La pasión "gitana" sigue intacta

A un mes de su muerte, su esposa le dejó un ramo de flores antes de que lleguen las "nenas" para agasajar a su ídolo.

OFRENDAS. Cientos de fanáticas fueron al cementerio a recordar al ídolo.
OFRENDAS. Cientos de fanáticas fueron al cementerio a recordar al ídolo.
05 Febrero 2010
BUENOS AIRES.- Ayer se cumplió un mes de la muerte de Sandro, una leyenda en la música nacional. El inmenso fervor y las contundentes muestras de afecto que acompañaron el definitivo adiós del ídolo, fueron una muestra palpable del lugar que el músico se ganó en el corazón de la gente.
Olga Garaventa, su viuda, fue a visitarlo ayer y después de estar unos minutos en soledad frente a su tumba, depositó un ramo de flores. La visita se produjo antes de que centenares de fanáticas lleguen al lugar para asistir a las dos misas previstas y anunciadas por los directivos de la necrópolis.  
Aquejado por una enfermedad pulmonar, que lo obligó a un triple trasplante de corazón y pulmones, Sandro falleció el pasado cuatro de enero en Mendoza. El músico nacido un 19 de agosto de 1945 y crecido y criado en Valentín Alsina fue, desde joven, no sólo un provocador y un atrevido pibe de barrio, dotado de una inmensa sensualidad y un carisma inusitado. Sino también una de las expresiones más poderosas de la cultura popular, un lugar de reconocimiento y una figura de idolatría. Si su muerte fue una ceremonia fausta, con miles de personas acercándose hasta la capilla  montada en el Congreso de la Nación y otras tantas miles despidiéndolo en el cortejo fúnebre, también la vida de Sandro fue de película. No sólo editó 53 discos y vendió más de ocho millones de placas discográficas en el país, también filmó 13 películas, una de ellas dirigida por él mismo, e incluso fue el primer artista latino en cantar y llenar el Madison Square Garden de Nueva York. (Telám y NA)

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