Un tucumano en la cima del Kilimanjaro

Francisco Martínez Luque tuvo éxito. La historia de un viaje extraordinario.

EN LA CUMBRE. El gesto radiante y la bandera argentina. Fue el 28 de enero, día de su cumpleaños.
EN LA CUMBRE. El gesto radiante y la bandera argentina. Fue el 28 de enero, día de su cumpleaños.
04 Febrero 2010
"Un año atrás empecé a darle forma al proyecto Kilimanjaro y también al de recorrer Africa; conocer su cultura, su gente y su vida", relata entusiasmado Francisco Martínez Luque. La misión fue un éxito, porque el joven montañista tucumano hizo cumbre el 28 de enero, día de su cumpleaños. En un paisaje de ensueño, casi surrealista, Martínez Luque disfrutó una experiencia inolvidable. Tanto como los ascensos que concretó al Cerro Plata (6.300 m), al Aconcagua (6.962 m, en dos ocasiones) y al volcán Pissis (6.882 m).
"Anfama, Ancajuli, La Ciénaga, Cascada Aguas Chiquitas, Cerro Negrito, Laguna de los Amaicheños y los rincones mas inhóspitos de nuestra provincia son mis destinos preferidos -destacó Martínez Luque-. No sólo me atrapa el desafio de superación y el contacto con la naturaleza; me gusta compartir momentos con quienes viven en la alta montaña y ayudarlos".
El Kilimanjaro representaba un reto diferente. "Es atrapante porque no forma parte de una cadena, como los Andes y los Himalayas, sino que se encuentra solo, en la sabana africana. La diversidad de vegetación y el paisaje son únicos", explicó.
El Parque Nacional Kilimanjaro exige la entrada con guías y porteadores. "Desde Nairobi contraté una empresa que se encargó de la logística -apuntó el tucumano-. La ruta elegida fue la de Machame, que es la más larga y difícil, y por eso la menos transitada. El ascenso duró seis días, del 24 al 29 de enero). El guía, Paulo Bernard (de Tanzania), se sorprendió de porque yo cargué mi mochila con todo el equipo (17 kilos). Lo usual es que la lleve porteador. Después quedó más sorprendido del ritmo de caminata que impusimos. Le dije que yo no era un turista, sino un montañista. Nos hicimos grandes amigos, algo muy importante a la hora de subir una montaña".
Empezaron el ascenso a los 1.800 metros, metidos en la selva. Con el correr de los días el verde cambió por piedras y nieve; el calor sofocante de la selva se transformó en temperaturas bajo cero arriba de los 3.000 metros.
"A medida que me acercaba a Uhuru Peak (el punto más alto del volcán) aumentaba la emoción -relató-. El ataque a la cumbre fue desde Barafu Camp (4.600 m) a la 1 de la madrugada. La luna llena iluminaba el camino, no hizo falta usar las linternas. Es un paisaje difícil de explicar... La luz de la luna reflejada en la nieve y los primero rayos del sol acariciando el suelo africano". Llegaron a la cima al alba, con mucho viento y frío. Recorrieron el cráter del volcán y emprendieron el regreso.
"Esta vivencia quedará grabada en mí por siempre -subrayó Martínez Luque-. En este viaje llevo recorriendo España, Egipto, Kenya, Tanzania y Burundi. El Kilimanjaro era el broche: la cumbre más alta del continente africano fue el motor de este sueño".
Martínez Luque sintetizó su experiencia: "me siento pleno en la montaña, en el silencio; alejado de la ciudad y del mundo actual, que nos digita los tiempos y las acciones. Cuando uno más asciende, más va creciendo en su interior".

Para conocer
El Kilimanjaro no es una montaña técnica, se llega a la cumbre caminando y sin necesidad de escalar. Gente de todas las edades alcanzó la cima, aunque muchos subestiman la montaña y fracasan en la empresa. Si bien mide casi 6.000 metros, la falta de oxígeno se siente en menor medida que en la Cordillera de los Andes.

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