Era en abril

Los mensajes del gobernador en la Legislatura.

31 Marzo 2003
"Tucumanos, no están ni estarán solos. Este gobernador no descansará un solo minuto hasta por lo menos paliar el problema de cada hermano y hermana de esta provincia". Julio Miranda, gobernador de Tucumán, mensaje a la Legislatura del 1 de abril de 2001.
Una incógnita precede al último mensaje que el actual mandatario provincial dará mañana en la Cámara. La de determinar si, verdaderamente, el jefe de Estado tiene algo para decirle al pueblo tucumano.
De la lectura de los tres discursos anteriores se desprende con claridad que, hasta aquí, cada vez que el gobernador fue a la Legislatura dijo lo que quiso. Esas exposiciones están disponibles en la web oficial (www.tucuman.gov.ar) y son, realmente, piezas de antología.
En 2000, a medio año de asumir, Miranda anunció que quería la reforma de la Constitución para habilitar su reelección. Ese mes, poblados enteros estaban sumergidos por las inundaciones. Pero según él, había logrado "la recuperación de la credibilidad de la comunidad en el Estado provincial" gracias "al trabajo e ingenio" de sus colaboradores. Hoy no sabe si se animará a caminar las pocas cuadras que separan Casa de Gobierno de la Legislatura.
La educación era "la única salida al estancamiento estructural de Tucumán y a sus bolsones de subdesarrollo". La "participación de la docencia" y el "respetuoso reconocimiento a la dirigencia sindical" del sector fueron dos promesas señeras. La conciliación obligatoria que obligó a los maestros a seguir trabajando con sus salarios de miseria, más el fracaso del ciclo lectivo 2002, han de ser dos ironías del destino.
El mensaje de 2001 arrancaría con una confesión. "Soy un respetuoso de la independencia de los poderes", aseguró. Al año siguiente no dudaría en promulgar la Ley Orgánica del Poder Judicial, que sacaba de la Fiscalía Anticorrupción a Esteban Jerez. La pueblada del 22 de abril lo haría trastabillar. La norma había sido aprobada por los legisladores a los que respaldó con su mensaje en medio del escándalo de los gastos de bloque. Entre ellos están los acusados de haber cobrado coimas para declarar la necesidad de la reforma. Supuestamente, claro está.En ese año ensalzaría las bondades de la Ley Federal de Educación, cuya aplicación no tardaría en sabotear, desfinanciando el EGB 3 y vetando posteriormente los incrementos presupuestarios impulsados por la oposición legislativa.
Pero sin duda, una afirmación en materia de salud se llevaría los laureles. "Todos los esfuerzos fueron y serán enfocados principalmente hacia la prevención, por cuanto pretendemos agregar más años a la vida y más vida a los años". Los 20 niños que murieron de hambre desde noviembre pasado nada podrán decir al respecto.
En 2002 abandonó las grandes frases y dedicó una decena de párrafos a recordar las Invasiones Inglesas, la Revolución de Mayo, la Declaración de la Independencia, la Ley Sáenz Peña y la Década Infame. Al final de ese discurso pediría que estuvieran "todas las voces todas" y "todas las manos, todas", para concluir con un emotivo llamado: "liberemos la esperanza".
Aunque lo hayan tornado un acto vacío, la apertura de sesiones ordinarias es, nada menos, la única oportunidad del año, estipulada en la Carta Magna, en la que se produce el encuentro del jefe del PE con la Legislatura. El inciso 8 de su artículo 87 reclama que en esa ceremonia se marquen las necesidades urgentes de la provincia y que se hagan recomendaciones certeras. En definitiva, pide un profundo sinceramiento. Y a juzgar por cómo está la provincia, el mensaje de este año debería comenzar y terminar con una disculpa.
Al oficialismo, igualmente, siempre le queda la cantinela de hablar de una "fiesta de la democracia". La tragedia radica en que las democracias, mucho más a menudo de lo que se cree, también se visten de luto.

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