Cuanto más fuerte pisa la animación digital y tanto más lejano e imposible parece volver a realizar un dibujo a mano, Disney sorprende con "La princesa y el sapo", película que se estrenó ayer en Tucumán, y que fue realizada por medio de la animación tradicional.
Fue en octubre de 2004 cuando en los estudios Disney juntaron todos los lápices y todas las gomas de borrar y las encerraron en un depósito para dejarle lugar a la animación digital. Seis años después, Disney vuelve a sorprender con un largometraje de animación a mano.

El cuento de hadas, dirigido por Ron Clements y John Musker, quienes también dirigieron la exitosa "Sirenita", no transcurre en un reino encantado, a diferencia de los tradicionales, sino en la ciudad norteamericana de Nueva Orleáns.
Otra diferencia que tiene esta película de los clásicos de Disney es que esta princesa (que es negra) no se queda esperando a su héroe. "Para la protagonista queríamos tener un personaje fuerte. Muchas veces en los filmes clásicos lo único que buscaban las princesas era casarse con el príncipe y eso es lo más alejado de las intenciones de Tiana. Para ella lo que importa es cumplir el sueño de tener su propio restaurante y trabaja sin parar para conseguirlo", detalla John Lasseter.

Basada en el cuento clásico de los Hermanos Grimm, "El príncipe sapo", "La princesa y el sapo" se desarrolla durante la era del jazz, en el distrito francés de Nueva Orleáns, donde vive Tiana, una bella muchacha que anhela encontrar al hombre de sus sueños y tener su propio restaurante, un sueño que persiguió su padre. Cuando de pronto se le aparece un curioso sapo y le pide que lo bese, Tiana se niega al principio, pero después lo acepta.
Sin embargo, el poder del hechizo sobre el sapo no se rompe con el beso de la chica, sino que también cae sobre ella.
Ahora, tanto Tiana como el sapo deben encontrar a alguien que pueda devolverlos a la normalidad en una aventura que los llevará a ambos a través de los pantanos de Luisiana.







