"Tomás Eloy era un fabulador extraordinario"

El editor del diario El País de España, Juan Cruz, conversó con LA GACETA en Colombia y recordó la obsesión del escritor tucumano por la rigurosidad de los datos. También habló de las novelas más celebradas y del maravilloso poder de su narrativa.

UN ESTILO NARRATIVO MUY PODEROSO. Tomás Eloy Martínez nunca mezcló los géneros en sus libros, comentó a LA GACETA el escritor Juan Cruz. LA GACETA / ARCHIVO
UN ESTILO NARRATIVO MUY PODEROSO. Tomás Eloy Martínez nunca mezcló los géneros en sus libros, comentó a LA GACETA el escritor Juan Cruz. LA GACETA / ARCHIVO
Por Miguel Velardez 02 Febrero 2010
CARTAGENA DE INDIAS, Colombia.- Es media mañana en la ciudad amurallada. En el hotel Santa Clara, donde se hospedan los escritores invitados del "Hay Festival 2010", la mayoría pasea por las galerías. Mientras esperan su turno para el desayuno, casi todos hablan de las noticias que vienen desde la Argentina y que dan cuenta de la muerte de Tomás Eloy Martínez. Puntual, como se había acordado para la hora de la entrevista, el escritor Juan Cruz llega al patio del hotel y, tras las presentaciones y saludos de rigor, dice con su característico acento español: "¿tú eres de LA GACETA?, ¡vaya hombre!... ahí comenzó a publicar Tomás Eloy Martínez". Justamente -respondo- quería hablar sobre él con usted. "Bueno… espérame que envío este mail -explica, mientras teclea en su iPhone-, que me piden de Brasil una opinión sobre Tomás Eloy. Qué pena su muerte", agrega Cruz mirando la pantalla de su celular.

Durante la charla con LA GACETA, el editor del diario El País de España, recuerda la obsesión de Martínez por la rigurosidad de los datos, habla de las novelas más celebradas del autor tucumano, del poder estilístico de su narrativa y del ego de los escritores, incluído el del propio Martínez.

- ¿Cómo recuerda a Tomás Eloy Martínez?

- Tenía una virtud muy especial. Era un hombre muy consciente de que tenía un estilo narrativo muy poderoso. Como periodista se sentía obligado a dominar el estilo para poder decir los datos. Nunca renunció a los datos. Entonces cuando escribió "Santa Evita" o "La novela de Perón" para que la gente no dijera aquí especula, aquí interpreta, añadió la palabra ’novela’ en ambas. Pero era impresionante la capacidad que tenía para documentarse (buscar datos). Era un poco como los periodistas anglosajones, donde hoy se habla mucho de fact checking (verificador de datos), pero antes de que eso se inventara o de que fuera un lugar común, él lo hacía. Ese es un magisterio que adquirió con mucha paciencia y mucha dedicación. Eso era lo que lo llevó a decir en los últimos tiempos de su vida que había que tener mucho cuidado con la facilidad que había dado el anonimato en la web a los que no creían en el periodismo y se servían de instrumentos periodísticos. El anonimato en la web lo obsesionaba, especialmente, la facilidad que tiene internet para acoger periodismo con falsas pretensiones. Creo que Tomás Eloy nunca mezcló géneros y por eso su periodismo siguió teniendo autoridad y su narrativa era la consecuencia de un poder de narración extraordinario.

- Y escribió hasta el final, hasta cuando pudo, en su columna del diario La Nación…

- Sí, claro. Su hijo Ezequiel Martínez (periodista del diario Clarín), me dijo anoche, cuando lo llamé por teléfono, que su padre estuvo hasta el último momento posible pendiente de las noticias, junto al ordenador (computadora), siguiendo lo que ocurría en el mundo. Ya la última carta no me la respondió, pero yo se la envié aún sabiendo que no me la iba a responder y lo que quería era decirle cómo había quedado el libro que sale esta semana y que incluye la entrevista con él (se refiere al libro "Egos revueltos").

- ¿Cómo conoció a Tomás Eloy Martínez?

- Lo conocí en los ’80, cuando fue a España a presentar "La novela de Perón". Le hice una entrevista y después, durante mucho tiempo, tuve contacto con él a través del diario, pero esos contactos se intensificaron en 1998, cuando lo convocamos para ser jurado del primer premio de novela de Alfaguara. En ese momento, me conmovió la preocupación que tenía por sus hijos, por su familia. Siempre había un momento del día en el que interrumpía el trabajo y se iba a un teléfono -en ese tiempo no había celulares- para llamarlos. Después lo vi en Buenos Aires, en Madrid; en México fue al cumpleaños de Carlos Fuentes hace un año y pico, pero ya Tomás no era el mismo… aunque seguía teniendo el vigor narrativo. Era un fabulador extraordinario. Ese libro "Lugar común la muerte" es uno de los grandes libros de Tomás; uno de los grandes, grandes, grandes (repite varias veces), porque es un libro sencillo en el que cuenta cómo ve a la gente y cumple uno de los requisitos históricos del periodismo: periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente.

- ¿Pudo leer "Purgatorio"?; le pregunto porque en esa obra, Tomás Eloy Martínez se introduce en carne y hueso dentro de la novela y da la sensación de que comienza a despedirse de todo…

- Sí, pues. Eso es verdad. Y ese libro tiene otro valor agregado, porque él pudo aprovechar "Purgatorio" para hacer un purgatorio de su propia situación en relación con Argentina, con el exilio, con la tortura de vivir lejos… sin embargo, se sometió a la ficción. Es un libro de pura ficción, con todos los elementos de realidad que tiene, pero la ficción está al extremo. Es decir ha convertido algo increíble, en algo creíble. Tú terminas pensando si no será posible esto de parar el tiempo. Un libro sobre cómo parar el tiempo. Eso es un riesgo enorme.

- Cuando aparece el autor en la novela, ¿le sorprendió?

- No, porque lo vi todo el rato. O sea, lo bueno de Tomás Eloy o de los narradores buenos es que siempre están. Se ocultan, pero están. Tenía un estilo inconfundible, muy veloz, un estilo que tiene por ejemplo, para hablar de gente cercana, aquí Gabriel García Márquez, evidentemente. Lo que digo no es un juicio de valor, es una manera de abordar la literatura, para nombrar más jóvenes lo tiene Juan Villoro (escritor mexicano), lo tiene Héctor Abad Faciolince (autor colombiano). Tú los lees y da la impresión de que eso viene ya escrito. Hay una rapidez, una velocidad narrativa.

- ¿Cómo aparece Tomás Eloy Martínez en su nuevo libro "Egos revueltos"?

- Es curioso, porque en el libro aparece dando una conferencia en Madrid, cuando ya estaba muy mal y yo cuando voy a verlo, voy detrás de un autobús, que tiene un anuncio publicitario de una playa de Fuerteventura (Islas Canarias), entonces hice una transposición entre la vida que convoca el anuncio y la sensación de que en efecto voy a ver a un amigo enfermo.

- ¿Cómo surgió la idea de "Egos revueltos?

- Surgió porque a lo largo de mi vida he tenido mucha relación con escritores. Siempre he contado rasgos de la personalidad humana de los escritores. Y dije: un día tendría que contar todo esto, entonces lo escribí desde una perspectiva curiosa, que es mi propia perspectiva. Estoy implicado en la historia, no es que yo los veo desde lejos. O sea, mi ego también está ahí. No es el ego de ellos solos.

- En este "Hay Festival", Manuel Vicent (autor español), dijo que los escritores que ganan poco, como él, tienen que tener un ego muy grande. ¿Usted qué opina?

- (Sonríe)… yo creo que no es necesariamente así. Los escritores son, muchas veces, egocéntricos como los periodistas y hay periodistas que no son muy buenos y que tienen mucho ego también. El ego es una forma de defender la soledad. O sea, si tú no tienes ego, ¡mejor no haces nada!...

- ¿Qué provoca su libro en el ego de los escritores?

- Ah, todavía no lo sé, porque el libro salió esta semana. Supongo que a algunos les gustará cómo les miro y a otros no. Y en todo caso no es un libro con mala leche. Es un libro en el que edifico mi propia opinión con el material de cierta ternura, de una contemplación comprensiva de las personas y sus defectos y también de sus efectos. O sea, todo el mundo tiene muchos recovecos: unos son guapos y otros no son tan guapos. Pero no hay que desdeñar a nadie por sus defectos, porque generalmente nuestros defectos son equivalentes a los de cualquiera.

- ¿El ego ayuda a los escritores en el proceso de creación?

- Sin dudas. Un tipo que no tiene

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