16 Enero 2010 Seguir en 
PUERTO PRINCIPE.- Una veintena de cadáveres se apiña junto a la acera que lleva a la catedral de Puerto Príncipe, reducida prácticamente a escombros por el terremoto. Tapados apenas con unos trapos, los cuerpos se han hinchado a causa del calor y el hedor es tal que los pocos que se atreven a pasar por delante lo hacen a paso rápido y tapándose la boca con cualquier cosa a mano.
"Nadie viene por los cuerpos", explica con la voz cansada una vecina que vela los cadáveres. A sus espaldas, otro pequeño grupo trata de reabrir una de las entradas de la catedral de Notre Dame, el mayor edificio eclesiástico de la capital haitiana. Sólo cuentan con sus manos porque a este barrio de Puerto Príncipe no ha llegado aún ningún equipo de ayuda, ni siquiera para cuantificar los daños y los vecinos temen que todavía haya gente atrapada entre las ruinas.
Temor por las réplicas
La escena se ha convertido en una triste rutina en un Haití que todavía se aterroriza con cada uno de los fuertes temblores que lo sacuden regularmente desde el devastador terremoto del martes, que con la inédita magnitud de 7,2 grados en la escala de Richter ha dejado prácticamente arrasada la ciudad.
Ni los barrios más "elegantes" de la ciudad, como aquellos donde se alojaban los diplomáticos y las agencias internacionales humanitarias, se han salvado de la tragedia y entre muros derruidos y calles bloqueadas se atisban mansiones venidas abajo como si hubieran sido construidas con papel.
Según la reconstrucción realizada por la oficina de Investigaciones de la UE, alrededor de 4.000 edificios sufrieron derrumbe parcial o total y fueron fuertemente dañados. De esos 4.000 edificios, 2.000 son casas y la otra mitad edificios públicos, escuelas y hospitales. En la ciudad de Carrefour, al oeste del país caribeño, más del 90% de los edificios quedaron reducidos a escombros.
Según la Fundación Panamericana para el Desarrollo (FUPAD), el 75% de Puerto Príncipe está "afectado de alguna manera". "El ambiente es de desesperanza total. Nadie sabe cómo vamos a salir de esta situación", se lamenta Jean Claude Junior, un vecino del barrio próximo al hotel Christophe, donde tenía su cuartel general la ONU.
Las calles de Puerto Príncipe son un transcurrir sin descanso de heridos trasladados en burdas camillas de madera o en carretillas por sus familiares o vecinos, que caminan llamando de puerta en puerta en los abarrotados hospitales que ya no tienen capacidad para aceptar a más víctimas. (DPA)
"Nadie viene por los cuerpos", explica con la voz cansada una vecina que vela los cadáveres. A sus espaldas, otro pequeño grupo trata de reabrir una de las entradas de la catedral de Notre Dame, el mayor edificio eclesiástico de la capital haitiana. Sólo cuentan con sus manos porque a este barrio de Puerto Príncipe no ha llegado aún ningún equipo de ayuda, ni siquiera para cuantificar los daños y los vecinos temen que todavía haya gente atrapada entre las ruinas.
Temor por las réplicas
La escena se ha convertido en una triste rutina en un Haití que todavía se aterroriza con cada uno de los fuertes temblores que lo sacuden regularmente desde el devastador terremoto del martes, que con la inédita magnitud de 7,2 grados en la escala de Richter ha dejado prácticamente arrasada la ciudad.
Ni los barrios más "elegantes" de la ciudad, como aquellos donde se alojaban los diplomáticos y las agencias internacionales humanitarias, se han salvado de la tragedia y entre muros derruidos y calles bloqueadas se atisban mansiones venidas abajo como si hubieran sido construidas con papel.
Según la reconstrucción realizada por la oficina de Investigaciones de la UE, alrededor de 4.000 edificios sufrieron derrumbe parcial o total y fueron fuertemente dañados. De esos 4.000 edificios, 2.000 son casas y la otra mitad edificios públicos, escuelas y hospitales. En la ciudad de Carrefour, al oeste del país caribeño, más del 90% de los edificios quedaron reducidos a escombros.
Según la Fundación Panamericana para el Desarrollo (FUPAD), el 75% de Puerto Príncipe está "afectado de alguna manera". "El ambiente es de desesperanza total. Nadie sabe cómo vamos a salir de esta situación", se lamenta Jean Claude Junior, un vecino del barrio próximo al hotel Christophe, donde tenía su cuartel general la ONU.
Las calles de Puerto Príncipe son un transcurrir sin descanso de heridos trasladados en burdas camillas de madera o en carretillas por sus familiares o vecinos, que caminan llamando de puerta en puerta en los abarrotados hospitales que ya no tienen capacidad para aceptar a más víctimas. (DPA)







