capacitaron?
-Yo creo que, en total, 170 personas, entre odontólogos y auxiliares. Ahora bien, yo asumo la responsabilidad de ver quiénes iban a ser (los capacitados).
-¿Tiene un listado?
Sí, está todo, no hay nada escondido.
-¿Se puede conocer el listado?
-Supongo que sí. A mí no me corresponde; usted tendrá que solicitarlo en el Ministerio. Pero que existe, existe. El Tribunal de Cuentas tendrá que tenerlo.
-¿Quiénes son los profesionales que dictaron los cursos?
-Los nombres exactos no se los podría dar, pero están...
-¿Son empleados del Siprosa?
-Sí, tuvimos suficiente cuidado en este último curso en seleccionar profesionales que habían seguido el otro curso anterior; o sea que manejaban como profesionales dos temas: endodoncia y el uso de sistemas productivos. Además, que se habían destacado en el primer curso. De eso yo me preocupé personalmente. No lo seleccionó nadie, del Siprosa o del Ministerio; yo, personalmente, habría declinado de dictar el curso si me hubieran traido gente. Porque esa es mi responsabilidad. La fundación se hace responsable del curso.
-¿Por qué la fundación se inscribió tres meses después de iniciado el último curso?
-Eso tiene otra explicación; es probable que nosotros hayamos cometido algún error. Puede ser, y lo asumo si es así. Yo creo que no, pero puede ser. Cuesta ser breve si se quiere clarificar las cosas. Yo estoy viniendo acá desde hace seis años. Y no vine con ninguna fundación, vine convocado como experto internacional.
-¿Lo convocó el ex ministro de Salud, Juan Manzur?
-Claro, el ex ministro; y yo hice propuestas. Algunas fueron tomadas y otras no. Eso llevó un par de años. Además de ser un consultor internacional, soy miembro del directorio de una fundación internacional (Internacional Foundations for Health) que trabaja en todo el mundo. Los objetivos centrales son salud, servicios y prevención; y formación de recursos humanos. Nuestra experiencia no siempre ha sido buena: cuando hemos entregado dinero a un país no siempre se ha manejado bien. Por eso se tomó una resolución: primero vamos a ver qué está haciendo el país. Se le pide un proyecto, se le dice que ponga el 60% y que nosotros lo apoyamos con el 40%.
-¿Y en este caso puntual?
-¿Qué encontramos en Tucumán? A juicio nuestro, un tremendo proyecto que, me atrevo a decir, no he visto en otras partes del mundo. Como en todos lados, siempre hay muchas trabas burocráticas y los proyectos iban lentos. Como director de la fundación para América Latina, calidad que aún mantengo, les dije a las autoridades "bueno, hay una fundación que ya chequeó que este es un proyecto que vale la pena y nosotros estamos dispuestos a colaborar". Así partió esto. ¿Qué pasó en el transcurso? Las trabas burocráticas eran muy grandes. Si yo les pudiera contar todo el tiempo que gastamos en papeleo sin poder solucionar... llegaban documentos en inglés y había que traducirlos, ponerles timbre, autentificarlos. El trámite era muy lento. Entonces propuse que inscribamos aquí la fundación, que armemos una sucursal. Pasó otro año y los otros directores me preguntaban por qué este proyecto no salía. Fue entonces cuando abogados de acá me dijeron que era más fácil hacer una nueva fundación. Consulté, me dijeron "no hay inconveniente, se hace otra fundación y después se acuerda"... porque los fondos no van a salir; los grandes fondos vienen de afuera, me entiende, no son locales. Entonces bueno, esto partió en junio y en agosto se aprobó la fundación local. En ese momento, la fundación manda la factura al Gobierno.
-¿Pudo cobrar?
-No, hicimos el trámite porque se venía cerrando el año y todos sabemos que los años fiscales hay que cerrarlos. Diciembre estaba encima, dijimos "mandémoslo ahora para que nos paguen en diciembre". Y por eso se mandó en esa fecha, pero el curso, como nosotros no estábamos preocupados por los dinero... y por favor creánmelo; y el Siprosa necesitaba que los cursos partieran lo antes posible, se iniciaron en mayo. Esa es la incongruencia que hay; también hay de parte nuestra buena fe, porque partimos de la base de que el proceso administrativo se iba a producir.
-¿Los $ 800.000 pautados son en concepto de qué?
-Yo no he cobrado un centavo a este país, y lo puedo demostrar. Es un aporte que hace la fundación al Siprosa, en este caso. No hay un cobro personal, lo que se cobra es por razones de contabilidad; de ley, no de aquí, si no de Estados Unidos. La fundación año a año debe ser ratificada. Los cursos que cobramos se cotizaron en base a estándares. Si calculan el número de estudiantes, sobre 250 horas de cursado y el costo, la hora por estudiante ronda los $ 13 o $ 14. Creo que no hay nadie que cobre eso, siempre es mucho más.
-¿Por qué se inscribió la sede en un departamento cuyo telérono figura a nombre de Raúl Penna? (N. de la R.: funcionario de del ministro Manzur)
-Cuando llegué aquí, aún no era "fundación". Y cuando fuí a pedir teléfono me dijeron "no se lo podemos dar", entonces recurrí a una persona conocida, de mi confianza, el doctor Penna. Esa es la razón.
-¿Sabía que era funcionario?
-Sí; y no había ninguna incompatibilidad. Si la fundación no estaba en mente de ellos ni de nadie. Yo venía sólo como funcionario. Los que tenemos este tipo de trabajos estamos aburridos de restoranes y de hoteles. A mí, que me inviten a comer un platito típico en una casa es una suerte mayor. Yo dije, "va a haber una suerte de continuidad, voy a arrendar un departamentito"; y ahí fue cuando necesité el teléfono particular.
En todo momento, Silva Olivares se mostró sereno. Llenó de elogios a la gestión oficial en materia de salud y se preocupó por dejar en claro que la Fundación Salud aún no cobró un sólo centavo del Gobierno por las capacitaciones dictadas en 2008 y en 2009, tanto en preparación del personal auxiliar como de los dentistas del Siprosa.
-¿Cuántas personas se capacitaron?
-Yo creo que, en total, 170 personas, entre odontólogos y auxiliares. Ahora bien, yo asumo la responsabilidad de ver quiénes iban a ser (los capacitados).
-¿Tiene un listado?
Sí, está todo, no hay nada escondido.
-¿Se puede conocer el listado?
-Supongo que sí. A mí no me corresponde; usted tendrá que solicitarlo en el Ministerio. Pero que existe, existe. El Tribunal de Cuentas tendrá que tenerlo.
-¿Quiénes son los profesionales que dictaron los cursos?
-Los nombres exactos no se los podría dar, pero están...
-¿Son empleados del Siprosa?
-Sí, tuvimos suficiente cuidado en este último curso en seleccionar profesionales que habían seguido el otro curso anterior; o sea que manejaban como profesionales dos temas: endodoncia y el uso de sistemas productivos. Además, que se habían destacado en el primer curso. De eso yo me preocupé personalmente. No lo seleccionó nadie, del Siprosa o del Ministerio; yo, personalmente, habría declinado de dictar el curso si me hubieran traido gente. Porque esa es mi responsabilidad. La fundación se hace responsable del curso.
-¿Por qué la fundación se inscribió tres meses después de iniciado el último curso?
-Eso tiene otra explicación; es probable que nosotros hayamos cometido algún error. Puede ser, y lo asumo si es así. Yo creo que no, pero puede ser. Cuesta ser breve si se quiere clarificar las cosas. Yo estoy viniendo acá desde hace seis años. Y no vine con ninguna fundación, vine convocado como experto internacional.
-¿Lo convocó el ex ministro de Salud, Juan Manzur?
-Claro, el ex ministro; y yo hice propuestas. Algunas fueron tomadas y otras no. Eso llevó un par de años. Además de ser un consultor internacional, soy miembro del directorio de una fundación internacional (Internacional Foundations for Health) que trabaja en todo el mundo. Los objetivos centrales son salud, servicios y prevención; y formación de recursos humanos. Nuestra experiencia no siempre ha sido buena: cuando hemos entregado dinero a un país no siempre se ha manejado bien. Por eso se tomó una resolución: primero vamos a ver qué está haciendo el país. Se le pide un proyecto, se le dice que ponga el 60% y que nosotros lo apoyamos con el 40%.
-¿Y en este caso puntual?
-¿Qué encontramos en Tucumán? A juicio nuestro, un tremendo proyecto que, me atrevo a decir, no he visto en otras partes del mundo. Como en todos lados, siempre hay muchas trabas burocráticas y los proyectos iban lentos. Como director de la fundación para América Latina, calidad que aún mantengo, les dije a las autoridades "bueno, hay una fundación que ya chequeó que este es un proyecto que vale la pena y nosotros estamos dispuestos a colaborar". Así partió esto. ¿Qué pasó en el transcurso? Las trabas burocráticas eran muy grandes. Si yo les pudiera contar todo el tiempo que gastamos en papeleo sin poder solucionar... llegaban documentos en inglés y había que traducirlos, ponerles timbre, autentificarlos. El trámite era muy lento. Entonces propuse que inscribamos aquí la fundación, que armemos una sucursal. Pasó otro año y los otros directores me preguntaban por qué este proyecto no salía. Fue entonces cuando abogados de acá me dijeron que era más fácil hacer una nueva fundación. Consulté, me dijeron "no hay inconveniente, se hace otra fundación y después se acuerda"... porque los fondos no van a salir; los grandes fondos vienen de afuera, me entiende, no son locales. Entonces bueno, esto partió en junio y en agosto se aprobó la fundación local. En ese momento, la fundación manda la factura al Gobierno.
-¿Pudo cobrar?
-No, hicimos el trámite porque se venía cerrando el año y todos sabemos que los años fiscales hay que cerrarlos. Diciembre estaba encima, dijimos "mandémoslo ahora para que nos paguen en diciembre". Y por eso se mandó en esa fecha, pero el curso, como nosotros no estábamos preocupados por los dinero... y por favor creánmelo; y el Siprosa necesitaba que los cursos partieran lo antes posible, se iniciaron en mayo. Esa es la incongruencia que hay; también hay de parte nuestra buena fe, porque partimos de la base de que el proceso administrativo se iba a producir.
-¿Los $ 800.000 pautados son en concepto de qué?
-Yo no he cobrado un centavo a este país, y lo puedo demostrar. Es un aporte que hace la fundación al Siprosa, en este caso. No hay un cobro personal, lo que se cobra es por razones de contabilidad; de ley, no de aquí, si no de Estados Unidos. La fundación año a año debe ser ratificada. Los cursos que cobramos se cotizaron en base a estándares. Si calculan el número de estudiantes, sobre 250 horas de cursado y el costo, la hora por estudiante ronda los $ 13 o $ 14. Creo que no hay nadie que cobre eso, siempre es mucho más.
-¿Por qué se inscribió la sede en un departamento cuyo telérono figura a nombre de Raúl Penna? (N. de la R.: funcionario de del ministro Manzur)
-Cuando llegué aquí, aún no era "fundación". Y cuando fuí a pedir teléfono me dijeron "no se lo podemos dar", entonces recurrí a una persona conocida, de mi confianza, el doctor Penna. Esa es la razón.
-¿Sabía que era funcionario?
-Sí; y no había ninguna incompatibilidad. Si la fundación no estaba en mente de ellos ni de nadie. Yo venía sólo como funcionario. Los que tenemos este tipo de trabajos estamos aburridos de restoranes y de hoteles. A mí, que me inviten a comer un platito típico en una casa es una suerte mayor. Yo dije, "va a haber una suerte de continuidad, voy a arrendar un departamentito"; y ahí fue cuando necesité el teléfono particular.








