Respetar el silencio

Las autoridades de las bibliotecas debieran hacer respetar esta norma universal.

31 Marzo 2003
En una carta, un lector se queja de la falta de silencio en una biblioteca pública del interior de la provincia a la que suele acudir. Merece atención. El mismo reparo puede hacerse a la mayoría de los establecimientos de este tipo existentes en nuestra ciudad. Es común que el lector se vea distraído por las conversaciones y las risas de otros concurrentes -generalmente escolares- que allí se encuentran. Y el problema es que los encargados no suelen conceder importancia a la cuestión.
Nos parece que las autoridades de las bibliotecas debieran tomar en cuenta esta falla y corregirla con urgencia. Dichos locales existen para que en ellos se pueda entrar en contacto con los libros de sus anaqueles, sea con fines de simple lectura o de estudio. Ese contacto exige necesariamente el silencio. Se trata de una norma universal, pues rige en todos los centros bibliográficos del mundo.
En Tucumán debiera seguírsela respetando, para no desnaturalizar la función de las bibliotecas. Sabemos que la escasa concurrencia a estas instituciones constituye un problema. No se debe ahuyentar a su decaída clientela.

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