La temible, la esotérica y la intelectual

Un análisis de los perfiles de Eva, Isabel y Cristina.
Politica
Las muchachas peronistas
JORGE HALPERIN
(Aguilar - Buenos Aires)

COMPARACION. Halperín sostiene que las tres despertaron odio, aunque no precisa si se debe a sus personalidades o al hecho de ser mujeres en el poder. COMPARACION. Halperín sostiene que las tres despertaron odio, aunque no precisa si se debe a sus personalidades o al hecho de ser mujeres en el poder.
07 Febrero 2010
Decenas de preguntas se hace el autor -algunas no las responde-, pero una centraliza su inquietud: ¿cómo gestionan el poder las mujeres?, especialmente cómo lo hicieron y lo hacen las muchachas peronistas, las tres que manejaron y manejan el poder en el país; dos a la sombra de Juan Domingo Perón: Evita e Isabel, y una bajo el paraguas del peronismo kirchnerista: Cristina (aunque llegara a la presidencia de la mano de su marido, Néstor Kirchner).
Las que, al decir de Jorge Halperín, desataron odios y pasiones por su condición de mujeres al desarrollar una actividad que tiene un supuesto sello de masculinidad, la política; y especialmente desde el núcleo mismo de la gestión y de la conducción: el poder; con el común denominador de provenir del mismo movimiento político (el peronismo). A partir de estos hechos, Halperín se detiene en las similitudes y diferencias, aunque aclara con tino que no es su intención equipararlas. Valgan para ello tres definiciones: "Evita fue la única temible en el poder, inquietó a los militares y a otros factores de poder por su capacidad de movilizar a las masas'', "Isabel careció de un discurso dirigido a los pobres y se entregaba a rituales esotéricos y ocultistas", y "De las tres, sólo Cristina tiene una formación intelectual más amplia que la de su marido, y es la única que desde el primer momento en el ejercicio del poder ha sido cuestionada públicamente por gente de su propio partido".
El escritor da por sentado que a las tres se las odió y se las odia, aunque no le resulta sencillo precisar si ello es consecuencia de sus personalidades, por ser peronistas o por ser simplemente mujeres que ocupan el poder. De hecho, hay una pregunta, entre las muchas, que permite valorar el libro como un aporte para analizar y reflexionar sobre la cultura política nacional: ¿cómo funciona lo masculino y lo femenino en el imaginario del peronismo y de los argentinos en general?
El texto tiene capítulos para las tres "muchachas" peronistas, en los que resume el rol que les cupo en el poder, su influencia y los dramas que debió afrontar cada una. Algunas frases del autor -varias que no le son propias- sirven para pintarlas: "Evita fue el adversario más importante que tuvo Perón y la única con la capacidad extraordinaria de construir poder"; "Isabel dejó la imagen de una mujer que casi no tomó ninguna decisión sin mirar al costado para preguntar si tenía que hacerlo o no"; "Cristina es la mujer mandona, autoritaria, no es delicada, sobreactúa su autoridad, lo que disimula que hace todo lo que su marido quiere".
Un suceso que señala el autor y que merece un párrafo aparte, por la vinculación con la historia política de Tucumán, es cómo Isabel habría elegido al sucesor de Raúl Lastiri en la presidencia de la Cámara de Diputados en 1975. "Ante la insistencia de los presentes, eligió al diputado tucumano Nicasio Sánchez Toranzo. Esa decisión no tenía nada de aptitud política; simplemente había señalado a un legislador sin saber quién era".
Tras hablar de Evita, de Isabel, Cristina, de Encarnación Ezcurra -"una Evita antigua"- y de las mujeres menemistas -"una experiencia fallida y ridícula", al decir del autor, refiriéndose a María Julia Alsogaray, Matilde Menéndez, Claudia Bello y Adelina Dalesio de Viola-, Halperín apunta a la aparición de la mujer después de la crisis de 2001 como la representación -"en el imaginario social"- de lo nuevo y las virtudes públicas ausentes en los hombres, especialmente las ligadas al respeto, a la calidad institucional y a los valores republicanos. En tal sentido, además de Cristina, menciona a Elisa Carrió y a Gabriela Michetti; y, para reforzar la idea de una feminización de la política -entendida esta como el rechazo a la confrontación y el apego a los acuerdos que impongan normalidad al accionar político-, apela al politólogo Edgardo Mocca: "la política es corrupción, apriete, escrache, denuncia, clientelismo, desorden institucional. Yo creo que las mujeres son vistas como mejor preparadas para depurar la política de semejantes vicios y devolverle sinceridad, simpleza, paz y no violencia". Sin embargo, Halperín no deja de considerar que Cristina integra un "matrimonio presidencial" y que, por ende, porta por relación los rasgos masculinos de la política -desacuerdo, discusión, confrontación-, generando rechazos. Habla de odio, de rencor y de resentimiento y hasta de la reaparición del gorilismo. ¿Dónde radica el problema?, le preguntó a un "peronólogo" anónimo. "En querer demostrar que es más culta que su auditorio. Por otro lado, la crispación molesta en cualquier político y molesta mucho más en una mujer".
En conclusión, destaca que los mayores espacios ganados por una mujer en el poder son una marca registrada del peronismo y que aún hay recelos en el país por la llegada de las mujeres al poder "porque 'mujer pública' sigue sonando a mala palabra".
Las muchachas peronistas, en suma, es un buen aporte para reflexionar sobre el rol actual de  las mujeres en la política nacional.

Juan Manuel Asis

 © LA GACETA

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