Los comedores alimentan a 17.000 tucumanos
El Gobierno quiere fortalecer las cocinas comunitarias y los comedores escolares para cerrar progresivamente los centros tradicionales. El Ministerio de Desarrollo Social busca que haya integración y compromiso comunitario por parte de los que son beneficiarios.
A fines de los 80, en plena hiperinflación, en Tucumán funcionaban unos 600 comedores. En 2004, durante el inicio de la primera gobernación alperovichista, la cifra se había reducido drásticamente: eran 266 y atendían a 25.800 tucumanos. Hoy, la cantidad cayó todavía más: funcionan 161 y se encargan de alimentar a 16.900 personas.
La ministra de Desarrollo Social, Beatriz Mirkin, explica que la merma se debe, por un lado, al fortalecimiento en la prestación alimentaria que brindan las escuelas; y, por otro, al mejoramiento de la situación socioeconómica. Esto último determinó una disminución en la solicitud de cupos de raciones alimentarias, en unos casos, y en un cambio de modalidad de esos centros comunitarios, en otros.
La funcionaria explica que la voluntad del ministerio, precisamente, se orienta a reducir cada vez más el número de comedores infantiles que opera en la provincia. "El desafío es reconvertir los comedores en cocinas comunitarias", ratifica Gabriela González, secretaria de Políticas Sociales.
Un cambio sustancial entre los comedores y las cocinas comunitarias consiste en que las segundas, si bien gozan de un subsidio provincial, también cuentan con un aporte económico de las familias que acuden: no pueden ser más de 20 por cada cocina. Hoy existen 15 de estos centros, que brinda cobertura a 150 familias de la provincia.
En estos casos, el trabajo se reparte y el alimento se lleva a las casas y se lo comparte con toda la familia, otra diferencia central con los comedores infantiles, que sólo contienen a los niños.
"Las mamás, generalmente, son quienes se asocian y se distribuyen los roles. Son las encargadas de decidir qué hacer y cómo van a hacer las cosas", detalló Carolina Nacher, directora de Políticas Alimentarias.
Durante la entrevista con LA GACETA, las funcionarias coinciden en que una de las ideas de este programa es conseguir una reconversión no sólo económica sino también cultural, haciendo que la gente se ayude mutuamente y, a la vez, logre fortalecer los lazos familiares. "La idea es volver a la mesa familiar y que puedan sentarse a comer y compartir", sintetizó Mirkin.
A la vez, afirman que la política de cierre de comedores no opera con decisiones drásticas sino con análisis de la población que va a esos centros. Los que resultan necesarios siguen siendo asistidos por el Gobierno.
Calidad de prestación
"Cerramos muchos comedores comunitarios porque durante los dos últimos años hubo un gran fortalecimiento de los comedores escolares", indicó Nacher.
En este sentido, manifiestan que, actualmente, la prioridad central radica en mejorar la calidad de la prestación.
"En la provincia hay más problemas de obesidad que de desnutrición, por la mala alimentación. Por eso empezamos con los yogures probióticos y la idea es seguir aportando calidad en nutrientes más que cantidad", afirma González.
Considerando que la mayoría de las escuelas de la provincia son de jornada simple, las funcionarias expresaron que lo importante es que los chicos tomen un buen desayuno a fin de evitar inconvenientes durante el resto de la jornada lectiva. Y agregaron que las escuelas de jornada completa, al igual que las más vulnerables, continúan con dos prestaciones: desayuno y almuerzo.
Nacher, por último, destacó que se realizó un mapa alimentario. Con él se constató que en aquellos lugares donde los niños asistían a los comedores escolares, los centros de alimentación infantil cerraron o quedaron limitados a los más pequeños, que aún llegaron a la edad escolar.







