Inquieta la inserción del país en el nuevo orden internacional

Cuatro expertos analizan para LA GACETA las consecuencias del conflicto, la salud de la globalización y el rol de la Argentina en el mundo futuro.

30 Marzo 2003
El conflicto armado en Irak produjo ya importantes consecuencias en distintos sectores de la sociedad internacional. La primera, quizás, es la demostración palmaria de la debilidad del accionar del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
La segunda derivación, no menos importante, es la generación de profundas diferencias en el seno de la Unión Europea sobre la política extracomunitaria. De tal forma, los líderes europeos están divididos respecto de si deben acelerar o frenar los esfuerzos por construir una política común de defensa y de relaciones exteriores.
Un tercer aspecto en el que trabajan los analistas internacionales es el referido a las consecuencias sobre la globalización, fenómeno que se inició en la segunda mitad del siglo pasado y que se aceleró en su última década.
También en la Argentina, y en Latinoamérica toda, se generaron diversas expectativas para 2003. Y ahora, a partir del desencadenamiento de las acciones bélicas, corren paralelas con las dudas.
Como lo expresa el economista Gabriel Casaburi, de la Fundación Mediterránea, la incertidumbre que causa una guerra produce una reducción del ritmo de crecimiento de Estados Unidos y de Europa que se traduce en menor consumo, y, por lo tanto, menos importaciones.

El papel argentino
Siempre con la presunción de un enfrentamiento armado de corta duración, los analistas nacionales coinciden en que las consecuencias para la Argentina no resultarán trascendentes en ningún aspecto (positivo o negativo). También se coincide en que si las acciones bélicas se prolongan demasiado (meses o años), el zafarrancho económico y social puede afectar a la inmensa mayoría de los países del mundo.
Para analizar estas circunstancias, LA GACETA consultó a cuatro especialistas nacionales (dos economistas y dos politólogos, uno de estos últimos, ex vicecanciller).
El profesor de la Universidad Torcuato Di Tella Sergio Berensztein afirma que la nueva guerra no pondrá fin a la globalización pero que sí generará profundas reformas. En cuanto a la posición argentina, la considera tan débil que -sostiene- en el futuro sólo podrá tener un rol en el contexto regional junto con otros países.
El ex vicecanciller Andrés Cisneros asegura que es imprescindible para la Argentina fijar su posición ante los conflictos del mundo y que no se puede estar siempre al filo de la ambigüedad.
Por su parte, el ex viceministro de Economía Eduardo Curia, quien fue, tal vez, el máximo detractor que tuvo la convertibilidad cavallista, manifiesta que, en un plano de especulaciones pragmáticas, la Argentina puede ir pensando en la necesidad de ser cada vez más competitiva a partir del día después.
La posición más terminante es la adoptada por Jorge Avila, economista de la Universidad del CEMA y uno de los asesores económicos de Carlos Menem. El experto no duda en afirmar que la Argentina debe alinearse decididamente con EE.UU. -en lo político y en lo comercial- en el nuevo orden internacional que se está gestando, siempre en un marco globalizado.

En Latinoamérica
Los demás países latinoamericanos siguen esperanzados y sueñan con que 2003 sea el año de la recuperación de la estancada economía zonal. Pero también viven con el temor de que la guerra en Irak se prolongue más de lo previsto, lo que empañaría cualquier atisbo de crecimiento. La región podría crecer este año entre 1,5 y 2,0%, tras sufrir en 2002 su primera recesión en más de dos décadas (un 0,5%).

REPRESALIAS Y CHANCES

1- Por la no alineación argentina con EE.UU., este país dejaría de comprarnos alimentos por un monto que rondaría los U$S 2.200 millones.

2- Advierten analistas del comercio agrícola que en la década del 70, EE.UU. hizo pagar con creces a la Argentina por romper un bloqueo contra Rusia.

3- Las exportaciones de materias primas podrían verse favorecidas por la guerra, pues la demanda de estos insumos podría incrementarse.

PUNTOS DE VISTA
Asociarse con EE.UU.

Por Jorge Avila
Profesor de Macroeconomía Aplicada (Universidad del Cema)


No creo que esta segunda globalización, que tomó impulso a partir de la terminación de la Segunda Guerra Mundial y alcanzó un pico en la década de los 90, se vea interrumpida por la invasión de Irak. Eso sería darle una identidad a este conflicto que quizás no tenga. Salvo que se prolongue en el tiempo mucho más de lo estimado.
Nadie, tal vez, esté en condiciones de decir que este conflicto supone un shock al mundo tan potente como el de la Primera Guerra, que interrumpió los flujos de comercio, de inversión; hirió a las democracias nacientes y revirtió el internacionalismo.
En el nuevo orden internacional que se pueda generar con esta serie de conflictos, la inserción del país depende en gran manera de la lucidez y del realismo de la dirigencia argentina.
De todas maneras, es una buena oportunidad para que el país se ubique como un claro y decidido aliado de EE.UU.
Una de las causas más importante de la declinación argentina, a partir de 1930, fue el profundo antinorteamericanismo de la sociedad y de sus dirigentes. No se supo reconocer que EE.UU. viene a ocupar el rol de Inglaterra durante el siglo XX, y la Argentina no se hizo socia preferencial, para poder crecer.
El nuevo presidente debería posicionar al país en los casos de Irak, de Colombia, de la Triple Frontera, y de una manera no ambigua. Primero, hacerse socio de EE.UU. en lo geopolítico, para después avanzar a un acuerdo comercial conveniente. (Exclusivo para LA GACETA)

Sigue la globalización
Por Sergio Berensztein
Doctor en Ciencias Políticas y profesor de la Universidad Di Tella


Esta guerra no implica el fin de la globalización. Todo lo contrario; sí conlleva un cambio en el régimen de globalización, y admitir que el poder de EE.UU. constituye un peso enorme en el sistema internacional, que no era reflejado por la arquitectura institucional existente. Es decir regida por las Naciones Unidas y por los regímenes que Occidente se dio asimismo.
Habrá renegociación de algunos acuerdos fundamentales que definieron la integración de los países, desde la segunda posguerra hasta el 11 de setiembre de 2001. En este escenario, la Argentina tiene un problema enorme debido a que está aislada de manera unilateral del mundo, porque no cumple con sus obligaciones financieras.
No es ignorada, todo lo contrario, porque los demás países dieron señales de querer que la Argentina se reincorpore de manera rápida al concierto mundial. Pero nuestro país se autoaisló.
La posición argentina es ahora tan débil que sólo puede tener un rol en el contexto regional, junto con otros países latinoamericanos, sobre todo Brasil y Chile (este, siendo un país chico tuvo un papel muy constructivo con un plan para evitar la guerra).
Es importante que Brasil pueda tener la posibilidad de ocupar un lugar permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU (con capacidad de veto) y que represente en algún sentido a los intereses de la región. Eso puede ocurrir en la nueva arquitectura mundial y la Argentina no puede quedar otra vez relegada. (Exclusivo para LA GACETA)

PUNTOS DE VISTA
Fijar el interés nacional

Por Andrés Cisneros
Ex vicecanciller 1996/99 -
Profesor universitario UTDT


A lo largo de toda su existencia la Argentina presenció cinco oportunidades en que el mundo se reorganizó profundamente: Primera y Segunda Guerras Mundiales, la Guerra Fría, la Post-Guerra Fría (1986-2001) y, ahora, el proceso desatado el 11 de setiembre de 2001.Cinco veces el mundo barajó y dio de nuevo. En cuatro de esas oportunidades, la Argentina se declaró neutral. La única excepción fue en la década del 90, durante la Guerra del Golfo.
En 1914, fundamentamos nuestra no participación en que se trataba de una guerra ajena, en una parte lejana del mundo, como si el destino del mundo no nos afectase. En 1938/45, no nos pareció que el interés nacional requería pronunciarse contra el fascismo y el nazismo.
Resultado: los ganadores de esas guerras reorganizaron el escenario internacional sin consultarnos ni tomarnos en cuenta. A diferencia de Brasil, que sí se comprometió.
A la Guerra Fría la pasamos enrolados en No Alineados. Fuimos el único país de toda América, que, junto con el castrismo, consideró apropiada esa militancia. El resultado fue el mismo: mayor aislamiento de ambos países, creciente irrelevancia de nuestras opiniones.
Ahora sucede lo mismo. No se trata de pronunciarse sobre si Saddam Hussein es un tirano espantoso o EE.UU. un imperio perverso. Se trata de plantarse ante los conflictos del mundo teniendo por lo menos en claro cuál es el interés nacional argentino. Lo demás es retórica. (Exclusivo para LA GACETA)

El pivote importante
Por Eduardo Curia
Ex viceministro de Economía
Ex profesor de Economía


No está muy claro aún el nuevo orden internacional que se pueda generar a partir del día después de la guerra. Si tiene cierto asidero la tarea de reconstrucción de Irak y se reorganizan también las Naciones Unidas, la Argentina podría tener un papel puntual, no necesariamente económico, sino en otros aspectos vinculados, por ejemplo, a la asistencia humanitaria.
En este caso puntual de Irak, las condiciones que generaron el conflicto hacen difícil manejar las especulaciones demasiado pragmáticas o especulativas que se podían haber manejado para reinsertar a la Argentina en el concierto internacional. En especial por el papel rezagado de la ONU.
De todas maneras, esa especulación pragmático-especulativa bien entendida se puede reasumir pensando en el día después.Si bien todo depende de la duración de la guerra y de las implicancias recesivas en la economía mundial, el nuevo Gobierno argentino, con un gran problema de arrastre, deberá girar en el pivote de la competitividad.
Con todos los inconvenientes conocidos, al menos la Argentina tiene la posibilidad de manejar mejor la política monetaria y cambiaria.Este será el quid de la nueva gestión. No hay ninguna forma de pensar en un mercado interno que no esté respaldado por la respuesta vinculada en el sector externo. Si la recesión internacional es moderada, tanto mejor, pero no se puede dejar de pensar que puede ocurrir algo peor. (Exclusivo para LA GACETA)

CONSECUENCIAS COMERCIALES

SE SIENTE EL EFECTO.- Las exportaciones argentinas a la zona del conflicto suman unos U$S 1.700 millones, entre unas 40 empresas que, en algunos casos, ya sufren una caída de sus ventas.

CAIDA IMPORTANTE.- El comercio con Arabia Saudita, Emiratos Arabes, Irak, Irán, Israel, Kuwait y Egipto bajó un 73% en enero y un 18,5 por ciento en febrero respecto de los mismos meses del año pasado.

MENOS GOLOSINAS.- Entre las empresas perjudicadas por el clima bélico figura Arcor (con una planta -Misky- en Tucumán)

UN 5% DEL TOTAL.- Las ventas de la Argentina hacia Oriente Medio sólo equivalen al 5% del total nacional por valor de U$S 25.352 millones registrado el año pasado.

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