Llamado papal a que la guerra no provoque una división entre cristianos y musulmanes

Juan Pablo II teme que la agresión occidental contra Irak y la confrontación con el mundo islámico generen una catástrofe religiosa.

LENTO AVANCE ALIADO. Un grupo de paracaidistas norteamericanos buscan, casa por casa, soldados iraquíes, en la ciudad de Kifl.
LENTO AVANCE ALIADO. Un grupo de paracaidistas norteamericanos buscan, casa por casa, soldados iraquíes, en la ciudad de Kifl.
31 Marzo 2003
ROMA.- El papa Juan Pablo II, al pronunciar su tradicional Angelus dominical en la Plaza de San Pedro, reclamó la intercesión divina para poner fin a la guerra contra Irak. Invocó, en particular, a la Virgen María.
El llamado papal a la paz se mezcló con sus alocuciones relacionadas con el dogma católico, según el cual en la Cuaresma se conmemoran la muerte y la resurrección de Jesús de Nazareth.
Al respecto, Juan Pablo II, evocando palabras evangélicas, solicitó "un anuncio consolador en un momento en el que dolorosos enfrentamientos armados acechan la esperanza de la humanidad en un futuro mejor".
La jerarquía católica tiene serios temores acerca de que la agresión de las principales potencias militares de Occidente a Irak y su confrontación con el mundo islámico puedan provocar una catástrofe religiosa, según las palabras del propio Juan Pablo II, ante una delegación de obispos de Indonesia.

Advertencias
Ya el sábado, el Papa había advertido que la guerra no debe provocar una división entre cristianos y musulmanes. "No permitamos que una tragedia humana se convierta en una catástrofe religiosa", dijo el Pontífice.
Juan Pablo II también indicó que una religión auténtica no predica el terrorismo o la violencia, sino que promueve la paz y la unidad de la familia humana.
El Papa dijo que las buenas relaciones interreligiosas son importantes en este momento de elevada tensión en toda la comunidad mundial.
Días pasados, el cardenal Jean-Louis Tauran, canciller del Vaticano, advirtió que la guerra actual podría fomentar el terrorismo y el extremismo.
El Papa, por su parte, remarcó que en países como Indonesia, donde la minoría católica es víctima de discriminación, prejuicios y vandalismos, la tensión podría aumentar por la guerra contra el régimen iraquí.
El Vaticano está preocupado por la situación de esos cristianos que viven en países predominantemente musulmanes, como Irak e Indonesia. (Reuter-DPA-Especial)


Cook sigue fustigando la actitud de Blair

LONDRES.- Un día después de que fueron repatriados los primeros 23 cuerpos de soldados británicos, un importante ex aliado del primer ministro británico, Tony Blair, pidió el retiro inmediato de las fuerzas armadas de su país de la guerra en Irak y criticó duramente la marcha de las operaciones militares.
Se trata de Robin Cook, canciller de Blair en su primer período de gobierno, quien en desacuerdo por la alianza con Washington presentó su renuncia al liderazgo del Partido Laborista en la Cámara de los Comunes, dos días antes de que cayeran las primeras bombas en Bagdad.
"Ya estoy harto de esta guerra innecesaria y sangrienta", afirma Cook en un artículo con su firma que publicó ayer el diario "Sunday Mirror" de Londres. "Quiero nuestras tropas en casa y las quiero antes de que más soldados mueran", agregó.Luego, Cook responsabilizó al presidente George Bush por una pésima planificación, mientras "goza del confort de Camp David protegido por sus guardias".
A pesar de estas críticas, una encuesta publicada por el diario "News of the World", reveló que la opinión pública británica tuvo un importante cambio, con un 84% a favor de que la guerra siga hasta que el régimen de Saddam Hussein sea derrocado. (Especial)


A favor de los ataques suicidas
Unos 150.000 marroquíes, entonando al unísono "los ataques suicidas conducirán a la libertad", se lanzaron ayer a las calles de Rabat en momentos que las protestas contra la guerra renacían en todo el mundo árabe. En Indonesia, más de 100.000 personas bloquearon las calles de Yakarta gritando lemas antiestadounidenses, y 200 extranjeros manifestaron en Pekín, en la primera protesta aprobada por el gobierno de China sobre el conflicto. (REUTER)

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