07 Abril 2003 Seguir en 
Los vecinos del barrio Juan Bautista Alberdi Norte ("Trulalá") creen que podrán olvidarse de la delincuencia. Desde hace nueve meses, cuando decidieron organizarse y armarse para defenderse, el índice delictivo prácticamente bajó a cero, según afirman.
El barrio, a pesar de estos cambios, sigue figurando como "zona roja" en los planos de la Policía. "Acá ya no pasa nada, está muy tranquilo. Es cierto que a veces anda gente de otros barrios y roba algo, pero es muy raro que ocurra", afirmó Miguel Palavecino, a quien sus vecinos llaman socarronamente "comisario".
En un informe publicado la semana pasada por LA GACETA, "Trulalá" era mencionado como uno de los lugares donde muchos adolescentes consumen drogas y cometen delitos, o están en riesgo de empezar a hacerlo. "El 85% del barrio está muy lejos de eso. Tal vez haya algún chico que se droga, pero se va a otro lado a hacerlo. Somos gente de trabajo, con hijos que estudian", aseguró Miriam Sequeira.
El problema que siguen teniendo los vecinos es que están en el medio de una zona complicada. Hacia el este, pasando las vías que van por la calle Manuel Alberti, o al norte, por Diagonal Heredia, se extienden asentamientos en los que, según dijeron, hay algunos jóvenes drogadictos que se dedican al delito.La decisión de los vecinos, tomada en octubre del año pasado, fue asimilada por la Policía. Desde diciembre pasado dos efectivos recorren las calles por las noches, junto a los improvisados pero decididos rondines vecinales.
"Seguimos usando armas, pero acatamos lo que dicen los policías porque ellos son la autoridad. Las tenemos para defendernos, por si pasa algo. Hubo varias noches en las que tuvimos que hacer tiros al aire, pero últimamente eso no pasa", señaló Francisco Catania.
Los vecinos de "Trulalá" cobraron notoriedad nacional cuando LA GACETA publicó, a fines de octubre pasado, la experiencia que estaban realizando, el éxito que tenían, y el uso de armas caseras denominadas "piqueteras". Hasta ese momento, dijeron, sufrían al menos tres asaltos diarios. Ahora, ese problema desapareció, aunque siguen reclamando el mantenimiento de las calles y de la iluminación.
"Ahora estamos más seguros por las noches que de día. El silbato que usan los que vigilan para avisar que está pasando algo ya casi no se escucha, porque no pasa nada", puntualizó Sequeira.
El barrio, a pesar de estos cambios, sigue figurando como "zona roja" en los planos de la Policía. "Acá ya no pasa nada, está muy tranquilo. Es cierto que a veces anda gente de otros barrios y roba algo, pero es muy raro que ocurra", afirmó Miguel Palavecino, a quien sus vecinos llaman socarronamente "comisario".
En un informe publicado la semana pasada por LA GACETA, "Trulalá" era mencionado como uno de los lugares donde muchos adolescentes consumen drogas y cometen delitos, o están en riesgo de empezar a hacerlo. "El 85% del barrio está muy lejos de eso. Tal vez haya algún chico que se droga, pero se va a otro lado a hacerlo. Somos gente de trabajo, con hijos que estudian", aseguró Miriam Sequeira.
El problema que siguen teniendo los vecinos es que están en el medio de una zona complicada. Hacia el este, pasando las vías que van por la calle Manuel Alberti, o al norte, por Diagonal Heredia, se extienden asentamientos en los que, según dijeron, hay algunos jóvenes drogadictos que se dedican al delito.La decisión de los vecinos, tomada en octubre del año pasado, fue asimilada por la Policía. Desde diciembre pasado dos efectivos recorren las calles por las noches, junto a los improvisados pero decididos rondines vecinales.
"Seguimos usando armas, pero acatamos lo que dicen los policías porque ellos son la autoridad. Las tenemos para defendernos, por si pasa algo. Hubo varias noches en las que tuvimos que hacer tiros al aire, pero últimamente eso no pasa", señaló Francisco Catania.
Los vecinos de "Trulalá" cobraron notoriedad nacional cuando LA GACETA publicó, a fines de octubre pasado, la experiencia que estaban realizando, el éxito que tenían, y el uso de armas caseras denominadas "piqueteras". Hasta ese momento, dijeron, sufrían al menos tres asaltos diarios. Ahora, ese problema desapareció, aunque siguen reclamando el mantenimiento de las calles y de la iluminación.
"Ahora estamos más seguros por las noches que de día. El silbato que usan los que vigilan para avisar que está pasando algo ya casi no se escucha, porque no pasa nada", puntualizó Sequeira.
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